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Responsabilidad de los laicos
Es preciso que, además del estudio serio y bien sustentado de la Biblia, los católicos conozcamos los documentos de dicho Magisterio
Sabemos que el Señor nos habla de varias maneras, pero especialmente a través de su Palabra, en la Sagrada Escritura, y del Magisterio de la Iglesia, al que Él le encargó que la interpretara y la encarnara en las realidades de las diferentes etapas de la historia.
Por ello es preciso que, además del estudio serio y bien sustentado de la Biblia, los católicos conozcamos los documentos de dicho Magisterio; y no sólo eso, sino que, al igual que a la Palabra de Dios, creamos en su enseñanza y la pongamos en práctica, pues será la única forma de trabajar unidos y bajo la directriz de nuestros pastores, desde el Papa, nuestros obispos y nuestros párrocos.
A propósito del pasaje evangélico de este domingo, traigo a colación la urgencia que nuestro Iglesia tiene de evangelizar en los lugares o ambientes en los que no se conoce a Jesucristo y su Mensaje de Salvación, y de reevangelizar en los que ya se ha predicado, pero que la fe y la vida cristianas han venido a menos.
Hace algunos años, Juan Pablo II, visualizando ya la realidad que hoy por hoy vivimos, convocó a toda la Iglesia a una Nueva Evangelización: lo que significaba llevar el mismo Mensaje, pero con “nuevos métodos, nuevo ardor y nueva expresión”.
En otro momento, y para enfatizar la importancia que tenemos los laicos (todo aquel bautizado que no sea ni sacerdote, diácono o religioso consagrado) en esa tarea, en las conclusiones del Sínodo de América, afirma lo siguiente:
“Es necesario, por tanto, que los fieles laicos sean conscientes de su dignidad de bautizados. Por su parte, los Pastores han de estimar profundamente “el testimonio y la acción evangelizadora de los laicos que, integrados en el pueblo de Dios con espiritualidad de comunión, conducen a sus hermanos al encuentro con Jesucristo vivo. La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia”. (Juan Pablo II. Ecclesia in América. n. 44). Palabras contundentes para todos los bautizados, para todos los católicos que siendo laicos, amamos a Jesucristo y a su Iglesia y queremos obedecerle en su mandato, el cual hoy nos recuerda precisamente la lectura del Evangelio de la Eucaristía dominical: “Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación>>”, dirigiéndose a aquellos discípulos a los que les mandó esto, antes de subir al Cielo, estando representados en ellos, todos los que creemos en Él y lo hemos aceptado como nuestro único Señor y Salvador.
¡Qué privilegio nos concede Jesucristo al hacernos partícipes de su obra redentora, y qué grave responsabilidad tenemos, de la cual Dios nos pedirá cuentas cuando nos presentemos ante Él.
La evangelización, pues, es un deber de todos los bautizados y no sólo de los presbíteros y demás consagrados.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
Por ello es preciso que, además del estudio serio y bien sustentado de la Biblia, los católicos conozcamos los documentos de dicho Magisterio; y no sólo eso, sino que, al igual que a la Palabra de Dios, creamos en su enseñanza y la pongamos en práctica, pues será la única forma de trabajar unidos y bajo la directriz de nuestros pastores, desde el Papa, nuestros obispos y nuestros párrocos.
A propósito del pasaje evangélico de este domingo, traigo a colación la urgencia que nuestro Iglesia tiene de evangelizar en los lugares o ambientes en los que no se conoce a Jesucristo y su Mensaje de Salvación, y de reevangelizar en los que ya se ha predicado, pero que la fe y la vida cristianas han venido a menos.
Hace algunos años, Juan Pablo II, visualizando ya la realidad que hoy por hoy vivimos, convocó a toda la Iglesia a una Nueva Evangelización: lo que significaba llevar el mismo Mensaje, pero con “nuevos métodos, nuevo ardor y nueva expresión”.
En otro momento, y para enfatizar la importancia que tenemos los laicos (todo aquel bautizado que no sea ni sacerdote, diácono o religioso consagrado) en esa tarea, en las conclusiones del Sínodo de América, afirma lo siguiente:
“Es necesario, por tanto, que los fieles laicos sean conscientes de su dignidad de bautizados. Por su parte, los Pastores han de estimar profundamente “el testimonio y la acción evangelizadora de los laicos que, integrados en el pueblo de Dios con espiritualidad de comunión, conducen a sus hermanos al encuentro con Jesucristo vivo. La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia”. (Juan Pablo II. Ecclesia in América. n. 44). Palabras contundentes para todos los bautizados, para todos los católicos que siendo laicos, amamos a Jesucristo y a su Iglesia y queremos obedecerle en su mandato, el cual hoy nos recuerda precisamente la lectura del Evangelio de la Eucaristía dominical: “Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación>>”, dirigiéndose a aquellos discípulos a los que les mandó esto, antes de subir al Cielo, estando representados en ellos, todos los que creemos en Él y lo hemos aceptado como nuestro único Señor y Salvador.
¡Qué privilegio nos concede Jesucristo al hacernos partícipes de su obra redentora, y qué grave responsabilidad tenemos, de la cual Dios nos pedirá cuentas cuando nos presentemos ante Él.
La evangelización, pues, es un deber de todos los bautizados y no sólo de los presbíteros y demás consagrados.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx