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Un año con San Pablo: El sí y el no

Al examinar nuestra conciencia, no siempre nos encontramos con los aspectos más agradables que quisiéramos encontrar en nuestra vida

     Al acercarse la Cuaresma, aflora a nuestra mente aquello que llevamos en lo más íntimo del ser; nos acercamos a la iglesia para recibir la ceniza, y con ella la convicción de que Dios nos espera y quiere perdonar nuestros pecados.
     Al examinar nuestra conciencia, no siempre nos encontramos con los aspectos más agradables que quisiéramos encontrar en nuestra vida.
      Pero al encontrarnos con la persona de Jesús, que se acerca al paralítico y le da ánimo para que se levante y empiece a caminar, renace la esperanza en el corazón, porque el milagro de entonces, es para todos los seres humanos de todos los lugares y de todos los tiempos, y todos tenemos la oportunidad de empezar de nuevo con la alegría de saber que Dios mismo ha puesto el Espíritu Santo en nuestro corazón, como muy sabiamente nos lo recuerda san Pablo en la Segunda Carta a los Corintios que escuchamos hoy en la Santa Misa.
     El Espíritu Santo es garantía y promesa de lo que Dios quiere ofrecernos con su gracia y su amor.
     No obstante, ese don que Dios nos da tan gratuitamente, lleva envuelto un compromiso implícito: Es preciso saber responder con sinceridad y coherencia; saber decir sí, cuando en el corazón hay sí; saber decir no, cuando es no, y actuar consecuentemente…
     Porque hay algo más: al recibir la facultad de ponerse en pie para empezar a caminar, el paralítico recibe también la gracia divina, cuando Jesús dice también le dice que sus pecados han sido perdonados
     Dichosos los que tenemos la oportunidad de acercarnos a la casa de Dios, de escuchar la invitación a una conversión radical y con ella el perdón incondicional para renovar el corazón, limpiándolo y abrillantándolo como se saca a relucir una vasija fina.
     Pero san Pablo nos invita a la coherencia, a vivir de acuerdo a aquello que afirmamos que son nuestras convicciones, porque muchas veces vamos por allí diciendo sí a lo que deberíamos decir no, y negando –o soslayando- aquello a lo cual deberíamos decir sí.
     Y luego nos asombramos de que las cosas no funcionen, de que el desasosiego nos invada y nos sea prácticamente imposible sobrellevar una existencia rota.
     Por eso es bueno aprovechar este tiempo cuaresmal que está ya a la puerta, para renovar nuestra existencia y para darle un nuevo giro más acorde a las enseñanzas de san Pablo, que a los rumores que llegan por todos lados, ya sea a través de los medios, como de las personas que nos rodean.
     Escuchemos esas palabras que llenan de esperanza y nos ayudan a caminar por los senderos que llevan a la alegría y a la felicidad.
     También te recomiendo un nuevo libro: “Cuaresma, tiempo de reflexión y vida”. Allí encontraremos pautas muy oportunas, que pueden ayudar a interiorizar y ayudarnos a caminar en la luz de Dios a quienes estamos dispuestos a recibir esa abundancia de bendiciones que su amor nos regala.                                          

María Belén Sánchez Bustos fsp

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