Suplementos
Ser agradecidos
Y por más fe que tenga, el ser humano llega a preguntarse, dónde está Dios
La Iglesia católica proclama a todos los hombres desde su inicio, esta “Buena Noticia”: “Dios te ama. Tú eres valioso e importante para Dios; tanto que, además de todo lo que te ha regalado, se ha encarnado, se ha hecho hombre y ha dado la vida por ti”. Pero esta “Buena Noticia” pareciera que en ocasiones contradijera la realidad, cuando aparece el sufrimiento, ya sea por la enfermedad, un accidente, la ruptura familiar, la muerte, etcétera.
Y por más fe que tenga, el ser humano llega a preguntarse, en ese momento, dónde está Dios y cómo es posible que si le ama tanto, permita que le sucedan esas cosas, al grado de caer en “crisis” de fe, a las que se les hace frente adecuadamente si se ha experimentado ese amor divino y se ha reflexionado sobre él. Por lo tanto, es necesario profundizar en los motivos de agradecimiento que tenemos con Dios para vencer las dudas de fe, lo mismo que para llevar esa fe a la vida práctica, conforme a las directrices evangélicas.
“Dios me ama”, es una expresión que nos causa gran gozo y consuelo, sin embargo, no basta con proclamarla, sino que hay que estar bien conscientes y convencidos de la verdad que encierra y lo que ella significa, y poder dar testimonio de ello a los demás, dando razón de nuestra fe.
Por ello, es preciso ir ahondando en ese amor de Dios por todos y por cada uno de los hombres, y de esa forma, ir descubriendo todos los aspectos de esa verdad y misterio, que refuerzan la convicción personal de que el Señor ama a cada hombre con un amor incomparable; convicción que no se debilita, ni mucho menos se pierde, incluso aunque en determinadas etapas de nuestra vida nos sintamos como sumergidos en una noche obscura, que pareciera que no tuviera fin.
La fe es un don, y la convicción, el resultado de esa fe. Pidamos al Señor que aumente nuestra fe y nuestra convicción de su infinito, incondicional y personal amor, para ser agradecidos por todo y en todo momento con Él, como nos lo dice San Pablo en la carta a los Efesios: “Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (5, 20)
Francisco Javier Cruz Luna
Y por más fe que tenga, el ser humano llega a preguntarse, en ese momento, dónde está Dios y cómo es posible que si le ama tanto, permita que le sucedan esas cosas, al grado de caer en “crisis” de fe, a las que se les hace frente adecuadamente si se ha experimentado ese amor divino y se ha reflexionado sobre él. Por lo tanto, es necesario profundizar en los motivos de agradecimiento que tenemos con Dios para vencer las dudas de fe, lo mismo que para llevar esa fe a la vida práctica, conforme a las directrices evangélicas.
“Dios me ama”, es una expresión que nos causa gran gozo y consuelo, sin embargo, no basta con proclamarla, sino que hay que estar bien conscientes y convencidos de la verdad que encierra y lo que ella significa, y poder dar testimonio de ello a los demás, dando razón de nuestra fe.
Por ello, es preciso ir ahondando en ese amor de Dios por todos y por cada uno de los hombres, y de esa forma, ir descubriendo todos los aspectos de esa verdad y misterio, que refuerzan la convicción personal de que el Señor ama a cada hombre con un amor incomparable; convicción que no se debilita, ni mucho menos se pierde, incluso aunque en determinadas etapas de nuestra vida nos sintamos como sumergidos en una noche obscura, que pareciera que no tuviera fin.
La fe es un don, y la convicción, el resultado de esa fe. Pidamos al Señor que aumente nuestra fe y nuestra convicción de su infinito, incondicional y personal amor, para ser agradecidos por todo y en todo momento con Él, como nos lo dice San Pablo en la carta a los Efesios: “Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (5, 20)
Francisco Javier Cruz Luna