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Sueños de altura
Los miembros de Expedición BetterWare coinciden principalmente por su amor al aire libre
GUADALAJARA, JALISCO (03/JUL/2016).- En la segunda subida el viento les impidió llegar a la cumbre por solamente 50 metros. Regresaron tundidos y cansados al campamento pero con la convicción de subir de nuevo al día siguiente; los nueve tapatíos de la Expedición BetterWare nombraron como “Sueños de Altura” su proyecto de subir el Denali, en Alaska, como un honor a la perseverancia, porque no importa si no llegas a la meta, sino cuántas veces lo intentaste.
“Era probar qué tan alto es nuestro sueño, si hubiéramos tenido necesidad lo hacemos una cuarta vez, una quinta, suena raro… pero no era lograr la cumbre, el sueño es cuántas veces estábamos dispuestos a intentarlo”, dice Diego Gutiérrez Méndez, quien juntó a Daniel Araiza Chávez y otros siete compañeros (Diego Gutiérrez Hermosillo, Juan Pablo Gómez, Javier Torres, Alejandro Orendain, Alfonso Martínez, Mario de la Peña y Héctor Ponce) se fijaron como meta escalar la montaña más alta de América del Norte.
Dicen que la tercera es la vencida, y así les pasó. El 14 de junio de 2016, seis de los integrantes alcanzaron la cumbre de seis mil 200 metros (los otros tres regresaron), tras quince días de estar en la montaña y ocho meses de preparación previa. “Aunque sabes que aún falta la bajada, estás contento, te das cuenta que es un espacio vacío al que no perteneces, puedes ver periféricamente hacia dónde quieras, hay felicidad, éxtasis, lágrimas, risas. Nos tocó una alfombra de nubes bajas y el atardecer bajando de la cumbre. Tratas de asimilar lo que ves, te das cuenta que lo que vale es todo el proceso de aprendizaje”, comenta Daniel Araiza sobre la experiencia de llegar a lo más alto.
Con dos dedos lastimados, Diego sonríe al recordar lo que pasó por su mente cuando alcanzó la cima luego de un segundo intento que le pegó mucho anímicamente, porque significó hacer el mismo esfuerzo sin lograr el objetivo principal. “El cuerpo comienza a sentir los estragos, te la piensas. Por fortuna tuvimos fuerza y tiempo de volver a internarlo. Al lograrlo vas eufórico porque valió la pena, a veces sufrir físicamente tiene sus consecuencias buenas”.
Todo comienza por un anhelo
Algunos son amigos de muchos años, otros se conocen por la universidad, pero los miembros de Expedición BetterWare coinciden principalmente por su amor por el aire libre y la montaña. Una vez que se pusieron como meta subir el Denali, antes conocido como McKinley, comenzaron a buscar patrocinadores para los 17 días que estuvieron arriba, ya que subir cuesta alrededor de cinco mil dólares por persona, debido a que hay muchos gastos como el vuelo, la avioneta, los permisos, el equipo, la comida. Fueron muchos días de ejercicios tempraneros, luego ir a la oficina y buscar tiempo de hacer citas, de sacrificios, y hasta Diego Gutiérrez Méndez cuenta que tuvo que despachar pronto a sus amigos el día de su cumpleaños porque debía levantarse temprano a entrenar al día siguiente. “Lo que queremos proponer no es que hagan montañismo, cada quien tiene su diferente pasión, lo importante es decir, mi sueño es correr un maratón en seis meses y que sepas que lo logras porque lo logras, con ganas, por eso le pusimos ‘Sueños de Altura’”, explica.
Daniel Araiza Chávez, quien es experto en montañismo, describe al Denali como una montaña grande, peligrosa con más elevación que el Everest, porque en la más famosa empiezas a escalar en los cinco mil 300 metros y terminas en ocho mil 800 metros, mientras que en la norteamericana se inicia en los dos mil metros y finalizas en los seis mil 200 metros. “Son 400 metros más, y estás pegado al Polo Norte, en el Everest les ayudan con la carga, con tanques de oxígeno, y acá el Denali es muy exigente, estás en condiciones austeras, es muy difícil, muchos vientos, clima impredecible”.
Es por eso que el ascenso requiere más esfuerzo y en él logras una autoexploración en la cual te das cuenta quién eres y cómo puedes actuar ante situaciones de presión, de exigencia física o malestar, resalta Daniel. “Queremos inspirar a las nuevas generaciones proponiendo un proyecto innovador y retándose no solamente como persona sino en físico, un sacrificio de humildad, tú te preparas lo mejor que puedes y al final la montaña te dice si sí o no. Hay valores como determinación. No eres nada contra la naturaleza”.
La montaña te cambia, reflexiona Diego. “Te haces más aguantador, luchón, ya no te achicas ante cualquier situación, te das cuenta que no solamente fue el esfuerzo, sino el trabajo de organizar tu trabajo y tiempo para sacar adelante el proyecto, ves que a veces te quejas por cosas pequeñas, como ser humano te ayuda a valorar y crecer”.
“Era probar qué tan alto es nuestro sueño, si hubiéramos tenido necesidad lo hacemos una cuarta vez, una quinta, suena raro… pero no era lograr la cumbre, el sueño es cuántas veces estábamos dispuestos a intentarlo”, dice Diego Gutiérrez Méndez, quien juntó a Daniel Araiza Chávez y otros siete compañeros (Diego Gutiérrez Hermosillo, Juan Pablo Gómez, Javier Torres, Alejandro Orendain, Alfonso Martínez, Mario de la Peña y Héctor Ponce) se fijaron como meta escalar la montaña más alta de América del Norte.
Dicen que la tercera es la vencida, y así les pasó. El 14 de junio de 2016, seis de los integrantes alcanzaron la cumbre de seis mil 200 metros (los otros tres regresaron), tras quince días de estar en la montaña y ocho meses de preparación previa. “Aunque sabes que aún falta la bajada, estás contento, te das cuenta que es un espacio vacío al que no perteneces, puedes ver periféricamente hacia dónde quieras, hay felicidad, éxtasis, lágrimas, risas. Nos tocó una alfombra de nubes bajas y el atardecer bajando de la cumbre. Tratas de asimilar lo que ves, te das cuenta que lo que vale es todo el proceso de aprendizaje”, comenta Daniel Araiza sobre la experiencia de llegar a lo más alto.
Con dos dedos lastimados, Diego sonríe al recordar lo que pasó por su mente cuando alcanzó la cima luego de un segundo intento que le pegó mucho anímicamente, porque significó hacer el mismo esfuerzo sin lograr el objetivo principal. “El cuerpo comienza a sentir los estragos, te la piensas. Por fortuna tuvimos fuerza y tiempo de volver a internarlo. Al lograrlo vas eufórico porque valió la pena, a veces sufrir físicamente tiene sus consecuencias buenas”.
Todo comienza por un anhelo
Algunos son amigos de muchos años, otros se conocen por la universidad, pero los miembros de Expedición BetterWare coinciden principalmente por su amor por el aire libre y la montaña. Una vez que se pusieron como meta subir el Denali, antes conocido como McKinley, comenzaron a buscar patrocinadores para los 17 días que estuvieron arriba, ya que subir cuesta alrededor de cinco mil dólares por persona, debido a que hay muchos gastos como el vuelo, la avioneta, los permisos, el equipo, la comida. Fueron muchos días de ejercicios tempraneros, luego ir a la oficina y buscar tiempo de hacer citas, de sacrificios, y hasta Diego Gutiérrez Méndez cuenta que tuvo que despachar pronto a sus amigos el día de su cumpleaños porque debía levantarse temprano a entrenar al día siguiente. “Lo que queremos proponer no es que hagan montañismo, cada quien tiene su diferente pasión, lo importante es decir, mi sueño es correr un maratón en seis meses y que sepas que lo logras porque lo logras, con ganas, por eso le pusimos ‘Sueños de Altura’”, explica.
Daniel Araiza Chávez, quien es experto en montañismo, describe al Denali como una montaña grande, peligrosa con más elevación que el Everest, porque en la más famosa empiezas a escalar en los cinco mil 300 metros y terminas en ocho mil 800 metros, mientras que en la norteamericana se inicia en los dos mil metros y finalizas en los seis mil 200 metros. “Son 400 metros más, y estás pegado al Polo Norte, en el Everest les ayudan con la carga, con tanques de oxígeno, y acá el Denali es muy exigente, estás en condiciones austeras, es muy difícil, muchos vientos, clima impredecible”.
Es por eso que el ascenso requiere más esfuerzo y en él logras una autoexploración en la cual te das cuenta quién eres y cómo puedes actuar ante situaciones de presión, de exigencia física o malestar, resalta Daniel. “Queremos inspirar a las nuevas generaciones proponiendo un proyecto innovador y retándose no solamente como persona sino en físico, un sacrificio de humildad, tú te preparas lo mejor que puedes y al final la montaña te dice si sí o no. Hay valores como determinación. No eres nada contra la naturaleza”.
La montaña te cambia, reflexiona Diego. “Te haces más aguantador, luchón, ya no te achicas ante cualquier situación, te das cuenta que no solamente fue el esfuerzo, sino el trabajo de organizar tu trabajo y tiempo para sacar adelante el proyecto, ves que a veces te quejas por cosas pequeñas, como ser humano te ayuda a valorar y crecer”.