Una Catedral efímera
El francés Olivier Grossetête inicia hoy la construcción en cartón de las dos torres de la Catedral Metropolitana
GUADALAJARA, JALISCO (16/OCT/2016).- Guadalajara, desde su cuarta fundación, erigió en el centro mismo de su cuadrícula sus espacios de poder. Edificaciones que resguardan a los hombres que toman las decisiones que impactan a millones de hombres y mujeres que viven alrededor de ese centro. Espacios icónicos, paredes que ocultan, que no muestran y que sin embargo son el referente obligado cuando se habla de la ciudad. Palacio de Gobierno, Palacio Legislativo, el Supremo Tribunal de Justicia y la Catedral son los edificios donde se ejerce el poder de espaldas a los ciudadanos y la democracia se olvida por muchos momentos.
La centenaria Catedral es acaso el símbolo de mayor influjo y poder en toda la metrópoli, sus torres representan a Jalisco en todo el mundo y este domingo volverán a ser edificadas, bloque a bloque, por los ciudadanos que se interesen en hacerlo, todo como parte del Festival Cultural Sucede Guadalajara. Sólo que esta vez será efímera y de cartón gracias al francés Olivier Grossetête. El ejercicio, en apariencia sencillo, comenzará hoy a las 9:30 de la mañana, cuando los voluntarios o quienes decidan incluirse, formen una valla humana para trasladar los bloques de cartón a la Plaza de la Liberación. Una vez ahí, comenzarán a edificar, arriba hacia la base, las dos torres, que pesarán casi dos toneladas.
“Espero que la gente acoja bien esta construcción, pero parte de eso, de que la arquitectura en general te hace creer que con un edificio que a la vista hacia afuera es bello, que es imponente, tú crees que hacia adentro debe haber algo muy importante, por eso la propuesta de hacer edificaciones monumentales en cartón, porque con eso se muestra que el poder no es más que una fachada, no hay nada adentro”, es lo primero que comenta Olivier mientras camina hacia el centro de la ciudad.
El artista francés ha recreado, siempre con la participación de la gente, edificios alrededor del mundo. Todo con la intención de mostrar que el poder pertenece a los hombres y mujeres de a pie, los que no habitan esos espacios. “Siempre hay dos lecturas posibles para la gente, pienso que estas construcciones son un juego, al final para la gente, al participar, esto es un juego; entonces tú tienes dos posibilidades de lectura: leerla como una crítica al poder o simplemente disfrutarla”, y hace hincapié en lo efímero de la construcción: “Es efímero, pero es una invitación a saber que juntos podemos construir todo esto, y ya después depende de las personas si lo toman más allá, porque si podemos construir hasta dónde queremos llegar con estas acciones”.
El proceso previo
Lionel Puddu, quien coordinó el taller de elaboración de armado de cartones y pieza fundamental en el equipo de Olivier Grossetête, platica que esperan personas “desde los cuatro años hasta los 80 años; pueden hacer desde una caja o estar durante todo el proceso. Hoy empezamos desde la mañana, serán más o menos siete horas de construcción. Empezamos desde arriba y no usamos ninguna máquina: es cartón, cinta y gente. Esperamos que llegue mucha gente porque el trabajo es de ellos”.
Son casi dos mil cartones y 600 piezas que fueron armadas en el edificio del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara. Aquí legaron los voluntarios para trabajar con cuchillos, cinta y cartón, todo bajo las direcciones de Puddu y Estela Quintero. Ellos dieron forma al papel, lo moldearon y lo dejaron listo para que deje de ser una simple caja y se transforme en una recreación.
Una vez concluidas las dos torres estás quedarán expuestas durante dos días, y el martes serán derribadas, como metáfora de lo efímero del poder y sus representaciones. El mismo Puddu comenta sobre ello: “Las vamos a tirar, le vamos a pedir a la gente que lo haga el martes; con cuerdas de seguridad vamos a tirar para que se caigan, luego podremos brincar sobre el cartón y jugar. Esto es un proyecto por y para la gente. El papel es efímero, porque puede llover, o que haga viento, pero lo que le interesa a Olivier es mostrarle a la gente que juntos podemos hacer cosas grandiosas, ese es el mensaje, que la gente que construye iglesias, catedrales, castillos y palacios son la gente del poder, pero a Olivier le gusta decir que si nos juntamos nosotros también podemos hacerlo”.
Mientras se detiene a mirar la Plaza de la Liberación, Olivier Grossetête, reflexiona un poco, mira la explanada y voltea hacia el edificio que cumple 300 años como Catedral Metropolitana. Menciona que sí, que es un mensaje político el derribar el trabajo construido en comunidad, pero que antes que nada se trata de compartir, de hacer algo juntos. “Cada una de las torres de cartón va a pesar más de una tonelada, entonces la única manera de levantarlas es hacerlo juntos. Se trata del placer de construir juntos y también hacer una cosa que los dejé impresionados. Claro que se trata de hacer algo que impresione para que la gente se apropie de ella, porque es su construcción”.
El martes, una vez derribada la instalación, quedarán atrás los ocho meses de planeación y trabajo. Quedará sólo el silencio y el rumor de que la sociedad pudo edificar su propia catedral.
EL INFORMADOR / GERARDO ESPARZA