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Una maravilla geológica perdida para siempre

La Cueva de los Cristales fue descubierta en julio de 1999 por los hermanos Delgado

GUADALARA, JALISCO (05/MAR/2017).- Quizás sea debido a algunas extrañas informaciones que aparecen en las redes sociales -erróneas y sin fundamento- es que últimamente me ha sido solicitada información acerca de la manera de visitar la incomparable “Cueva de los Cristales” en Naica, que tuvimos la dicha de contemplar, estudiar y filmar por el cortísimo periodo de quince años, y de la que en más de una ocasión hemos platicado en esta columna.

Es una pena hacerles saber que NO es posible visitarla; ya que la mina entera donde se encuentra la famosa cueva, está totalmente inundada, ante la imposibilidad de seguir -con grandes costos y esfuerzos- sacando el agua de los abundantes mantos freáticos (seis meses de trabajo y 290 millones de pesos se invirtieron en el intento) la Cia. Minera Peñoles, en enero del 2015 decidió terminar sus actividades en la mina para permitir a la naturaleza seguir su curso y dejar sumergidos nuevamente a los maravillosos cristales en su silencioso sueño, lento y creativo,

La otrora pujante y maravillosa mina de Naica, de donde tan exitosamente se extraía Oro (Au), Plomo (Pb), Plata (Ag), Zinc (Zn), Cobre (Cu) y que tan solo en el 2014 se llegaron a extraer nada menos que 20 mil toneladas de Plomo, 16 mil de Zinc, y casi 2 millones de onzas de Plata, se encuentra en las cercanías de Delicias, no muy lejos de la ciudad de Chihuahua.

Precisamente en ese lugar es donde a los 290 m de profundidad se encuentra -ahora sumergida- la espléndida cueva de los cristales más grandes del mundo; verdadera maravilla de la naturaleza que fue descubierta en julio de 1999 por los hermanos Delgado, cuando perforando un túnel de exploración a los 290 metros de profundidad, la barrena se fue en vilo por la pared de roca dejando abierto el hueco donde se encontró la enorme cueva de 200 metros de ancho, 300 de fondo, y unos impresionantes 100 de altura, en donde los impresionantes y enormes cristales incoloros y magníficos de 12 y 15 metros de longitud, se lanzaban en todas direcciones como si fuera una descomunal geoda.

Los formidables cristales de sulfato de calcio con dos moléculas de agua (CaSo4+2H2O) por su claridad y transparencia cristalina son los llamados “Selenita” en honor a Selene, la Luna.

La temperatura en el interior la cueva ascendía hasta casi los 50º Celsius; con una humedad del 99º, cosa que hacía imposible permanecer en ella por más de 10 minutos, puesto que el cuerpo humano, al no poder controlar su temperatura por medio del sudor, comienza a subir la temperatura hasta más de 41º, causando daños al corazón, pulmones y cerebro porque, al intentar ventilarse por medio de la respiración, el aire húmedo inhalado a casi 50º hace el efecto contrario “cocinando” por dentro al organismo; o sea que la cueva resultó ser una belleza aterradoramente mortal.

Desde hace más de 20 años, tuvieron que ser extraídos diariamente, con unas poderosas bombas que trabajan las 24, nada menos que 22 mil galones de agua por minuto; mismos que eran debidamente aprovechados para regar los campos de cultivo aledaños, recargando nuevamente los acuíferos.

Sabiendo que esta maravilla geológica aparecería ante nosotros tan solo por un brevísimo instante en su larguísima vida, y que llegaría un momento en que sería imposible seguir bombeando tales caudales de agua… gracias a un súper técnico equipo de espeleólogos y científicos que idearon trajes congelados, respiradores, equipos de refrigeración, cámaras adecuadas, iluminación sofisticada y toda la parafernalia para la ocasión, es que logramos tener las fotografías que aquí podemos admirar, y los hermosos documentales que son fácilmente visibles en el Google por ejemplo.

En enero del 2015, al ser ya imposible extraer esas enormes cantidades de agua, se tomó la triste decisión de cerrar la mina, perdiéndose así (para nosotros) los cristales más grandes del mundo, maravilla geológica que nuevamente seguirá durmiendo por muchos millones de años más, en su lento, silencioso y reposado sueño,

Seguramente aumentarán su belleza y tamaño lentamente, sin poder volver a ser vistos por humano alguno… excepto nuevas tecnologías hagan redituable su “nuevo” descubrimiento.

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