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Tallar fruta, un estilo de vida

Oscar Toribio ha encontrado en esta actividad una sorprendente forma de expresarse

CANCÚN, QUINTANA ROO (08/ENE/2012).- Cuando Oscar Toribio abandonó el Distrito Federal para buscar suerte en Cancún, jamás pensó que en el trayecto dejaría de ser un simple chef para convertirse en un auténtico artista. Con una piel morena curtida por el Sol y unas manos que se mueven con la precisión de un cirujano, el joven cocinero se ha convertido en uno de los talladores de fruta más destacados en la Península de Yucatán.

La mesita donde trabaja Oscar Toribio se coloca desde temprano. Sobre ella un juego de cuchillos y cucharas de distintos tamaños se acompañan por algunas frutas. Una papaya, una sandía, unas limas, una berenjena, zanahorias.

A primera vista bien podría parecer que lo que hace Oscar Toribio es vender fruta picada, pero lejos de eso, él considera que lo que hace es “arte” en su estado más puro. Trabaja en el Hotel Paradisus, uno de los más exclusivos de Cancún, ofreciendo a los huéspedes el taller de tallado artístico en fruta. El nombre pomposo de la actividad oculta un arte que requiere destreza y paciencia.

Oscar da su taller en inglés y en español. Más que un chef, durante la actividad se transforma en un artista que entretiene, bromea, involucra y recibe aplausos, algo que, reconoce, no es muy común para los cocineros.

“Me enseñé observando el trabajo de los cocineros cuando llegué a la Riviera Maya. Yo soy originario de la Ciudad de México y allí decoramos más con verdura, pero cuando llegué aquí me quedé anonadado con el trabajo de los chicos, que combinan el uso de frutas, semillas y flores para hacer los decorados”, explica el joven cocinero, mientras hace unos finos cortes a una berenjena, que luego de pasar por sus manos, termina convertida en la figura de un pingüino.

Comenzar desde cero

Luego de transformar la cáscara de una lima en una rosa, Oscar Toribio (a secas, pues le gusta como suena su nombre así y reconociéndose como un tipo tímido que es feliz cocinando) recibe la ovación de un pequeño público reunido en el taller, la mayoría estadounidenses y europeos.

Con la sonrisa dibujada, el chef-artista explica que fue la curiosidad lo que le llevó a ver a las frutas como algo más que meros ingredientes para sus platillos: “Me considero un autodidacta, no fui a una escuela o un taller donde me enseñaran lo que ahora sé. Aprendí observando siempre con mucho cuidado el trabajo de los cocineros, cómo hacían sus figuras. Cuando comencé a trabajar con la frutas yo ya era chef, pero ni siquiera sabía dibujar en una manzana. Me fue naciendo la inquietud y por pura curiosidad comencé a dibujar la fruta”.

Las primeras veces, recuerda el chef, sus experimentos de tallado terminaban convertidos en ensaladas de frutas mal cortadas. “Todo es creatividad con base en lo que tengas en mente, ese será siempre el único límite. Con un poquito de práctica se van aprendiendo muchas cosas”, remata, al tiempo que toma una papaya y comienza a moldearla hasta obtener un rostro caricaturizado, en una “operación” que no le toma más de 10 minutos.

Cada corte, explica, tiene que ser preciso, pues “no hay borrador” que sirva cuando se comete un error con la fruta. “Cualquier fruta es fácil y difícil a la vez, porque si te pasas en cualquier corte, queda mal. Para mí todas las frutas tienen sus cualidades; por ejemplo, la papaya me costaba mucho al principio, pero ahora es la que más me gusta porque los cortes en ella son muy suaves. Otra que me encanta trabajar es la jícama, aunque es un poco laboriosa a veces”, remata. De ésta última fruta Toribio obtiene la figura de un pato, para sorpresa de los asistentes al taller.

Deja escuela


Aunque no tuvo clases de tallado de fruta, Oscar se ha convertido en el maestro de otros chefs en el Hotel Paradisus. “Ahora me dedico a enseñarle a la gente y a los cocineros a hacer decoración para buffet. Tenemos cursos en las cocinas y damos lecciones de detallado a nuestro personal”.

Dicho esto, toma una sandía y comienza a hacer alquimia con ella. Sin embargo se da cuenta a la mitad del trabajo que la fruta no está buena y la deshecha por otra. Comienza desde cero sin que el contratiempo parezca molestarlo en lo más mínimo. “Si la fruta está picada o pasada, es mejor no tentar a la suerte”.

El chef sólo sonríe cuando se le pregunta si se considera un buen maestro. Afirma que eso es algo que tendrían que responder sus alumnos, a quienes les recuerda la primera regla y el primer concepto del tallado de frutas: “Hay que tener mucha concentración para no pasarse del corte y hacer una figura correcta. Hay que ser pacientes siempre, porque como dice el dicho ‘la práctica hace al maestro’”, agrega, al tiempo que ha convertido la nueva sandía en un par de soles.

EL INFORMADOR / Francisco González

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