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Un año con San Pablo: La Resurrección de Jesús es nuestra vida
El domingo de Pascua es el más importante del año, porque nos llega cargado de esperanza, con la novedad que Cristo nos da en su resurrección
El domingo de Pascua es el más importante del año, porque nos llega cargado de esperanza, con la novedad que Cristo nos da en su resurrección.
Si pasamos la noche del sábado inmersos en las celebraciones de la Liturgia, podemos comprobar cómo efectivamente el día amaneció más luminoso que los demás días del año.
Hoy nos acercamos a san Pablo para escuchar lo que nos dice sobre la resurrección, y de pronto nos vamos a encontrar con una cantidad de alusiones que de primer intento no podemos abarcar, pero que sí nos ilustran para comprender la grandeza de este misterio tan iluminador para toda vida humana.
La Pascua nos muestra en toda su magnificencia “el esplendor glorioso del Evangelio de Cristo, que es imagen de Dios” (2 Cor 4,4), lo cual nos ayuda a vislumbrar que el futuro de las promesas está muy cerca de nosotros y al alcance de nuestras manos.
Desde luego, al seguir escuchando a san Pablo nos enfrentamos con que la belleza que nos está presentando, conlleva un compromiso muy serio de aceptar la luz de Dios y de poner en acción la parte que nos toca para poder vivir en esa plenitud divina que se nos regala tan gratuitamente:
“El día se acerca, dejemos las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz” (Rom 13, 12).
No podemos seguir en el pecado, ni dejándonos arrastrar por las malas inclinaciones; no podemos comportarnos como aquellos que no tienen fe. Si de veras seguimos a Cristo Jesús, tenemos que ser mejores y demostrarlo con ese cambio de vida que hace la diferencia.
“Ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; compórtense pues, como hijos de la luz” --sigue diciendo san Pablo--. Por lo tanto, no más mentiras, no más trampas, ni infidelidades; no más pereza, ni ira incontrolada; no más pecados que ofenden a Dios y rompen la armonía. El fruto de la luz consiste en bondad, justicia y verdad”.
Así podemos vivir lo nuevo y caminar en la luz de Cristo Jesús resucitado, como partícipes de la promesa que hace a cada uno.
“Despierta, tú que duermes, Cristo te iluminará”. Porque es un hecho, los que creen en Jesús son iluminados y tienen la posibilidad de vivir ya desde ahora en esa luz que es la promesa de Dios.
Todo esto podemos leerlo y ahondar en ello en la Carta a los Efesios 5, 8-14. Allí podemos encontrar lo que tanto deseamos, lo que afanosamente buscamos y todo aquello que esperamos para el presente y para el futuro.
Es sumamente consolador escuchar al apóstol cuando dice que “el que vive en Cristo es una criatura nueva, para él todo lo viejo ha pasado” (2 Cor 5, 17).
Pero de nada va a servir la resurrección del Señor, si nosotros nos empeñamos en vivir sumidos en las tinieblas, si insistimos en nuestros antiguos esquemas y no damos oportunidad a que la luz de Cristo Jesús se haga claridad en nuestra vida.
La resurrección es un misterio, ciertamente, pero es lo único que nos da la certeza de la salvación; y de poco servirían la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, si no sabemos sacar provecho de ella para vivir eso bueno y mejor que con tanta insistencia pedimos.
Es bueno hacer el intento, poco nos va a costar y mucho vamos a salir ganando.
María Belén Sánchez fsp
Si pasamos la noche del sábado inmersos en las celebraciones de la Liturgia, podemos comprobar cómo efectivamente el día amaneció más luminoso que los demás días del año.
Hoy nos acercamos a san Pablo para escuchar lo que nos dice sobre la resurrección, y de pronto nos vamos a encontrar con una cantidad de alusiones que de primer intento no podemos abarcar, pero que sí nos ilustran para comprender la grandeza de este misterio tan iluminador para toda vida humana.
La Pascua nos muestra en toda su magnificencia “el esplendor glorioso del Evangelio de Cristo, que es imagen de Dios” (2 Cor 4,4), lo cual nos ayuda a vislumbrar que el futuro de las promesas está muy cerca de nosotros y al alcance de nuestras manos.
Desde luego, al seguir escuchando a san Pablo nos enfrentamos con que la belleza que nos está presentando, conlleva un compromiso muy serio de aceptar la luz de Dios y de poner en acción la parte que nos toca para poder vivir en esa plenitud divina que se nos regala tan gratuitamente:
“El día se acerca, dejemos las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz” (Rom 13, 12).
No podemos seguir en el pecado, ni dejándonos arrastrar por las malas inclinaciones; no podemos comportarnos como aquellos que no tienen fe. Si de veras seguimos a Cristo Jesús, tenemos que ser mejores y demostrarlo con ese cambio de vida que hace la diferencia.
“Ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; compórtense pues, como hijos de la luz” --sigue diciendo san Pablo--. Por lo tanto, no más mentiras, no más trampas, ni infidelidades; no más pereza, ni ira incontrolada; no más pecados que ofenden a Dios y rompen la armonía. El fruto de la luz consiste en bondad, justicia y verdad”.
Así podemos vivir lo nuevo y caminar en la luz de Cristo Jesús resucitado, como partícipes de la promesa que hace a cada uno.
“Despierta, tú que duermes, Cristo te iluminará”. Porque es un hecho, los que creen en Jesús son iluminados y tienen la posibilidad de vivir ya desde ahora en esa luz que es la promesa de Dios.
Todo esto podemos leerlo y ahondar en ello en la Carta a los Efesios 5, 8-14. Allí podemos encontrar lo que tanto deseamos, lo que afanosamente buscamos y todo aquello que esperamos para el presente y para el futuro.
Es sumamente consolador escuchar al apóstol cuando dice que “el que vive en Cristo es una criatura nueva, para él todo lo viejo ha pasado” (2 Cor 5, 17).
Pero de nada va a servir la resurrección del Señor, si nosotros nos empeñamos en vivir sumidos en las tinieblas, si insistimos en nuestros antiguos esquemas y no damos oportunidad a que la luz de Cristo Jesús se haga claridad en nuestra vida.
La resurrección es un misterio, ciertamente, pero es lo único que nos da la certeza de la salvación; y de poco servirían la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, si no sabemos sacar provecho de ella para vivir eso bueno y mejor que con tanta insistencia pedimos.
Es bueno hacer el intento, poco nos va a costar y mucho vamos a salir ganando.
María Belén Sánchez fsp