Suplementos
Un oficio de mucho filo
Actualmente son pocas las peluquerías en Guadalajara que aún conservan la esencia de este peculiar trabajo
GUADALAJARA, JALISCO (09/ABR/2011).- Una sala equipada sólo con un par de sillones son típicos de una peluquería tradicional. Por fuera, en su fachada, se nota a simple vista el tipo de negocio que es, por las tres franjas de color rojo, blanco y azul –características de una barbería para caballeros– que visten un fragmento de la pared.
Parece que este sitio es la guarida de los varones; un trabajo hecho por hombres y para los hombres... y no hay más. Las mujeres son prácticamente inadmisibles en este lugar, y no por machismo, simplemente la historia lo ha marcado así desde hace décadas. Las tijeras, la navaja, la lona y cuero para afiliar, así como la brocha con espuma para rasurar, son los utensilios necesarios para un buen corte de cabello y una afeitada.
Don Rodolfo Silva Aguilar, mejor conocido por sus clientes como don Rodo, se inició como peluquero a la corta edad de 12 años en su natal Zacatecas, para posteriormente emigrar a nuestra ciudad para ejercer de lleno su trabajo en la Colonia Independencia, donde ha permanecido durante todo este tiempo. Recuerda con nostalgia cómo en aquel tiempo el oficio tenía otro matiz.
“Hoy en día el oficio de la peluquería se está acabando. Cada vez somos menos los que nos dedicamos a esto, me atrevo a decir que ya sólo 10% seguimos activos”, señala don Rodolfo. Las causas, afirma, son diversas, entre ellas la moda y el Seguro Social, que asevera, “quería meter a todo mundo a a su institución”. Asimismo, comenta que en la década de los setenta, cuando la banda inglesa The Beatles estaba en su apogeo, comenzó a inculcar la moda del cabello largo, entonces la ausencia de jóvenes en las salas de peluquería aumentó.
La peluquería –como oficio– es tan antigua, que, refiere don Rodolfo, “se realizaba al aire libre, en el campo bajo la sombra de un mezquite; ahí se ponía una silla y no había más instrumento que una navaja y las tijeras, de hecho, se decía que lo primero que debía aprender un peluquero era a afilar las tijeras, de otra manera no podría ser tal, así empecé yo”. Desde entonces las peluquerías adquirieron ese tono varonil que hasta la fecha conservan. Su tradicional ambiente es parte inamovible del concepto, y “don Rodo” lo mantiene así; cuadros de Pancho Villa, beisbol, futbol y, claro, de caballos, que son su pasión. Todo un contexto para hombres, pues son sus únicos y fieles clientes.
La moda, una distorsión de lo tradicional
Con el paso del tiempo el concepto de la peluquería tomó un rumbo distinto. La influencia de los personajes de televisión, los cortes extravagantes, entre otros factores, dieron pie al nacimiento que las estéticas “unisex”, lo que antes eran los salones de belleza, exclusivos para las féminas. Así, poco a poco se creó una cultura distinta; ahora los hombres acuden más a las estéticas que a las peluquerías. Ante esto, Rodolfo señala: “En nuestros días han surgido innumerables estéticas, que ya no forman parte de nuestro concepto. Nosotros somos peluqueros ‘a secas’, y aquí realizamos cortes tradicionales de caballero; casquetes, Flytap, rebajados normales, pero nada de cortes extraños como los de hoy”.
Corte artesanal
La principal diferencia, misma que hace único a este trabajo, es el uso de las navajas de rasurar especialmente diseñadas para los peluqueros. La utilización de esta herramienta es delicada, pues de su buen uso depende un mejor trabajo para el cliente. “Las navajas ya nadie las utiliza, sólo quienes conservamos la esencia de una verdadera peluquería. Ahora ya se han sustituido por navajas desechables, incluso su venta ya es escasa, es difícil encontrarlas en el mercado, pues debido a la extinción de las peluquerías el negocio se ha ido acabando”, afirma don Rodo. Y es que no sólo se trata de afeitar y delinear los cortes de cabello con esta herramienta, su uso va más allá. Dentro de los elementos que conforman una peluquería se pueden apreciar un par de tiras colgadas a un costado de los sillones de cortar el cabello. Éstas fungen como afiladores y asentadores –de lona y cuero, respectivamente– y sacar filo a una navaja con este antiguo pero efectivo método, es un trabajo artesanal.
Con el sonido de abrir y cerrar de las tijeras, la sensación de la espuma de la brocha, una afeitada única con la navaja y el aroma del alcohol que se aplica para evitar infecciones, así se vive una experiencia con un peluquero, aquel que sólo “pela” hombres.
Para saber
Anteriormente, acudir a una peluquería implicaba desde el aseo de calzado, hasta un corte de cabello. De ahí, los entonces niños que boleaban al cliente mientras se le realizaba su corte, aprendían poco a poco el oficio.
Peluquería “Don Rodo”
Sierra Madre 553, Colonia Independencia
Abierta de 9:00 a 22:00 horas.
Parece que este sitio es la guarida de los varones; un trabajo hecho por hombres y para los hombres... y no hay más. Las mujeres son prácticamente inadmisibles en este lugar, y no por machismo, simplemente la historia lo ha marcado así desde hace décadas. Las tijeras, la navaja, la lona y cuero para afiliar, así como la brocha con espuma para rasurar, son los utensilios necesarios para un buen corte de cabello y una afeitada.
Don Rodolfo Silva Aguilar, mejor conocido por sus clientes como don Rodo, se inició como peluquero a la corta edad de 12 años en su natal Zacatecas, para posteriormente emigrar a nuestra ciudad para ejercer de lleno su trabajo en la Colonia Independencia, donde ha permanecido durante todo este tiempo. Recuerda con nostalgia cómo en aquel tiempo el oficio tenía otro matiz.
“Hoy en día el oficio de la peluquería se está acabando. Cada vez somos menos los que nos dedicamos a esto, me atrevo a decir que ya sólo 10% seguimos activos”, señala don Rodolfo. Las causas, afirma, son diversas, entre ellas la moda y el Seguro Social, que asevera, “quería meter a todo mundo a a su institución”. Asimismo, comenta que en la década de los setenta, cuando la banda inglesa The Beatles estaba en su apogeo, comenzó a inculcar la moda del cabello largo, entonces la ausencia de jóvenes en las salas de peluquería aumentó.
La peluquería –como oficio– es tan antigua, que, refiere don Rodolfo, “se realizaba al aire libre, en el campo bajo la sombra de un mezquite; ahí se ponía una silla y no había más instrumento que una navaja y las tijeras, de hecho, se decía que lo primero que debía aprender un peluquero era a afilar las tijeras, de otra manera no podría ser tal, así empecé yo”. Desde entonces las peluquerías adquirieron ese tono varonil que hasta la fecha conservan. Su tradicional ambiente es parte inamovible del concepto, y “don Rodo” lo mantiene así; cuadros de Pancho Villa, beisbol, futbol y, claro, de caballos, que son su pasión. Todo un contexto para hombres, pues son sus únicos y fieles clientes.
La moda, una distorsión de lo tradicional
Con el paso del tiempo el concepto de la peluquería tomó un rumbo distinto. La influencia de los personajes de televisión, los cortes extravagantes, entre otros factores, dieron pie al nacimiento que las estéticas “unisex”, lo que antes eran los salones de belleza, exclusivos para las féminas. Así, poco a poco se creó una cultura distinta; ahora los hombres acuden más a las estéticas que a las peluquerías. Ante esto, Rodolfo señala: “En nuestros días han surgido innumerables estéticas, que ya no forman parte de nuestro concepto. Nosotros somos peluqueros ‘a secas’, y aquí realizamos cortes tradicionales de caballero; casquetes, Flytap, rebajados normales, pero nada de cortes extraños como los de hoy”.
Corte artesanal
La principal diferencia, misma que hace único a este trabajo, es el uso de las navajas de rasurar especialmente diseñadas para los peluqueros. La utilización de esta herramienta es delicada, pues de su buen uso depende un mejor trabajo para el cliente. “Las navajas ya nadie las utiliza, sólo quienes conservamos la esencia de una verdadera peluquería. Ahora ya se han sustituido por navajas desechables, incluso su venta ya es escasa, es difícil encontrarlas en el mercado, pues debido a la extinción de las peluquerías el negocio se ha ido acabando”, afirma don Rodo. Y es que no sólo se trata de afeitar y delinear los cortes de cabello con esta herramienta, su uso va más allá. Dentro de los elementos que conforman una peluquería se pueden apreciar un par de tiras colgadas a un costado de los sillones de cortar el cabello. Éstas fungen como afiladores y asentadores –de lona y cuero, respectivamente– y sacar filo a una navaja con este antiguo pero efectivo método, es un trabajo artesanal.
Con el sonido de abrir y cerrar de las tijeras, la sensación de la espuma de la brocha, una afeitada única con la navaja y el aroma del alcohol que se aplica para evitar infecciones, así se vive una experiencia con un peluquero, aquel que sólo “pela” hombres.
Para saber
Anteriormente, acudir a una peluquería implicaba desde el aseo de calzado, hasta un corte de cabello. De ahí, los entonces niños que boleaban al cliente mientras se le realizaba su corte, aprendían poco a poco el oficio.
Peluquería “Don Rodo”
Sierra Madre 553, Colonia Independencia
Abierta de 9:00 a 22:00 horas.