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Un espacio de reflexión forzada

El escritor José Miguel Tomasena debuta en la narrativa con 'La caída de Cobra'

GUADALAJARA, JALISCO (05/JUN/2016).- Nacido en 1978 en la Ciudad de México, José Miguel Tomasena debutó en la narrativa con la colección de cuentos “¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway?”. El libro ganó el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí en su edición 2013: “premiado pero no publicado”, bromeó Tomasena durante la entrevista con EL INFORMADOR, en la que charló sobre su primera novela, “La caída de Cobra” (Tusquets, 2016). El libro se centra en la cárcel, al narrar el ascenso y la caída de Cobra en esa microsociedad penitenciaria.

-¿Hubo alguna documentación previa para escribir esta novela?

-Yo trabajé en la cárcel como voluntario hace muchos años. Con esa experiencia me empapé del ambiente, de la cárcel, de la experiencia de los espacios. Esa sensación de claustrofobia, la distribución de los espacios y el control político sobre ellos. Como tal no hay una documentación, no es una novela cercana al periodismo o a la documentación de la realidad. Mi interés fue más bien a partir de este espacio hablar de temas que me interesan, como el perdón, la posibilidad de cambiar uno mismo o intentar cambiar el mundo.

-El protagonista pasa por un cambio, igual a cómo le sucede a muchos presos (aunque sin el liderazgo del Cobra)

-Las cárceles son para muchas personas un espacio de reflexión forzada sobre muchas cosas de la vida. Porque al despegarse de la familia, estar obligado a estar encerrado y vivir en condiciones de mucha precariedad, como se vive en las cárceles mexicanas, sobrepobladas. Eso hace que la gente viva en un estado de incertidumbre muy propicio para este tipo de preguntas: quién soy, qué hago, qué sentido tiene vivir de algún modo.

-Incluso hay momentos muy teatrales con esa presión psicológica que ejercen unos contra otros

-Esa era la intención: a partir de la anécdota una persona tiene poder y lo pierde, y se plantea ese tipo de preguntas. Preguntas que van mucho más allá de una cárcel: son preguntas universales.

-Uno de los personajes, el Oscuro, juega un papel muy importante en cómo influye al Cobra

-Me lo encontré en el camino, no lo tenía claro. Tenía claro el inicio y el final. La escritura fue un poco rastrear, hacer un túnel en cierta dirección y ver qué pasaba en medio. Allí apareció este personaje con toda su ambigüedad, sobre quién es y qué significa el camino que le propone al Cobra. Eso me sorprendió a mí mismo al escribirlo.

-Le transmite un poco la superstición y la religión (hay quien piensa que son lo mismo)


-Quería cuestionar el esquema de la justicia retributiva: la idea de que si haces bien te irá bien, y si haces mal te irá mal. Parece que Cobra y la Bola viven con ese esquema moral. Me interesó cuestionarlo. El nuevo testamento trastoca esa lógica de que cada quién recibe lo que hace, esa idea del karma.

-Se resume en la frase que funciona como leitmofiv: “Todo se paga”. Siguiendo con la influencia del Cobra: esa influencia se da a través de la lectura, que en algunos casos para los presos es una válvula de escape. ¿Qué significado tiene para ti?

-Me interesa mucho la lectura como un asunto de válvula de escape, como una forma de encontrar respuestas o justificarse a uno mismo. Es un tema que está en toda la historia de la novela moderna. El Quijote es un cuate que se toma como real lo que lee en los libros. Con Madame Bovary sucede lo mismo: quiere reproducir en su vida lo que vio en un libro. Lo que pasa con el Cobra y cómo lee los textos bíblicos está emparentada con esa idea. O en cosas más contemporáneas como “Kick Ass”, el cómic que después hicieron película: un ñoño que lee cómics de superhéroes y se decide ser un superhéroe. Es un Quijote, le pasa lo mismo: lo golpean todo el tiempo.

-Como epígrafe citas a José Revueltas, autor de “El apando” (una novela que también transcurre en la cárcel)


-La cita es de una entrevista que dio Revueltas. Me gustó mucho, porque coincido con que hablar de una cárcel es hablar del mundo entero. Lo que sucede en una cárcel reproduce la lógica del mundo: hay desigualdades, explotación, lucha por el poder, economías legales, ilegales. Es un microcosmos, una microsociedad. Eso me parece que narrativamente tiene mucho potencial. A partir de una historia muy pequeña se puede hablar de historias que tienen una resonancia universal. Es una novela que sucede una cárcel, pero no es sólo eso.

-En tu libro se dice que las cárceles están diseñadas para generar crímenes

-Sí. Hace muchos años que no voy a una cárcel mexicana, pero basta leer las noticias para ver que hay problemas muy serios. En el Norte del país hay grupos armados que usan la cárcel como cuartel general, entran y salen cuando quieren con convoyes armados. O el motín reciente en Topo Chico con muchos muertos. Las autoridades no sabían si los cadáveres eran de internos o no. Pero hay académicos que desde hace mucho han hecho críticas y propuestas para reformar el sistema. Como Guillermo Zepeda, investigador del ITESO que habla de cómo el abuso de la prisión preventiva en México ha sobrepoblado las cárceles por delitos muy pequeños en lo que esperan un juicio. Este abuso genera efectos indeseados: las personas están en contacto con gente con un historial criminal más grande. También se da un impacto social con las familias: una familia con un interno detenido vive una dinámica terrible. Los costos sociales de la prisión preventiva son muchos. Es un recurso fácil de los políticos que prometen elevar el código penal para que haya castigos más severos. Eso no resuelve el problema.

-Una pregunta que viene en la novela, “¿Para qué sirve ser honrado y trabajador si tienes que agacharte?”

-Mi respuesta es la pregunta misma. Si tuviera las respuestas no escribiría novelas, escribiría tratados de filosofía moral o predicaría. No tengo esas respuestas. Mi modo es plantear las preguntas. No concibo el arte literario como un asunto de verdades, sino de plantear inquietudes, preguntas abiertas que el lector sea el que tenga que responder.

-Volviendo a los epígrafes: además de Revueltas citas “Desgracia” (J.M. Coetzee), ¿qué otros autores frecuentas en el género de la novela breve?

-Tengo una debilidad personal por las novelas breves, porque condensan dos cosas que en la literatura son a veces tan separadas: una la intensidad narrativa y lingüística del cuento, esa capacidad de usar el lenguaje del modo más expresivo posible. En una novela muy larga no se puede sostener, es demasiado pesado. Pero una novela breve también permite el desarrollo de los personajes, la complejidad de las tramas, que en el cuento breve no se puede. A menos que seas una autora genial como Alice Munro, que ganó el Nobel: es alucinante cómo puede en veinte páginas contar la vida completa de una persona. Munro es como Chéjov. “El apando”, “Pedro Páramo”, una novela muy corta pero de una intensidad narrativa y lingüística increíble. O “La presa” de Kenzaburo Oe, “El baile” de Irene Némirovsky.

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