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Resucitar con Él

El alma, que es inmortal, se separa del cuerpo, pero sigue viviendo y recibe de Dios el premio o castigo merecido por sus obras hechas durante su vida terrena

San Pablo a través de sus cartas, nos habla de un misterio que le da un sentido pleno a la Resurrección de Jesús, la cual este domingo, la Iglesia celebra solemne y gozosamente, como la fiesta más grande de nuestra fe cristiana: nuestra resurrección en Cristo. Nos dice en la carta a los Romanos, capítulo 6, versos 3 al 5: “¿No saben que todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte? Por este bautismo en su muerte, fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva? Si la comunión en su muerte nos injertó  en él, también compartiremos su resurrección.”

Y en la carta a los Gálatas capítulo 2, versos 11-12: “En el bautismo fueron sepultados con Cristo. Y en él fueron luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos.”

Ahora bien, de acuerdo al Catecismo, sabemos que como consecuencia del pecado original, nuestra vida en la tierra termina con la muerte, es decir, la separación del alma y del cuerpo. Adán pecó y entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte.

Pero no todo termina con la muerte. El alma, que es inmortal, se separa del cuerpo, pero sigue viviendo y recibe de Dios el premio o castigo merecido por sus obras hechas durante su vida terrena. Al fin del mundo resucitarán nuestros propios cuerpos y se unirán a sus almas. Entonces nuestro Señor Jesucristo vendrá con gloria y majestad a juzgar a todos los hombres, unidas ya las almas a sus propios cuerpos, para nunca más morir.

Esto es lo que se conoce como “resurrección de la carne”, lo cual quiere decir que, como Cristo resucitó, así también nosotros resucitaremos al fin del mundo, volviendo a unirse nuestras almas con nuestros propios cuerpos, para nunca más morir.

"La Resurrección es un acontecimiento que concierne evidentemente, ante todo, al destino  personal, singular, de Jesús. Pero es al mismo tiempo un misterio de salvación, un  acontecimiento que lleva en sí, como en germen, la salvación de toda la humanidad... El  ‘poder’ que Dios desplegó para resucitar a su Hijo, lo pondrá por obra para con los hombres  que son con Cristo 'un solo cuerpo'" (J. -CI. Brootcorne).

Nuestra existencia no camina hacia la muerte. Jesús es la prenda y la fuente de nuestra  existencia eterna. Victoria de la vida, que no es empujada hacia un futuro ilusorio, porque es victoria para hoy. La "Pascua" que vivimos con Cristo nos hace pasar desde ahora a la verdadera vida, que es comunión con Dios. Desde la mañana de Pascua vivimos en régimen  de resurrección, y "en esta existencia cotidiana que recibimos de tu gracia ha comenzado ya la vida eterna" (Pr, dom. ord. VI).

Alegrémonos todos por el inmenso amor y misericordia divinos que se manifiestan en su plenitud en el misterio de la Resurrección, la de Jesús y la nuestra.

¡Resucitó! Cumplió lo anunciado,
de ser Él, la muerte para la muerte;
es por ello que si no quieres perderte,
aun es tiempo de volver a su lado.

De regresar como el hijo pródigo,
con un corazón contrito y humillado,
Él desde siempre  te ha esperado;
te ama como hermano y como amigo.

Si con Él mueres a tu egoísmo
podrás con Él, al amor resucitar,
y de una vida eterna disfrutar
con un amor vivido al paroxismo.

FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA

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