Suplementos

Santiago en dos mercados

En la ciudad santiaguina persisten mercados con olor a tradición

GUADALAJARA, JALISCO (15/MAY/2016).- Hay que reconocerlo, a los santiaguinos les gustan los grandes centros comerciales. Los hay prácticamente en cada barrio y albergan exactamente lo mismo que puede albergar cualquier mall alrededor del mundo: muchas tiendas con ropa parecida y establecimientos de comida rápida. Quizá alguno se diferencia por tener salas de cine, pero por lo demás tienden a ser una copia unos de otros. Una moda de importación estadounidense que amenaza con borrar del mapa mercados tradicionales y llenos de personalidad donde comprar, vender o simplemente pasear en un ambiente puramente chileno y rebosante de autenticidad.

Proponemos un recorrido por dos mercados de toda la vida que todavía se pueden encontrar en Santiago de Chile.

Mercado Central

Situado frente a La Vega, pero al otro lado del río Mapocho, esta plaza especializada en pescado y marisco es muy conocida por propios y extraños: concentra la venta de productos del mar a particulares en un país con más de siete mil kilómetros de costa.

Tal es la variedad que ofrecen sus tenderos que prácticamente se ha convertido en un reclamo turístico más de la ciudad. No en vano, es el único mercado donde se pueden ver, tocar e incluso probar todo tipo de mariscos endémicos chilenos, como piures, locos, picorocos o jaibas. Las almejas son talla XXL, al igual que los mejillones. Congrios, corvinas, lenguados, merluzas, pejerreyes, róbalos y atunes lucen vistosos en busca de compradores mientras que los restaurantes del propio recinto ofrecen cartas repletas de producto fresco a precios más que razonables.

Conviene buscar los restaurantes más pequeños y escondidos, ya que los demás están atiborrados de turistas. No es para menos: hace unos años la revista National Geographic incluyó el Central entre los cinco mejores mercados del mundo.

El Persa Bio Bio


Aunque con el tiempo ha ido perdiendo parte de su esencia, el Bio Bio es la madre de todos los rastros. No es una calle, ni dos… es un barrio entero. Una zona de la ciudad donde cada manzana cobija cientos de puestos y tiendas donde es posible encontrar (verdaderamente) todo lo que se te ocurra. Algunos de estos viejos galpones se dedican exclusivamente al textil (y sus protocolarias falsificaciones), otros a mobiliario, a electrónica.

Los más interesantes son los que están llenos hasta la bandera de antigüedades. Entrar en una de estas naves es como retroceder varias décadas en el tiempo. De hecho, muchos son los productores de cine que bucean en el Bio Bio en busca de antiguallas para decorados y ambientaciones de películas de época. Un mundo paralelo repleto hasta el exceso de tesoros cogiendo polvo y esperando ser rescatados donde, eso sí, conviene que el viajero vigile sus artículos de valor, como carteras y teléfonos.

Temas

Sigue navegando