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Un milhojas literario

Su libro, 'El libro de los viajes equivocados' fue reeditado por editorial Páginas de Espuma

GUADALAJARA, JALISCO (05/MAR/2017).- La escritora argentina Clara Obligado, radicada en España desde 1976 y fundadora del Taller de Escritura Creativa en 1978, visitó Guadalajara y charlamos con ella sobre “El libro de los viajes equivocados”, reeditado por editorial Páginas de Espuma.

-Para muchos lectores mexicanos este libro será el primer acercamiento a su obra.

-Yo tengo una carrera al revés. En general los escritores pretenden empezar en pequeñas editoriales para terminar en las grandes. Yo al contrario: he hecho una carrera no hacia el mercado sino hacia la literatura. No me importa si un libro no funciona de entrada. Este libro ha necesitado tiempo, ha ido encontrando sus lectores poco a poco y está teniendo más éxito que libros posteriores. Pero eso me lo permite una editorial como Páginas de Espuma, que no quema sus libros.

-¿Estos cuentos fueron ideados en conjunto?

-Estaba buscando una forma. Yo intento construir una obra, no construir un libro. Cada libro que escribo tiene que ver con lo que entiendo como un progreso dentro de lo que estoy haciendo. Antes escribí un libro con cuentos independientes, pero el último unía distintas historias dentro de sí mismo. Y me di cuenta de que el silencio contaba más que las palabras. En los momentos que dejaba un espacio pasaban más cosas que en el texto. Entonces puse una lupa y amplié este sistema con una parte que se cuenta y otra elíptica. Después decidí estructurar como si fuera pintura. El eje de este libro es la divina proporción: empieza en un punto que es el ombligo de la chica al principio y se va abriendo de manera cósmica.

-En este libro hay personajes arcaicos transformados luego en contemporáneos.

-Yo soy ecologista y creo que en mi literatura se nota. Intento que el presente esté enraizado en el cosmos. Me pienso a mí misma como un animal que ha ido desarrollándose y pienso a la gente igual. Los instintos, los primarios, el destino del universo son temas que me preocupan. Quería que este libro, que empieza hace 200 millones de años, tuviera un aire grandioso pero muy minimalista, por eso el título.

-También algunos personajes se desvanecen y luego reaparecen en otro relato.

-La vida es así. Uno ve a una persona desde un lado y ve una cosa. Después tienes otro ángulo y ves otra cosa. Eso me hace escribir superponiendo planos, una escritura como una milhojas en la que la realidad tiene lecturas simultáneas.

-¿Se siente afín a la tradición borgeana con la que se le identifica?

-Este libro tiene un germen en un cuento de Borges. Comparto su preocupación por un problema que aparece en “Emma Zunz”: ¿se puede perdonar?, y ¿hasta dónde se puede llevar la venganza? Harold Bloom hablaba de la angustia de las influencias. Yo soy del placer de las influencias. Me gusta emular a un autor, reconocer la marca que me dejó.

-Sus cuentos tienen un marcado lenguaje visual

-Mi lema es: muestra, no digas; muestra, no expliques. Me gusta que el lector cree en su cabeza lo que yo pensé que tenía que crear. Y lo visual suelo crearlo quitando los ojos, pintarlo a través del tacto, del olfato, a través de otros sentimientos.

-Su escritura es muy didáctica y minuciosa.

-Me gusta considerar al lector mi camarada. Si bien le hago trampas todo el tiempo, porque eso es escribir, me gusta que descubra conmigo las trampas, que no son casualidades, sino causalidades del texto. Y que si camina conmigo va a encontrar lo que hice y podría repetirlo.

-¿Cuál es el mayor reto de enseñar a escribir a otros?

-Es una tarea compleja y apasionante porque tiene algo de proximidad y lejanía al mismo tiempo, de mucho cariño pero de distancia, porque sin distancia no se puede trabajar. Es acompañar a una persona en el proceso que quiere. Un acercamiento para meterme en la cabeza de otro sin dejar de ser yo misma y no llevarme nada a casa, en lo posible. Es entender lo que el otro piensa y darle los elementos literarios para que pueda desarrollar ese pensamiento.

-Se le considera pionera del microrrelato en España.

-No soy escritora pero sí muy lectora de microrrelatos y en España era un género poco desarrollado. Yo los usaba para enseñar y le propuse a Juan Casamayor armar la antología Por favor, sea breve. Buscaba poner en contacto América Latina con España. Me interesaba el idioma como puente y este libro consiguió eso: establecer un puente e incluir a las mujeres. Ahora sí escribo microficción, pero como parte de estos engranajes narrativos que armo.

-¿Cómo confecciona esos engranajes narrativos?

-Me interesa un libro que contenga experimentos sobre el cuento, distintas formas y extensiones, nunca un libro que sea unitario. Me encantan estos cuentos de cincuenta páginas de Alice Munro, muy difíciles de desarrollar. Y al mismo tiempo me fascina la brevedad, la contención. Es un buen ejercicio para el lector, quitarlo de la zona de confort permanentemente.

-¿Mantiene interacción con los lectores de su obra?

-Muchísima. Para empezar, tengo un marido que es mi primer lector y al que maltrato, porque él me dice lo que piensa y yo me enojo muchísimo. Luego tengo alumnos a los que cuando termino un libro suelo pedir comentarios. A veces hago caso y a veces no, pero los oigo muy seriamente.

-¿Qué papel ha jugado la memoria para usted como emigrante argentina en España?

-Tuve suerte porque salí de un país que caía en la dictadura para llegar a otro que iba saliendo. Y en el caso de España, como no me dio nada, me ayudó a crecer. No tuve un estatuto de refugiada ni apoyos. No quería pertenecer a un grupo de exilio, quería hacer una vida. No quería la etiqueta de exiliada, quería integrarme aunque con distancia.

-¿Cómo fue el exilio desde el lenguaje, su materia de trabajo?

-Es un tema que nunca voy a cerrar del todo. Los que somos de fuera, de cualquier lugar, tenemos que estar replanteándonos siempre cómo escribimos, escribimos traduciendo, que es lo que Proust quería para la literatura. En mi caso, ya no sé escribir en argentino aunque lo hable. Escribo en un castellano mestizo. Trato de hacer un reflejo panhispánico más potente, que tiene que ver más con la realidad de hoy, sin idiomas tan cerrados.

-¿Era distinto escribir hace 40 años para una mujer argentina en exilio?

-No creo que haya diferencias. Mi primer libro importante lo saqué con cuarenta y cinco años. Además tengo dos hijas y he tenido que trabajar mucho; no tuve, ni tengo, un espacio para la escritura. Mi vida consiste en trabajar para becarme a mí misma y conseguir un espacio de escritura. Nunca he querido hacer una carrera literaria. Yo quiero escribir, que es distinto.

-¿Cuáles son sus proyectos en curso?

-Ahora estoy haciendo un libro sobre Madrid. La historia de una calle desde los dinosaurios hasta la invasión de los turistas. Me parece divertido sumar a la memoria colectiva la de un inmigrante.

-La migración es un tema importante actualmente.

-Sí, un problema y una riqueza. Lo que yo hago es dar cuenta de mi época formalmente en mi literatura, que se desplaza entre los géneros, lo cual tiene que ver con contar el desplazamiento humano. No se pueden hacer los libros que se hacían antes. Yo intento hacer una literatura más ligada con el hipervínculo, que lo que toque se abra, que te lleve a otro lado. Eso es parecido a lo que vivimos.

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