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Trastornos de personalidad, un rasgo de cuidado

La forma en la que percibimos y experimentamos es lo que nos define

GUADALAJARA, JALISCO (03/ABR/2016).- Seguramente en más de alguna ocasión hemos hecho uso de la frase “Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”, fragmento de “A quién le importa”, éxito inmortalizado por Alaska, con el que intentamos defender nuestra postura ante la vida, nuestro actuar ante los demás, nuestras manías y miedos, la forma en cómo percibimos y experimentamos cada vivencia y hacemos frente a lo que no nos convence del todo.

Defender la personalidad y la forma de pensar desde la postura de la libertad es sencillo y totalmente normal, pero ¿qué hay detrás de todo eso? ¿Cómo saber que nuestras actitudes pasivas, enérgicas o extremas no representan realmente un trastorno que no solamente modifica nuestra visión ante la vida, sino que también altera o afecta el entorno y a las personas con las que convivimos diariamente?

La personalidad es una cosa y el carácter para controlar determinada situación es punto y aparte, por lo que es necesario analizar si nuestro comportamiento es el indicio de que algo no va bien en nuestro quehacer diario y que más allá de ser muy enojones, solitarios o efusivos naturalmente, realmente hay un tornillo mal o demasiado ajustado en nuestra personalidad, que progresivamente complica la interacción familiar, laboral y social.

De acuerdo con Claudia Villareal González, psicóloga e integrante de Fortalecimiento Académico de la Universidad Panamericana de Guadalajara, los trastornos de personalidad suelen confundirse con otro tipo de conductas y comportamientos que no son socialmente tan aceptables, de aquí la importancia de saber que la personalidad, en un primer vistazo, está conformada por el temperamento resultante de una herencia genética y por otro lado el carácter, que se formula dependiendo de la experiencias que se van viviendo.

“La personalidad se manifiesta a través de los comportamientos estructurados por los rasgos que, a su vez, son características que permiten describir a la persona ya en un rango amplio de situaciones y que ayudan a definir su comportamiento”.

Villareal González puntualiza que para identificar un rasgo de personalidad debe existir manifestación, intensidad y permanencia de una situación o comportamiento para saber lo más exacto posible si se trata de un caso de trastorno.

“Si una persona es generosa solamente cuando tiene ciertas convivencias sociales y/o circunstancias, eso no es un rasgo, es una conducta aislada. Pero si una persona es generosa en todos sus ámbitos, en lo personal, laboral, familiar o social, ya se habla de un rasgo”.

¿De qué se trata?

Aunque las conductas y reacciones varían dependiendo del trastorno y su severidad, algunas de características más presentes son la ansiedad, la desesperación, la frustración y el enojo. Sin embargo, la también especialista en Psicoterapia Breve IPSO, expresa que no todos los rasgos negativos de la personalidad son patológicos, enfermizos o anormales, y de igual manera, no todos los positivos resultan un beneficio.

“Sabemos que la flojera es un rasgo negativo, pero no es patológico, porque hay gente que es floja, pero es simpática y tiene otras cualidades, su comportamiento no afecta en lo más mínimo. Pero si se trata de una persona que es muy ordenada, cuando ese rasgo lo lleva al extremo es cuando inician los conflictos y eso es la clave de los trastornos de personalidad, cuando ya se altera todo el entorno del ser humano, todas sus esferas y el comportamiento ya no está siendo socialmente aceptable”.

Claudia Villareal señala que si bien muchos de los rasgos, carácter y actitudes comienzan a arraigarse desde los primeros años de vida y son identificables en las conductas o experiencias de la infancia, un trastorno de personalidad puede ser diagnosticado con mayor precisión hasta los 18 años de edad o a principios de la edad adulta.

“Si desde la infancia esos rasgos no se van educando y así se va formando el carácter, en la adolescencia se tendrán esas conductas violentas, de no seguir las reglas, sí estamos ante un trastorno antisocial”.

La académica argumenta que de acuerdo con la Asociación Psiquiátrica Americana, los trastornos de personalidad se dividen en tres grandes grupos: A, B y C.

En el grupo A están clasificados los trastornos que tienden a la introversión y dificultades para relacionarse con los demás. Uno de los más populares es el trastorno paranoide, que se manifiesta en personas extremadamente celosas, hipervigilantes o desconfiadas, y que comúnmente se presenta con mayor frecuencia en los hombres.

El trastorno esquizoide se caracteriza por una personalidad no interesada ni deseosa de relacionarse con los demás, y generalmente son personas solitarias, aisladas y cerradas, aunque no caen en una condición de autismo. En el caso del trastorno esquizotípico, este tipo de personas tiende más a las creencias raras, pensamientos extraños relacionados a lo esotérico.

En el llamado grupo B se engloban los trastornos antisociales con personas que suelen ser más inestables, introvertidas e impulsivas. Uno de esos trastornos es el límite, que presenta conductas a vivir todo al extremo. También está el trastorno histriónico que se manifiesta más en mujeres y son propensas a ser más seductoras, cuidar mucho su apariencia, aunque presentan puntos de inmadurez en su actuar y les gusta ser el centro de atención en todo momento.

En el trastorno narcisista -también del grupo B- las personas tienden a sentirse superiores a los demás, aunque generalmente son personas muy capaces y competentes, hacen evidentes sus habilidades y destrezas pero con la idea de que las personas que las rodean son inferiores o incapaces.

En el grupo C se arropan los rasgos más ansiosos, los conflictos interpersonales y las reacciones temerosas. Uno de ellos es el trastorno por dependencia en personas que no pueden tomar decisiones solas y siempre necesitan que alguien más les ayude o también les da mucho temor el abandono.

Dentro de este grupo están los obsesivos compulsivos, que son personas que llevan el orden al extremo causando conflictos en todas las áreas, al ser exageradamente meticulosas y estructuradas.

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