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Un hombre de otro planeta
La historia de Sydney Possuelo, un activista cuyo amor por la naturaleza es digno de admiración e incluso de imitación
GUADALAJARA, JALISCO (13/DIC/2015).- Sydney Possuelo ahora tiene 75 años. Sydney es un explorador brasileño, activista social, “sertanista” (cuidador de la selva) y experto en la protección de las sociedades indígenas aisladas, quien durante más de 50 años se ha venido dedicando —literalmente en cuerpo y alma— a cuidar y proteger a las tribus “perdidas” de la Amazonía.
Sidney no es antropólogo, ni misionero, ni nada que se le parezca, pero desde muy joven, inspirado por el mítico Cándido Rondón, en cuyo nombre bautizaron al territorio amazónico de Rondonia; y por los hermanos Villas-Boas, que también dedicaron sus vidas a la protección de los territorios ocupados por las tribus desconocidas que habitan los territorios selváticos; Sydney se ha preocupado por la protección de esas sociedades —malamente llamadas primitivas— que gozosa y pacíficamente han habitado la Amazonía desde tiempo inmemorial.
Tanto así, que desde muy joven ha estado tratando de protegerlas del infame “progreso” devastador que actualmente vivimos los “hombres blancos”; con la creencia de que “nuestro” mundo, nuestras vivencias y “nuestras creencias religiosas”, son la panacea de la que debemos contagiar al mundo entero. Nada puede ser más falso.
Sydney ha empeñado su vida enfrentando rigores, riesgos increíbles y terribles aventuras —no sin un halo épico y heroico— para lograr estar en esas tierras ignotas donde habitan estas etnias; y así ayudarles a conservar su particular hábitat y modo de vida, quienes —para su fortuna— continúan aún “perdidas” entre las selvas de la Amazonía en donde, sus costumbres y vivencias practicadas desde siempre, siguen aún sin cambio alguno; y sobre todo, sin el voraz contagio de la terrible plaga que somos nosotros, los depredadores más voraces sobre la Tierra, con la avidez que demostramos por tener “cosas” a costa de lo que sea; aun trastocando la esencia del ser y del existir de quienes nos rodean. En este caso… de aquellos seres que tienen la dicha de vivir en el más auténtico, ingenuo, natural y primitivo estadio de la naturaleza prístina.
Sydney ha comprendido que el único deseo de “los perdidos” es estar en paz y disfrutando de la naturaleza… como lo han estado haciendo desde hace miles de años. Por eso ha estado luchado a brazo partido desde hace ya casi 50 años, sosteniendo su visión —por demás realista— de que es a ellos y al medio que les rodea, a quien debemos atender ahora que estamos tan preocupados por el cambio climático provocado por nosotros mismos, haciendo del planeta en donde vivimos —tontamente— un inhóspito hábitat.
Muy sabia es la conocida sentencia que dice que… cuando estés perdido… ¡regresa a la base!
Y nosotros… ¿Qué estamos esperando?
Puede ser que estas tribus, humildes, perdidas y desconocidas… sean la famosa “base” a la que —de un modo o de otro— debemos regresar.
El reconocimiento al trabajo de Possuelo, no se ha hecho esperar. En el National Geographic se pueden ver reportajes sobre su trabajo en las áreas más aisladas de la Amazonía; dirigiendo expediciones en las que (con cuidado y respeto) él y su equipo han podido lograr contactos con esas tribus aisladas, con el exclusivo fin de protegerlas del amenazador “progreso” que Possuelo con angustia expresa en sus entrevistas … “Si no lo hacemos ahora, tal vez no lo podremos hacer jamás”.
La revista Time nombró Héroe del Planeta a este valioso ser humano preocupado por el respeto de cualquier ser que, aunque su forma de vida sea muy diferente a la nuestra, es tan valiosa (o más) que nosotros consideramos como verdadera.
Habiendo sido fundador del FUNAI (Fundación Nacional del Indio) en Brasil; institución que se ha ocupado de las invasiones colonizadoras que amenazan a los “aislados” que habitan estos territorios, siendo agredidos por distintas “plagas humanas”: Mineros y gambusinos que envenenan sus aguas; ganaderos que destruyen la selva para el pastoreo de sus animales; madereros agresivos que a punta de pistola despejan los territorios; y no bastando con eso… los terribles y tesoneros misioneros que tan sólo destruyen las auténticas e inocentes costumbres y maneras de vivir de quienes, al aislarse, tratan de evadir a esas plagas.
Possuelo asegura que “es más lo que tenemos que aprender de ellos, que lo que les pudiéramos enseñar”. “Ellos son los auténticos conservacionistas y guardianes de la selva. Su valor es innegable” recalca con vehemencia ante las autoridades pertinentes.
En lo particular, yo estoy seguro de que… si en el mundo hubiese más Possuelos… la Tierra sería más amable, más fraterna y más humana...
vya@informador.com.mx
Sidney no es antropólogo, ni misionero, ni nada que se le parezca, pero desde muy joven, inspirado por el mítico Cándido Rondón, en cuyo nombre bautizaron al territorio amazónico de Rondonia; y por los hermanos Villas-Boas, que también dedicaron sus vidas a la protección de los territorios ocupados por las tribus desconocidas que habitan los territorios selváticos; Sydney se ha preocupado por la protección de esas sociedades —malamente llamadas primitivas— que gozosa y pacíficamente han habitado la Amazonía desde tiempo inmemorial.
Tanto así, que desde muy joven ha estado tratando de protegerlas del infame “progreso” devastador que actualmente vivimos los “hombres blancos”; con la creencia de que “nuestro” mundo, nuestras vivencias y “nuestras creencias religiosas”, son la panacea de la que debemos contagiar al mundo entero. Nada puede ser más falso.
Sydney ha empeñado su vida enfrentando rigores, riesgos increíbles y terribles aventuras —no sin un halo épico y heroico— para lograr estar en esas tierras ignotas donde habitan estas etnias; y así ayudarles a conservar su particular hábitat y modo de vida, quienes —para su fortuna— continúan aún “perdidas” entre las selvas de la Amazonía en donde, sus costumbres y vivencias practicadas desde siempre, siguen aún sin cambio alguno; y sobre todo, sin el voraz contagio de la terrible plaga que somos nosotros, los depredadores más voraces sobre la Tierra, con la avidez que demostramos por tener “cosas” a costa de lo que sea; aun trastocando la esencia del ser y del existir de quienes nos rodean. En este caso… de aquellos seres que tienen la dicha de vivir en el más auténtico, ingenuo, natural y primitivo estadio de la naturaleza prístina.
Sydney ha comprendido que el único deseo de “los perdidos” es estar en paz y disfrutando de la naturaleza… como lo han estado haciendo desde hace miles de años. Por eso ha estado luchado a brazo partido desde hace ya casi 50 años, sosteniendo su visión —por demás realista— de que es a ellos y al medio que les rodea, a quien debemos atender ahora que estamos tan preocupados por el cambio climático provocado por nosotros mismos, haciendo del planeta en donde vivimos —tontamente— un inhóspito hábitat.
Muy sabia es la conocida sentencia que dice que… cuando estés perdido… ¡regresa a la base!
Y nosotros… ¿Qué estamos esperando?
Puede ser que estas tribus, humildes, perdidas y desconocidas… sean la famosa “base” a la que —de un modo o de otro— debemos regresar.
El reconocimiento al trabajo de Possuelo, no se ha hecho esperar. En el National Geographic se pueden ver reportajes sobre su trabajo en las áreas más aisladas de la Amazonía; dirigiendo expediciones en las que (con cuidado y respeto) él y su equipo han podido lograr contactos con esas tribus aisladas, con el exclusivo fin de protegerlas del amenazador “progreso” que Possuelo con angustia expresa en sus entrevistas … “Si no lo hacemos ahora, tal vez no lo podremos hacer jamás”.
La revista Time nombró Héroe del Planeta a este valioso ser humano preocupado por el respeto de cualquier ser que, aunque su forma de vida sea muy diferente a la nuestra, es tan valiosa (o más) que nosotros consideramos como verdadera.
Habiendo sido fundador del FUNAI (Fundación Nacional del Indio) en Brasil; institución que se ha ocupado de las invasiones colonizadoras que amenazan a los “aislados” que habitan estos territorios, siendo agredidos por distintas “plagas humanas”: Mineros y gambusinos que envenenan sus aguas; ganaderos que destruyen la selva para el pastoreo de sus animales; madereros agresivos que a punta de pistola despejan los territorios; y no bastando con eso… los terribles y tesoneros misioneros que tan sólo destruyen las auténticas e inocentes costumbres y maneras de vivir de quienes, al aislarse, tratan de evadir a esas plagas.
Possuelo asegura que “es más lo que tenemos que aprender de ellos, que lo que les pudiéramos enseñar”. “Ellos son los auténticos conservacionistas y guardianes de la selva. Su valor es innegable” recalca con vehemencia ante las autoridades pertinentes.
En lo particular, yo estoy seguro de que… si en el mundo hubiese más Possuelos… la Tierra sería más amable, más fraterna y más humana...
vya@informador.com.mx