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Religión y cerebro: Neuroteología
Para acercarnos a Dios y conocerlo es necesario conocer Su creación.
Para acercarnos a Dios y conocerlo es necesario conocer Su creación. San Buenaventura nos hace saber que la creación es espejo de Dios, y que el primer paso para llegar a Él es a través de la creación entera. Conocer y entender a las criaturas es, entonces, una condición necesaria para una vida espiritual plena. Con respecto a esto, los asombrosos avances científicos logrados desde la década de los 90’s del siglo pasado hasta nuestros días, nos están proporcionando una imagen del hombre cada vez más nítida en su magnificencia corporal. El cerebro, alguna vez considerado un misterio a desvelar, se entiende cada vez mejor y con cada descubrimiento científico realizado, se revela el prodigio evolutivo de la criatura humana.
La inmensa gama de hallazgos de los últimos veinte años de investigación científica, dio lugar al nacimiento de una nueva ciencia: la neuroteología. He de señalar que el término, como neologismo, fue acuñado por Aldous Huxley (1894-1963), autor del conocido libro “Un Mundo Feliz”, quien la define concretamente como “el proyecto de búsqueda y aprovechamiento de las posibles correlaciones entre fenómenos neurológicos y la vivencia religiosa”. En la actualidad, la neuroteología estudia las actividades neuronales relacionadas con experiencias espirituales y ofrece una serie de explicaciones de los fenómenos asociados con tales experiencias.
El origen experimental –base del método científico– de la neuroteología se encuentra en los trabajos del Dr. Herbert Benson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas del mundo. Benson estableció que el sistema de respuesta al estrés afecta a todo el sistema nervioso, y descubrió que la meditación ayuda a relajarlo, a disminuir la presión arterial, a mejorar la salud del corazón, a prolongar la vida y a dar felicidad.
Tras años de investigación clínica, Benson también encontró que las personas que practicaban la meditación como una forma de oración, mostraban tendencia a obtener una mejor salud que aquellas que la practicaban como simple forma de obtener beneficios fisiológicos y físicos.
La creencia en Dios y la meditación basada en la fe estimulan el sistema nervioso parasimpático, lo que supone mayores beneficios para la mente y el cuerpo, que la meditación agnóstica o médica. Todo ello fue verificado en un estudio publicado en 2001, en el que se llevaron a cabo mediciones de la actividad cerebral en mojes tibetanos y frailes franciscanos, asunto que ya traté en ocasiones anteriores. Lo nuevo aquí es lo que la investigadora Sara Lazar, también de Harvard, ha encontrado.
Lazar y sus colaboradores analizaron con tomografía por resonancia magnética, una técnica por la que se obtiene información sobre la estructura y composición del cerebro, a grupos de religiosos que practican la meditación. De esta manera pudieron relacionar la meditación con un acrecentamiento de la corteza cerebral; esto es, demostraron que las personas que practican la meditación tienen una corteza cerebral más gruesa que aquellas que no la practican.
La corteza cerebral es el manto de tejido nervioso que recubre el cerebro y es donde se realizan las funciones superiores cerebrales de la persona: la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión. Por consiguiente, la religión y sus prácticas traen como consecuencia una mejoría notable del cerebro superior, con lo que realmente se crece como persona.
Podemos entonces estar seguros de que las personas de fe, sí tienen un mayor grado de superioridad respecto al hombre común. Sin embargo, ha de ser una fe verdadera, como nos la hace ver Benedicto XVI: “Esta virtud implica que yo renuncie a la arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar por mí mismo, sin confiarme a otros. Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual, es necesario”. ¿Estamos dispuestos realmente a renunciar a todo lo que menciona Su Santidad? Si es así, podemos estar seguros nuevamente que se hará realidad de vida la sentencia evangélica “Busca primero el reino de Dios y todo se dará por añadidura” (Mt 6, 33).
Conocer la creación a fondo, es conocer el amor del Padre de quien todo procede; entender el funcionamiento del cerebro en relación con la religiosidad, nos permitirá encontrar los mejores caminos para llegar a Dios y alcanzar la santidad. Continuaremos en este camino. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
Antonio Lara Barragán Gómez
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx
La inmensa gama de hallazgos de los últimos veinte años de investigación científica, dio lugar al nacimiento de una nueva ciencia: la neuroteología. He de señalar que el término, como neologismo, fue acuñado por Aldous Huxley (1894-1963), autor del conocido libro “Un Mundo Feliz”, quien la define concretamente como “el proyecto de búsqueda y aprovechamiento de las posibles correlaciones entre fenómenos neurológicos y la vivencia religiosa”. En la actualidad, la neuroteología estudia las actividades neuronales relacionadas con experiencias espirituales y ofrece una serie de explicaciones de los fenómenos asociados con tales experiencias.
El origen experimental –base del método científico– de la neuroteología se encuentra en los trabajos del Dr. Herbert Benson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas del mundo. Benson estableció que el sistema de respuesta al estrés afecta a todo el sistema nervioso, y descubrió que la meditación ayuda a relajarlo, a disminuir la presión arterial, a mejorar la salud del corazón, a prolongar la vida y a dar felicidad.
Tras años de investigación clínica, Benson también encontró que las personas que practicaban la meditación como una forma de oración, mostraban tendencia a obtener una mejor salud que aquellas que la practicaban como simple forma de obtener beneficios fisiológicos y físicos.
La creencia en Dios y la meditación basada en la fe estimulan el sistema nervioso parasimpático, lo que supone mayores beneficios para la mente y el cuerpo, que la meditación agnóstica o médica. Todo ello fue verificado en un estudio publicado en 2001, en el que se llevaron a cabo mediciones de la actividad cerebral en mojes tibetanos y frailes franciscanos, asunto que ya traté en ocasiones anteriores. Lo nuevo aquí es lo que la investigadora Sara Lazar, también de Harvard, ha encontrado.
Lazar y sus colaboradores analizaron con tomografía por resonancia magnética, una técnica por la que se obtiene información sobre la estructura y composición del cerebro, a grupos de religiosos que practican la meditación. De esta manera pudieron relacionar la meditación con un acrecentamiento de la corteza cerebral; esto es, demostraron que las personas que practican la meditación tienen una corteza cerebral más gruesa que aquellas que no la practican.
La corteza cerebral es el manto de tejido nervioso que recubre el cerebro y es donde se realizan las funciones superiores cerebrales de la persona: la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión. Por consiguiente, la religión y sus prácticas traen como consecuencia una mejoría notable del cerebro superior, con lo que realmente se crece como persona.
Podemos entonces estar seguros de que las personas de fe, sí tienen un mayor grado de superioridad respecto al hombre común. Sin embargo, ha de ser una fe verdadera, como nos la hace ver Benedicto XVI: “Esta virtud implica que yo renuncie a la arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar por mí mismo, sin confiarme a otros. Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual, es necesario”. ¿Estamos dispuestos realmente a renunciar a todo lo que menciona Su Santidad? Si es así, podemos estar seguros nuevamente que se hará realidad de vida la sentencia evangélica “Busca primero el reino de Dios y todo se dará por añadidura” (Mt 6, 33).
Conocer la creación a fondo, es conocer el amor del Padre de quien todo procede; entender el funcionamiento del cerebro en relación con la religiosidad, nos permitirá encontrar los mejores caminos para llegar a Dios y alcanzar la santidad. Continuaremos en este camino. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
Antonio Lara Barragán Gómez
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx