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Un solo guía y maestro

Todos podemos darnos cuenta cómo, tal y como fue anunciado en múltiples ocasiones y por diversos actores

Jesús, antes de enfrentar su pasión y muerte, advertía a sus discípulos: “Porque se presentarán falsos mesías y falsos profetas, que harán cosas  maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos de Dios. Miren que yo se los he advertido de antemano” (Mt 24, 24-25)

San Pablo, por su parte, advertía a su amado discípulo Timoteo, y con Él a todos los discípulos de Jesús. “El Espíritu nos dice claranente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe, para seguir espíritus seductores y doctrinas diabólicas” (2 Tim 3, 1)

“Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más lasaa doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad de la verdad para escuchar cosas fantasiosas” (id. 4, 3-4)

Y también lo hacía de esta manera: “Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al regaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras de sí” (He 20,2 9-30)

Pues bien, todos podemos darnos cuenta cómo, tal y como fue anunciado en múltiples ocasiones y por diversos actores --desde Jesús mismo, san Pablo y otros discípulos de Jesús y que está consignado en la Sagrada Escritura, Palabra de Dios--, hoy por hoy es una realidad.

Realidad que se descubre sin mucha dificultad o necesidad de buscar, y mucho menos investigar, ya que pululan en nuestro medio las ofertas de infinidad de doctrinas, filosofías, corrientes de pensamiento y culturas, tales como el esoterismo, la New Age y otras tantas que están impregnadas de un sincretismo conformado por relativismo, subjetivismo, individualismo, etc., que --se quiera reconocer o no-- se han venido infiltrando en nuestra cultura, costumbres y ambiente social y, sobre todo, en la fe, creencias y religiosidad de nuestro pueblo, preponderantemente católico.

Antes de continuar, quiero recalcar que quien esto escribe, dado su carácter, su fe y su pertenencia a la Iglesia Católica, al hacerlo con estas letras lo hace dirigiéndose a sus hermanos católicos, cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad, que buscan con sinceridad la verdad, a efecto de compartir con ellos(as) su propia reflexión, la cual parte de la lectura y meditación de la Divina Palabra --particularmente la que se proclama en la Eucaristía dominical--, la lectura y el estudio de los documentos del Magisterio de la misma Iglesia y su propia reflexión personal --inspirada en el pobre pero honesto conocimiento que a través de los años ha adquirido--, y nunca con el afán de atacar, criticar y mucho menos ofender a nadie que no criticar y menos ofender a nadie que no esté de acuerdo con lo que comparte.

Dicho esto, quiero traer aquí dos frases dichas por Jesús --que nos recuerda precisamente el Evangelio de este domingo--, que nos ayudarán a aclarar cuál es nuestra responsabilidad como bautizados, ante todas estas manifestaciones contrarias a la doctrina de Cristo y de su Iglesia que, como decimos anteriormente, se han venido infiltrando “hasta la cocina” de muchas familias tradicionalmente católicas, causando verdaderas divisiones, separaciones, pleitos, etc.

“Ustedes no tienen más que un Maestro, y todos ustedes son hermanos... Ustedes no tienen más Guía que Cristo”.

Como vemos, estas palabras del Señor no podrían ser más claras y contundentes. Sin embargo, con tristeza e inquietud lo decimos: ¡Cuántos que dicen ser cristianos, pero que creen en Cristo a su estilo, e intepretan las Escrituras a la luz de sus propios criterios o formas de pensar y no a la luz del Magisterio eclesial, son ahora víctimas de la influencia de este fenómeno, precisamente porque le han otorgado los títulos de maestros y guías a hombres y mujeres que practican unas creencias muy alejadas de la verdad de Cristo; y no sólo eso, sino que los han constituido como tales en su vida personal, familiar, social, laboral y hasta religiosa!

No queremos mencionar a ninguna de estas creencias, falsas doctrinas y falsos profetas, ya que, por lo demás, hay muchas que funcionan descaradamente, con grandes campañas publicitarias y programas en los medios electrónicos de comunicación. En cuanto a las otras que no se descubren ante sus adeptos, ciertamente tienen mayor responsabilidad ante Dios, ya que en muchos casos son engañosas y manipuladoras.

Lo importante es estar alertas, como Jesús nos lo advierte, y cuestionarnos si nosotros no hemos caído en las redes de ellos, de tal forma que ya no sólo los consideramos muestros “maestros de vida”, nuestros “guías espirituales”, nuestros directores, etc., sino que los obedecemos irrestrictamente, cosa que podemos descubrir cuestionándonos también si realmente conocemos a Jesucristo y Él está al centro y dirige nuestra vida, y le creemos a Él en todo y hacemos en todo sólo su voluntad.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

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