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Trabajo y paciencia recompensados

Cada vez que Jesús mencionó el tema del reino de los cielos, estaba describiendo su propia manera de pensar, y los valores que Él reconocía

    Cada vez que Jesús mencionó el tema del reino de los cielos, estaba describiendo su propia manera de pensar, y los valores que Él reconocía. Con frecuencia la gente entendía sólo parte de la enseñanza, y a veces, de plano, no entendía; pero gracias al trabajo diligente de los evangelistas, las palabras del Maestro quedaron grabadas para que pudiéramos meditar y aprender de ellas.
    Un día Jesús les contó la historia de un propietario que contrató jornaleros para que trabajaran en su viña. Para hacer la historia más interesante, resulta que el dueño decidió contratar a los jornaleros en diferentes momentos del día, ya que a unos los escogió desde el amanecer, y contrató a otros a lo largo del día; extrañamente, el patrón decidió contratar a un grupo más cuando faltaba escasamente una hora para terminar las labores de esa jornada.
    El conflicto vino cuando los jornaleros que fueron contratados en la mañana se dieron cuenta de que los que habían trabajado sólo una hora estaban recibiendo la misma paga que ellos, que habían trabajado las doce horas acordadas. En su opinión se trataba de una injusticia porque ellos habían sudado todo el día, mientras que los del grupo final casi ni habían tenido que esforzarse.
    Pero la historia termina con el razonamiento del dueño del lugar, quien ante el descontento de los primeros contratados les cuestiona: “¿No puedo yo hacer lo que se me pegue la gana con mi dinero y mis tierras? ¿O se enojan porque yo soy bueno?”. Es evidente que el dueño podía hacer lo que quisiera con su dinero, incluso pagar muy bien a quienes trabajaron poco, aún en perjuicio de su negocio; pero evidentemente Jesús estaba tratando de enseñar a sus seguidores un principio del reino de los cielos: Dios recompensa el trabajo, pero también la paciencia.
    La clave para interpretar esta historia, la podemos encontrar en el diálogo que se dio entre el dueño y los jornaleros que pasaron el día en la plaza sin ser contratados. El patrón les preguntó: “¿Por qué están aquí el día entero sin trabajar?”. A lo que ellos contestaron: “Nadie nos ha contratado”.    
           Este grupo de hombres muy probablemente se presentaron desde temprano a la plaza con el deseo de ser contratados, pero con tristeza vieron como los empleadores siempre escogían a otros antes que a ellos; lo interesante es que no se desanimaron al pasar de las horas, precisamente en momentos donde otros hubieran claudicado y se hubieran vuelto a casa con las manos vacías.
    Estos trabajadores demostraron la virtud de la paciencia, la cual también es apreciada y recompensada por Dios; de hecho la recompensa que el señor de la mies dio a los que fueron pacientes, fue la misma que dio a los que fueron trabajadores. Ante los ojos de los hombres, esto podría parecer injusto, pero no así ante los ojos de Dios, quien otra vez pregunta: “¿No puedo yo ser bueno con todos?”.
    Es posible que usted, amable lector, haya sido desafiado por las circunstancias para demostrar paciencia y confianza en Dios, a pesar de lo que esté viviendo. No se desanime ni se desespere, confíe y siga confiando, porque Dios ha prometido que habrá buena recompensa para aquellos que esperan en Él.

 
Angel Flores Rivero
“mailto:iglefamiliar@hotmail.com”

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