Suplementos

Todo incluido

La idea detrás de este paquete es que los vacacionistas no se preocupen absolutamente de nada, ya que todos los servicios que necesiten para sus vacaciones están incluidos y cubiertos por la tarifa

     ¿Ha tenido usted la oportunidad de pasar un tiempo de vacaciones en un hotel que ofrece el paquete “todo incluido” a sus huéspedes? La idea detrás de este paquete es que los vacacionistas no se preocupen absolutamente de nada, ya que todos los servicios que necesiten para sus vacaciones están incluidos y cubiertos por la tarifa; de esta manera no importa la hora a la que el vacacionista desee comer o beber, siempre tendrá alimentos y bebidas a su disposición, y tampoco importa la cantidad o la frecuencia que quiera comer o beber, ya todo está pagado.
     Incluso hay paquetes en donde cualquier otro tipo de servicio ya está incluido, tales como entretenimientos, espectáculos, paseos y todo lo que el turista pudiera pedir o imaginar; en fin, el propósito es que el turista disfrute completamente sus vacaciones, no se preocupe por nada y no necesite llevar cosa alguna extra a sus vacaciones.
     Sería entonces incomprensible, si un turista llegara a hospedarse en un hotel donde pagó el servicio “todo incluido” y llevara su propia comida o sus bebidas, compradas en otro lugar; no tendría sentido que gastara más dinero para comprar y llevar al hotel las mismas cosas que se supone tiene a sus disposición y sin ningún cargo extra.
     Cuando Jesús envió a sus discípulos para predicar acerca del reino de Dios (según nos cuenta el evangelista Marcos 6, 7-13), les dio instrucciones específicas acerca de sus necesidades: no deberían llevar pan, ni dinero.  ¿Cómo se supone entonces que iban a comer, ya que irían a lugares donde no eran conocidos? La respuesta se infiere cuando el mismo Jesús les dice: "Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio”. Ellos comerían y beberían lo que les dieran en la casa donde llegaran. Era una especie de “todo incluido” porque, al no llevar dinero, los discípulos no podrían pagar por la comida y bebida que les dieran.
     ¿Y quién les garantizaba que los recibirían en las casas y les darían de comer gratis? No había garantía. Jesús les advirtió “Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa”. De manera que en algunas casas serían bienvenidos, y en otras no; algunas veces serían rechazados, pero nunca quedarían desamparados.
     Esto nos lleva a entender un principio del trato de Dios con sus hijos: La voluntad de Dios nunca nos llevará a un lugar en donde su gracia no nos pueda sostener; algunas veces nos hará pasar por situaciones difíciles (como cuando los discípulos fueron rechazados por un poblado, y ese día se quedaron sin comer), pero siempre nos dará una puerta de salida y tomará cuidado de nuestras necesidades.
     Servir a Dios y hacer su voluntad es una manera de vivir con el “todo incluido” asegurado: Dios nunca nos dejará morir de hambre o de sed, e incluso nos dará autoridad para enfrentar a nuestros enemigos, tales como las enfermedades o los demonios. Todo está garantizado ¿Cuál es el precio? Sólo hay dos requisitos: ser un verdadero hijo de Dios y estar dispuesto a hacer su voluntad.
     Nos convertimos en verdaderos hijos de Dios cuando hacemos un pacto personal con Él, arrepintiéndonos de nuestros pecados e invocando la salvación que nos da la sangre que su Hijo Jesús derramó en la cruz. Si le pedimos perdón por nuestras faltas y le entregamos el control para que dirija nuestra vida, verdaderamente somos considerados hijos de Dios.
   
Angel Flores Rivero
      iglefamiliar@hotmail.com

Temas

Sigue navegando