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Un año con San Pablo

Todos deseamos ser felices, y si pocos lo logran es porque pocos van por el camino amplio, luminoso, por donde transita todos los días la voluntad de Dios

¿A dónde vas?

     San Pablo, que entonces era Saulo, tampoco transitaba los caminos por donde Dios quería que fuera. Le había dado un don muy grande que latía fuertemente en su corazón, pero que El no había querido reconocer.
El don de, Dios estaba allí, y él iba por senderos equivocados…
     ¿A dónde vas?
     San Pablo confiesa abierta y sinceramente en sus relatos:
     Yo iba a Damasco, persiguiendo a todos los que creían e invocaban a Cristo Jesús, porque mi único empeño era borrar su nombre de la tierra.
     Si Saulo hubiese seguido por ese camino, acaso su nombre ya se hubiera borrado de la historia, o tal vez se le recordaría como alguien que realizó hazañas fuera de serie, pero nunca sería el Pablo que recordamos como la figura egregia de un apóstol.
     Su gracia y su gloria fueron siempre ligadas a la persona y al Mensaje de Jesús, que Pablo supo aprender a través de un golpe muy duro, pero que le ubicó en el camino correcto por donde transitaban las verdaderas realizaciones que Dios había puesto a su alcance, la misión que se le había encomendado.
     Fue necesario que el mismo Señor Jesús se presentara ante él, como un rayo de luz, para que él le conociera y le reconociera.
     Fue necesario que sus ojos quedaran ciegos a todo lo que hasta el momento le envolvía, para que pudiera abrirlos a lo nuevo, a lo distinto, a lo  verdadero.
     Si en determinado momento se hiciera a cada uno de nosotros esta misma pregunta: ¿A dónde vas?, se respondería: Voy al mercado, voy al trabajo, voy a visitar a mi tía…
     Pero no, no, la pregunta cala mucho más hondo:
     ¿A dónde vas?
     ¿A dónde va tu vida, a dónde van tu historia, tus inquietudes, tus alegrías, tu destino mismo?
     Muchas veces vemos personas que en su rostro mismo reflejan esa incertidumbre, ese no saber hacia dónde dirigen sus pasos. Sí, se enrolaron en un trabajo porque eso les iba a proporcionar unos cuentos pesos, un salario a veces raquítico, a veces jugoso. Pero nunca se cuestionaron si era de veras eso lo que deseaban hacer en la vida, menos aún si ese era su lugar en el plan de Dios; si Dios dejó escondido un don en su corazón, como semilla para que a lo largo de la vida pudiera llevarlo a un pleno desarrollo y hacerlo fructificar.
     Está ya muy cerca la Navidad y el Señor Jesús viene del cielo para indicarnos el camino, para decirnos por dónde va la ruta de la felicidad.
     Todos deseamos ser felices, y si pocos lo logran es porque pocos van por el camino amplio, luminoso, por donde transita todos los días la voluntad de Dios.
     Porque pocos han encontrado el verdadero sentido de la vida, que es siempre mucho más que lo que tenemos al alcance de las manos.

María Belén Sánchez fsp

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