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Un viaje al pasado
Carlos y Alejandro atesoran una colección de objetos del ayer que encantan a individuos de otras generaciones
GUADALAJARA, JALISCO (29/MAR/2015).- El pasado es un país extranjero, decía el escritor L. P. Hartley. Un pasaporte para viajar hasta otra época y vivir la experiencia que tuvieron nuestros antepasados es entrar en contacto directo con los objetos que han sobrevivido al paso del tiempo.
Aunque para algunas personas las antigüedades son basura, para muchos entusiastas de la nostalgia son algo que guarda dentro de sí un gran valor. En parte por la curiosidad, los coleccionistas de estos objetos los consideran una reliquia.
Los jóvenes Carlos Morales y Alejandro Santana llevan ya varios años con el proyecto Vintage Things, una página en Facebook en la que ofertan objetos del pasado. En ella colocan los artículos por varias razones: o ya no caben en sus colecciones personales, necesitan el dinero o ya tienen el objeto repetido.
Su modelo de negocios les ha ayudado a avanzar en sus estudios y solventar los gastos de la escuela, sobre todo con el alto precio de algunos libros. Carlos estudia administración y Alejandro recién egreso de la licenciatura en mercadotecnia de la UdeG.
Su unión para buscar, coleccionar y vender objetos antiguos surgió cuando se conocieron y se dieron cuenta de que ambos aún guardaban los viejos tazos que salían en las papas: “Todo lo que salía en las bolsitas, de toda la vida”, comenta Alejandro al abrir una caja con dichos objetos.
Por su formación como mercadólogo, sabe que uno de los motivos por los que llama la atención el pasado es porque despierta la nostalgia: “Vivimos de recuerdos, la gente se siente identificada con los artículos, los quiere volver a tener”.
El origen de su colección
Por su edad es imposible que hayan sido usuarios contemporáneos de muchos de los aparatos que tienen. Estos los consiguen en tianguis, mercados, bazares y hasta donaciones: “Le madrugamos, es raro encontrar este tipo de cosas. Aunque a veces se encuentran en la calle”. Hay objetos que la gente considera basura, sin pensar que son cosas de valor: “A veces son reliquias”. De la calle han recogido televisiones antiguas, vieja publicidad de cigarros y teléfonos de disco.
También en los tianguis han encontrado objetos preciados a precios muy bajos: “La gente no quiere llevarse las cosas de regreso a su casa”. Claro, hay tianguis especializados en los que estas antigüedades no son nada baratas. Por ejemplo, el conocido tianguis dominguero que se monta en Avenida México, entre Chapultepec y Américas: el Trocadero: “Ahí tienen cosas muy padres, pero muy caras”.
Por eso dicho tianguis no les sirve para abastecerse de material “nuevo”, pero les ayuda para saber cómo van los precios de algunos productos.
Para ofrecer un precio competitivo, el que anuncian en su página de Facebook es resultado de un sondeo en el mercado (el tianguis, tiendas, Mercado Libre, eBay, etcétera). Igualmente, son sinceros al anunciar las cosas y señalar en qué estado se encuentra su funcionamiento: “Si no funciona, por más bonito que esté la gente no lo quiere”.
Aunque sí hay ciertos casos en los que la gente compra objetos aunque no sirvan, como son las cámaras Polaroid: “Son muy populares, aunque los cartuchos actualmente son caros”. En su haber también han tenido cámaras réflex y otros modelos de cámaras instantáneas. En su periplo por la vieja tecnología se han hallado cámaras de video y proyectores. Precisamente, un proyector de 8 mm que encontraron venía acompañado de carretes con películas no aptas para menores de edad. Otro de los cartuchos tiene la fecha de producción de 1949: en su interior guarda un partido del Atlas.
Además de las Polaroid hay otros artículos populares entre sus compradores: se trata de los robots de juguete. Actualmente cuentan con media docena de ellos, todos de un tamaño aproximado de 30 centímetros. Por suerte se encuentran en funcionamiento: uno de ellos camina y proyecta imágenes espaciales en su estómago.
Algunos objetos
Es común encontrarse con juguetes y videojuegos de marcas que están en el mercado desde hace decenios, y de sellos que han desaparecido ya: Fisher Price, Ensueño, Matel, Digital Daredevil, etcétera.
No sólo tienen las clásicas consolas de Atari con su respectiva pila de cartuchos para reproducir diferentes juegos, también cuentan con ejemplares menos comunes, como juegos portátiles estilo Gameboy, pero más antiguos. En su colección hay aparatos para jugar béisbol, a las carreras, o incluso un par de juegos electrónicos de memoria Simon.
Un detalle que gusta mucho a todo coleccionista es que los objetos mantengan su empaque original. No es que nunca hayan sido abiertos, sino que los usuarios a través del tiempo hayan mantenido las cajas con las que se comercializaron. Un ejemplo de ello en la colección de Vintage Things es “El Hombre Visible”, un juguete didáctico destinado para conocer a fondo la anatomía humana.
Otro juguete educativo es “Speak and Spell”, fabricado por la compañía estadounidense Texas Instrument. El aparato está en perfecto estado y estaba destinado a los niños anglosajones: su misión era enseñarles vocabulario.
En el mercado de las antigüedades, otro amplio capítulo son los instrumentos musicales o los aparatos reproductores de música. En la actualidad, los tocadiscos y los elepé gozan de gran aceptación, por lo que se venden a buen precio.
Alejandro posee dos tocadiscos: uno de mayor tamaño y otro más pequeño y portátil. En sus recorridos buscando material también encontró un radio que cabe en la palma de la mano, pero que rememora en su imagen y diseño a los clásicos tocadiscos.
La selección musical incluye una casetera y grabadora infantil, sumado a un par de reproductores de los efímeros cartuchos de ocho tracks. Para hacer música hay tres melodiones y dos teclados.
También la mercadotecnia tiene cabida en esta colección, y no hay duda de que a través del tiempo, la marca refresquera Coca Cola lanzó interesantes —preciados y codiciados— objetos de colección. Entre los artículos promocionales de la soda que Vintage Things tiene están botellas conmemorativas, loncheras con el estilo antiguo y reproducciones en miniatura de camiones repartidores.
Además están los carteles, algunos que son verdaderas obras de arte. Por eso no extraña que la publicidad sea otro nicho para los que agradan de salvaguardar el pasado. En el caso de Alejandro, uno de los anuncios de mayor tamaño que atesora es una cerveza gigante y los típicos letreros de neón.
Aunque para algunas personas las antigüedades son basura, para muchos entusiastas de la nostalgia son algo que guarda dentro de sí un gran valor. En parte por la curiosidad, los coleccionistas de estos objetos los consideran una reliquia.
Los jóvenes Carlos Morales y Alejandro Santana llevan ya varios años con el proyecto Vintage Things, una página en Facebook en la que ofertan objetos del pasado. En ella colocan los artículos por varias razones: o ya no caben en sus colecciones personales, necesitan el dinero o ya tienen el objeto repetido.
Su modelo de negocios les ha ayudado a avanzar en sus estudios y solventar los gastos de la escuela, sobre todo con el alto precio de algunos libros. Carlos estudia administración y Alejandro recién egreso de la licenciatura en mercadotecnia de la UdeG.
Su unión para buscar, coleccionar y vender objetos antiguos surgió cuando se conocieron y se dieron cuenta de que ambos aún guardaban los viejos tazos que salían en las papas: “Todo lo que salía en las bolsitas, de toda la vida”, comenta Alejandro al abrir una caja con dichos objetos.
Por su formación como mercadólogo, sabe que uno de los motivos por los que llama la atención el pasado es porque despierta la nostalgia: “Vivimos de recuerdos, la gente se siente identificada con los artículos, los quiere volver a tener”.
El origen de su colección
Por su edad es imposible que hayan sido usuarios contemporáneos de muchos de los aparatos que tienen. Estos los consiguen en tianguis, mercados, bazares y hasta donaciones: “Le madrugamos, es raro encontrar este tipo de cosas. Aunque a veces se encuentran en la calle”. Hay objetos que la gente considera basura, sin pensar que son cosas de valor: “A veces son reliquias”. De la calle han recogido televisiones antiguas, vieja publicidad de cigarros y teléfonos de disco.
También en los tianguis han encontrado objetos preciados a precios muy bajos: “La gente no quiere llevarse las cosas de regreso a su casa”. Claro, hay tianguis especializados en los que estas antigüedades no son nada baratas. Por ejemplo, el conocido tianguis dominguero que se monta en Avenida México, entre Chapultepec y Américas: el Trocadero: “Ahí tienen cosas muy padres, pero muy caras”.
Por eso dicho tianguis no les sirve para abastecerse de material “nuevo”, pero les ayuda para saber cómo van los precios de algunos productos.
Para ofrecer un precio competitivo, el que anuncian en su página de Facebook es resultado de un sondeo en el mercado (el tianguis, tiendas, Mercado Libre, eBay, etcétera). Igualmente, son sinceros al anunciar las cosas y señalar en qué estado se encuentra su funcionamiento: “Si no funciona, por más bonito que esté la gente no lo quiere”.
Aunque sí hay ciertos casos en los que la gente compra objetos aunque no sirvan, como son las cámaras Polaroid: “Son muy populares, aunque los cartuchos actualmente son caros”. En su haber también han tenido cámaras réflex y otros modelos de cámaras instantáneas. En su periplo por la vieja tecnología se han hallado cámaras de video y proyectores. Precisamente, un proyector de 8 mm que encontraron venía acompañado de carretes con películas no aptas para menores de edad. Otro de los cartuchos tiene la fecha de producción de 1949: en su interior guarda un partido del Atlas.
Además de las Polaroid hay otros artículos populares entre sus compradores: se trata de los robots de juguete. Actualmente cuentan con media docena de ellos, todos de un tamaño aproximado de 30 centímetros. Por suerte se encuentran en funcionamiento: uno de ellos camina y proyecta imágenes espaciales en su estómago.
Algunos objetos
Es común encontrarse con juguetes y videojuegos de marcas que están en el mercado desde hace decenios, y de sellos que han desaparecido ya: Fisher Price, Ensueño, Matel, Digital Daredevil, etcétera.
No sólo tienen las clásicas consolas de Atari con su respectiva pila de cartuchos para reproducir diferentes juegos, también cuentan con ejemplares menos comunes, como juegos portátiles estilo Gameboy, pero más antiguos. En su colección hay aparatos para jugar béisbol, a las carreras, o incluso un par de juegos electrónicos de memoria Simon.
Un detalle que gusta mucho a todo coleccionista es que los objetos mantengan su empaque original. No es que nunca hayan sido abiertos, sino que los usuarios a través del tiempo hayan mantenido las cajas con las que se comercializaron. Un ejemplo de ello en la colección de Vintage Things es “El Hombre Visible”, un juguete didáctico destinado para conocer a fondo la anatomía humana.
Otro juguete educativo es “Speak and Spell”, fabricado por la compañía estadounidense Texas Instrument. El aparato está en perfecto estado y estaba destinado a los niños anglosajones: su misión era enseñarles vocabulario.
En el mercado de las antigüedades, otro amplio capítulo son los instrumentos musicales o los aparatos reproductores de música. En la actualidad, los tocadiscos y los elepé gozan de gran aceptación, por lo que se venden a buen precio.
Alejandro posee dos tocadiscos: uno de mayor tamaño y otro más pequeño y portátil. En sus recorridos buscando material también encontró un radio que cabe en la palma de la mano, pero que rememora en su imagen y diseño a los clásicos tocadiscos.
La selección musical incluye una casetera y grabadora infantil, sumado a un par de reproductores de los efímeros cartuchos de ocho tracks. Para hacer música hay tres melodiones y dos teclados.
También la mercadotecnia tiene cabida en esta colección, y no hay duda de que a través del tiempo, la marca refresquera Coca Cola lanzó interesantes —preciados y codiciados— objetos de colección. Entre los artículos promocionales de la soda que Vintage Things tiene están botellas conmemorativas, loncheras con el estilo antiguo y reproducciones en miniatura de camiones repartidores.
Además están los carteles, algunos que son verdaderas obras de arte. Por eso no extraña que la publicidad sea otro nicho para los que agradan de salvaguardar el pasado. En el caso de Alejandro, uno de los anuncios de mayor tamaño que atesora es una cerveza gigante y los típicos letreros de neón.