Suplementos
“Soy el Cristo, pero no lo digan”
¿Quién pensaría en recibir un milagro y quedarse callado, cuando nuestro primer impulso es correr a contar a todos la buena noticia?
En ocasiones el Señor Jesús hizo cosas que los hombres no necesariamente entendían en el momento, aunque después tenían significado. Por ejemplo, en una ocasión sanó a un enfermo, pero le encargó que no lo dijese a los demás, sino que simplemente se presentara ante el sacerdote, para confirmar su sanidad. ¿Quién pensaría en recibir un milagro y quedarse callado, cuando nuestro primer impulso es correr a contar a todos la buena noticia?
En otra ocasión similar, Jesús preguntó a sus discípulos acerca de lo que la gente pensaba de Él, y cuando ellos concluyeron que se trataba del Cristo, les encargó que no lo dijeran a nadie. ¿Por qué?, ¿cuál era la razón de que ellos callaran algo tan importante, sobre todo si era evidente que la gente estaba equivocada respecto a su opinión de Jesús?
El asunto que nos relata Mateo 16, 13-20 dice que Jesús mismo comenzó la conversación, preguntando a sus discípulos sobre lo que habían oído de la gente, respecto a la identidad del Señor. La mayoría consideraba a Jesús un gran profeta, del calibre de Juan el Bautista, o de Elías, o incluso Jeremías. Todos ellos habían sido valientes y poderosos en hechos y palabras, lo que encajaba en el perfil de Jesús; sin embargo, el Señor estaba interesado en saber si sus propios discípulos pensaban lo mismo, o se habían dado cuenta de que Él era más que un profeta.
Entonces les preguntó directamente: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. El primero en responder fue Pedro, diciendo algo que no se había considerado antes: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Esta afirmación era tan seria y profunda que fue la razón por la que Jesús fue condenado a muerte por los líderes religiosos; muchos testigos falsos se presentaron para acusar a Jesús, pero sus testimonios no concordaban, hasta que el Sumo Sacerdote lo enfrentó preguntándole: “¿Eres Tú el Cristo, el Hijo de Dios?”. Una vez que Jesús respondió afirmativamente, el Sanedrín lo condenó a muerte, por haber considerado que esas palabras eran una blasfemia.
Por lo mismo, cuando Pedro afirmó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, corría el peligro de ser acusado de blasfemia por los líderes religiosos, y morir apedreado. Pero el asunto que me llama más la atención, es la respuesta de Jesús, quien le dijo a Pedro: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. En otras palabras, le estaba diciendo que la conclusión de Pedro no era por un ejercicio de lógica, o de deducción, o de plano una casualidad, sino que Dios el Padre mismo había hablado al corazón de Pedro para revelarle que el Maestro al que estaba siguiendo era el Cristo, el Mesías, el enviado de Dios para salvar al mundo, de quien habían hablado antes muchos profetas.
Me parece que esta es la clave para entender la aparente contradicción entre saber una buena noticia noticia... y callarla; la intención no era que los discípulos se quedaran siempre con la noticia de que Jesús era el Cristo tan esperado, y tan necesitado, sino que lo hicieran tiempo después, cuando su testimonio tuviera el poder del Espíritu Santo en sus vidas.
Se puede “hablar bien de Jesús”, usando la lógica, el razonamiento o la elocuencia, pero si no es algo que Dios el Padre ha revelado al corazón de esa persona, entonces se estará dando información sin valor, sin un cambio que trascienda su vida. Esta es la clave: hablar de alguien a quien conocemos personalmente, es mejor que hablar de alguien a quien conocemos intelectualmente.
La mejor manera de “hablar bien de Jesús” es dejar que Dios el Padre efectivamente nos revele que su amado Hijo es el Cristo, el Mesías, el Salvador del mundo.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
En otra ocasión similar, Jesús preguntó a sus discípulos acerca de lo que la gente pensaba de Él, y cuando ellos concluyeron que se trataba del Cristo, les encargó que no lo dijeran a nadie. ¿Por qué?, ¿cuál era la razón de que ellos callaran algo tan importante, sobre todo si era evidente que la gente estaba equivocada respecto a su opinión de Jesús?
El asunto que nos relata Mateo 16, 13-20 dice que Jesús mismo comenzó la conversación, preguntando a sus discípulos sobre lo que habían oído de la gente, respecto a la identidad del Señor. La mayoría consideraba a Jesús un gran profeta, del calibre de Juan el Bautista, o de Elías, o incluso Jeremías. Todos ellos habían sido valientes y poderosos en hechos y palabras, lo que encajaba en el perfil de Jesús; sin embargo, el Señor estaba interesado en saber si sus propios discípulos pensaban lo mismo, o se habían dado cuenta de que Él era más que un profeta.
Entonces les preguntó directamente: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. El primero en responder fue Pedro, diciendo algo que no se había considerado antes: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Esta afirmación era tan seria y profunda que fue la razón por la que Jesús fue condenado a muerte por los líderes religiosos; muchos testigos falsos se presentaron para acusar a Jesús, pero sus testimonios no concordaban, hasta que el Sumo Sacerdote lo enfrentó preguntándole: “¿Eres Tú el Cristo, el Hijo de Dios?”. Una vez que Jesús respondió afirmativamente, el Sanedrín lo condenó a muerte, por haber considerado que esas palabras eran una blasfemia.
Por lo mismo, cuando Pedro afirmó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, corría el peligro de ser acusado de blasfemia por los líderes religiosos, y morir apedreado. Pero el asunto que me llama más la atención, es la respuesta de Jesús, quien le dijo a Pedro: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. En otras palabras, le estaba diciendo que la conclusión de Pedro no era por un ejercicio de lógica, o de deducción, o de plano una casualidad, sino que Dios el Padre mismo había hablado al corazón de Pedro para revelarle que el Maestro al que estaba siguiendo era el Cristo, el Mesías, el enviado de Dios para salvar al mundo, de quien habían hablado antes muchos profetas.
Me parece que esta es la clave para entender la aparente contradicción entre saber una buena noticia noticia... y callarla; la intención no era que los discípulos se quedaran siempre con la noticia de que Jesús era el Cristo tan esperado, y tan necesitado, sino que lo hicieran tiempo después, cuando su testimonio tuviera el poder del Espíritu Santo en sus vidas.
Se puede “hablar bien de Jesús”, usando la lógica, el razonamiento o la elocuencia, pero si no es algo que Dios el Padre ha revelado al corazón de esa persona, entonces se estará dando información sin valor, sin un cambio que trascienda su vida. Esta es la clave: hablar de alguien a quien conocemos personalmente, es mejor que hablar de alguien a quien conocemos intelectualmente.
La mejor manera de “hablar bien de Jesús” es dejar que Dios el Padre efectivamente nos revele que su amado Hijo es el Cristo, el Mesías, el Salvador del mundo.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com