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Un año con san Pablo: La familia es primero

Es notable cómo San Pablo no nos habla mucho de su familia, y no obstante, la calidad de una persona se funda en sus raíces, por sí misma

    Es notable cómo San Pablo no nos habla mucho de su familia, y no obstante, la calidad de una persona se funda en sus raíces, por sí misma; al observarla, nos podemos dar cuenta de cómo vivió su infancia y cuál fue la primera directiva que recibió de sus padres.
     Por eso al observar de cerca la vida y  la trayectoria de San Pablo, nos vamos a dar cuenta de que es un hombre íntegro, disciplinado, coherente, de convicciones profundas y bien cimentado en su fe. Debido a ello él no hace alarde de su familia, ni tiene que apoyarse en el prestigio y la calidad de sus progenitores, para definirse.
     Nos dice, sí, con firmeza su origen y estirpe: nacido en Tarso, judío por raza, de la tribu de Benjamín, fariseo y ciudadano romano por el hecho mismo de haber nacido en Tarso, ciudad cosmopolita, puerto comercial floreciente en su tiempo y centro pluricultural en aquella actualidad.
     Las palabras salen sobrando, pero el trasfondo nos evoca una familia sana que supo educar su mente y sus sentimientos en forma adecuada, de tal manera que el Pablo que conocemos a través de la historia y de la tradición es un ciudadano ejemplar y un hombre completo en toda la extensión de la palabra; que tuvo cimientos firmes para llegar a ser el hombre que recordamos hoy, dos mil años más tarde, como un gran santo, modelo y ejemplo de muchas generaciones y cuya influencia llega hasta nosotros.
     En estos tiempos, en los que vivimos crisis muy profundas, a veces nos asustamos por lo económico, pero poco percibimos de las crisis de valores que nos afectan mucho más profundamente y que hunden sus raíces en la familia inestable, desintegrada y sin solidez.
      Por muchísimos años, siglos y milenios, hemos  comprobado que la familia es el fundamento de sociedades prósperas y fecundas, de personalidades grandes y de culturas avanzadas.Si la familia cruje, todo el edificio social peligra, porque la familia es el centro, el eje, el cimiento de una humanidad floreciente.
      Hoy estamos viviendo modelos importados en los cuales los valores familiares no son lo más relevante, y de allí a la mediocridad que pone en crisis la salud psíquica de individuos y colectividades. es tan sólo el primer paso para la degradación total.
      Hoy es una buena oportunidad para revisar los escritos y cartas de San Pablo y darnos cuenta de que su concepto familiar es sólido y fuerte, que podemos inventar otras teorías y nuevas modalidades, pero lo sustancial no es posible cambiar sólo por cambiar.
      La única esperanza de un mundo nuevo se funda en nuevas y buenas familias, bien constituidas y bien encauzadas.Si seguimos con la proliferación de madres solteras, de divorcios y de familias irregulares, caminamos a pasos acelerados a un matriarcado, que ciertamente a los hombres no les va a gustar, y que a la larga ocasionará un desequilibrio social lamentable, si no desastroso.
     Los niños necesitan de su padre y de su madre para poder caminar por la vida, para que los lleven uno de cada mano y los conduzcan por los senderos de lo bueno y de lo mejor.
     Hoy también, con ocasión del ya próximo Congreso Internacional de la Familia, podemos orar pidiendo a Dios, por intercesión de San Pablo, que aprendamos a valorar la familia de la misma forma que él supo apreciarla y orientarla.
     Como Cristo ama a su Iglesia, así deben amarse los esposos, y los hijos amar a sus padres como lo indica el mandamiento de Dios.

María Belén Sánchez fsp

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