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Un Maestro del que se debe aprender
esús platicó a solas con personas, para poder explicarles su doctrina, pero también lo hizo predicando a grandes multitudes
Recientemente festejamos –muy merecidamente- a los maestros de nuestro país, este grupo de hombres y mujeres cuya misión no sólo ha sido educar, sino literalmente formar a las generaciones que han pasado por sus aulas; y aunque hay diversas formas que se han usado para honrarles, posiblemente la mayor de ellas sea reproducir en nuestra vida el legado que nos dejaron con su ejemplo. A manera de homenaje a todos ellos, deseo puntualizar algunos aspectos del Maestro, de Jesús de Nazareth.
El Maestro enseña cuando comparte lo que hay en su interior. A diferencia de muchos “maestros” de su época, que enseñaban de dientes para afuera y sin autoridad moral, Jesús no sólo enseñaba lo que sabía, sino que más bien enseñaba lo que vivía. Cada palabra que salía de su boca, era una verdad que creía profundamente, y sobre la cual estaba fundamentada su vida. Un maestro será eficaz en la medida que esté convencido de lo que enseña, y viva de una manera congruente con lo que ha creído.
El Maestro no se limita a un método de enseñanza. Jesús platicó a solas con personas, para poder explicarles su doctrina, pero también lo hizo predicando a grandes multitudes. Para captar la atención de sus oyentes, contaba parábolas muy relevantes a su cultura, de la misma manera que aprovechaba su entorno para ilustrar sus enseñanzas. Muchas veces el Maestro dijo palabras como “Miren a las aves del cielo”, o “el sembrador salió a sembrar”, o “un padre tenía dos hijos…”
El Maestro establece puentes de comunicación hasta donde está el alumno. Algunos aprendieron de Jesús porque se atrevieron a acercarse a él, como en el caso de Nicodemo, o del joven rico, pero otros sólo fueron alcanzados cuando Jesús mismo tomó la iniciativa, como en los casos de Mateo, Zaqueo, la mujer samaritana, o la viuda de Naín, cuyo único hijo acababa de morir.
El Maestro reproduce en sus alumnos su estilo de vida. Jesús no sólo se limitó a decir a sus seguidores “enseñen lo que yo les he enseñado”, sino que los desafió a vivir todos los días cada una de sus palabras. El Señor no dijo “piensen”, sino que dijo “hagan conforme a lo que les he mandado”. Esta es una de las razones que explica el porqué la fe cristiana puso de cabeza a todo el mundo conocido de su tiempo: los seguidores de Jesús no buscaban convencer intelectualmente a sus oyentes, sino que los desafiaban a cambiar de vida, a través de la experiencia de conocer a Jesús, el Maestro de maestros.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
El Maestro enseña cuando comparte lo que hay en su interior. A diferencia de muchos “maestros” de su época, que enseñaban de dientes para afuera y sin autoridad moral, Jesús no sólo enseñaba lo que sabía, sino que más bien enseñaba lo que vivía. Cada palabra que salía de su boca, era una verdad que creía profundamente, y sobre la cual estaba fundamentada su vida. Un maestro será eficaz en la medida que esté convencido de lo que enseña, y viva de una manera congruente con lo que ha creído.
El Maestro no se limita a un método de enseñanza. Jesús platicó a solas con personas, para poder explicarles su doctrina, pero también lo hizo predicando a grandes multitudes. Para captar la atención de sus oyentes, contaba parábolas muy relevantes a su cultura, de la misma manera que aprovechaba su entorno para ilustrar sus enseñanzas. Muchas veces el Maestro dijo palabras como “Miren a las aves del cielo”, o “el sembrador salió a sembrar”, o “un padre tenía dos hijos…”
El Maestro establece puentes de comunicación hasta donde está el alumno. Algunos aprendieron de Jesús porque se atrevieron a acercarse a él, como en el caso de Nicodemo, o del joven rico, pero otros sólo fueron alcanzados cuando Jesús mismo tomó la iniciativa, como en los casos de Mateo, Zaqueo, la mujer samaritana, o la viuda de Naín, cuyo único hijo acababa de morir.
El Maestro reproduce en sus alumnos su estilo de vida. Jesús no sólo se limitó a decir a sus seguidores “enseñen lo que yo les he enseñado”, sino que los desafió a vivir todos los días cada una de sus palabras. El Señor no dijo “piensen”, sino que dijo “hagan conforme a lo que les he mandado”. Esta es una de las razones que explica el porqué la fe cristiana puso de cabeza a todo el mundo conocido de su tiempo: los seguidores de Jesús no buscaban convencer intelectualmente a sus oyentes, sino que los desafiaban a cambiar de vida, a través de la experiencia de conocer a Jesús, el Maestro de maestros.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com