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Quelite mío
Encuentras en este lugar suprema cocina mexicana en grandes porciones
GUADALAJARA, JALISCO (24/JUL/2016).- Más allá de ser un lugar acogedor, lleno de una rica historia y con un personal que ha convertido el comportamiento amable en casi una religión, la mayor huella que deja Quelite mío en sus visitantes es su sabor. Lo que aquí encuentras es suprema cocina mexicana, en grandes porciones y un sabor de esos que se anidan en el corazón, y claro, en el paladar.
La primer pregunta que te debes estar hacendo es, ¿y dónde está? A unos 35 minutos de la ciudad de Mazatlán, enclavado en la sierra que rodea a la urbe y a un costado del río que le da nombre al pueblo.
Alejado del usual paisaje playero mazatleco, aquí encontrarás el pequeño y pintoresco pueblo de El Quelite, uno de los tesoros turísticos que el puerto sinaloense está promoviendo en fechas recientes. Casitas de colores, gente de semblante sonriente, casas con techos de teja y una rica naturaleza. Tranquilo (con menos de mil habitantes, no podía ser de otra forma). Es en el Centro de esta localidad que se encuentra Quelite Mío, restaurante que se levanta hoy sobre lo que fuera una hacienda del siglo XIX. Su fachada, en una vibrante combinación de colores arena y café es toda una invitación para aventurarse a su interior, y su comida...su comida es una invitación para no querer irse jamás. ¿Exploramos la carta?
LAS BEBIDAS
La elección popular y familiar es la jarra con agua fresca, pregunta por el sabor del día (jamaica, piña, limón, papaya, pepino y coco). Por la mañana también puedes pedir el infaltable chocomilk.
Ahora bien, ir a Mazatlán es entrar en zona de buena cerveza. La carta tiene entre sus opciones más populares la Pacífico, Negra Modelo y Modelo Especial, entre otras. ¡Pregunta por el maridaje adecuado!
LOS POSTRES
Con todo y las enormes porciones y la variedad de opciones que ofrece Quelite Mío, el menú tiene espacio también para los postres. ¡Y vaya postres! Hay uno que me parece vale la pena que pruebes: La Conserva de papaya. Es un dulce tradicional de la región, que le da de paso una nueva dimensión a esta fruta. Hay otras opciones, como pan dulce y el dulce de leche, que también son deliciosos.
LAS INSTALACIONES
Si visitas Quelite Mío, vale la pena que comas en el patio. Y es que es allí donde se aprecia en toda su gloria la cantidad de detalles con los que cuenta la antigua Hacienda. Terminados en madera, una decoración mexicana, espacios amplios y coloridos, el sonido de los animales de la granja y el clima que es una delicia en esta zona del país. Es una de esas experiencias que debes de vivir para sacarle jugo a la experiencia.
EL AMBIENTE
El restaurante no niega “la cruz” de su parroquia. La música del recinto oscila entre el ranchero y la banda, además de que hay espectáculos ecuestres (incluso te podrás subir en alguno de los hermosos caballos o pony s con los que cuenta el lugar).
La apuesta de Quelite mío es familiar, por lo que el menú incluye un apartado especial para los reyes del hogar.
LA HISTORIA DETRÁS
La finca de Quelite Mío fue construida bajo las expensas de Camilo Osuna Lizárraga, aunque fue concluida en 1899, ya bajo la supervisión de su esposa, Petra Arámburo Lizárraga. Los dos fueron gestores de la legalización de los terrenos de El Amole, en cuyas tierras se habría de edificar El Quelite. La gesión de Camilo Osuna lo llevó incluso a entrevistarse con el entonces presidente Porfirio Díaz, en 1886.
Sabores para disfrutar a todas horas
Quelite Mío se ha convertido en uno de los lugares más populares entre los mazatlecos para disfrutar de un buen desayuno. La oferta en este caso va de lo ligero (plato de frutas, panqueques y pan dulce) hasta lo sustancial. De ley tienes qué pedir el café de la casa, que tiene chocolate, canela, jugo de naranja y clavo de olor.
La hora de la comida es el momento en el que Quelite Mío despliega en toda su gloria la diversa gastronomía de la zona. El menú es una invitación para que disfrutes de lo mejor de cielo, mar y tierra. Eso sí, estamos en zona marina, por lo que la mano siempre la lleva la comida salida de las profundidades del océano.
Las opciones de arranque van desde el tradicional coctel de camarón y camarón con pulpo, hasta la campechana de mariscos.
Quien escribe estas palabras no se pudo resistir a probar los cortes y la carne asada. ¡Qué maravilla! El aroma y la cocción son perfectos, y las porciones son más que generosas (vale la pena que vayas en grupo). El borrego tatemado es un paraíso a los sentidos (tradicional de la zona) y no se diga el menudo de res.
La primer pregunta que te debes estar hacendo es, ¿y dónde está? A unos 35 minutos de la ciudad de Mazatlán, enclavado en la sierra que rodea a la urbe y a un costado del río que le da nombre al pueblo.
Alejado del usual paisaje playero mazatleco, aquí encontrarás el pequeño y pintoresco pueblo de El Quelite, uno de los tesoros turísticos que el puerto sinaloense está promoviendo en fechas recientes. Casitas de colores, gente de semblante sonriente, casas con techos de teja y una rica naturaleza. Tranquilo (con menos de mil habitantes, no podía ser de otra forma). Es en el Centro de esta localidad que se encuentra Quelite Mío, restaurante que se levanta hoy sobre lo que fuera una hacienda del siglo XIX. Su fachada, en una vibrante combinación de colores arena y café es toda una invitación para aventurarse a su interior, y su comida...su comida es una invitación para no querer irse jamás. ¿Exploramos la carta?
LAS BEBIDAS
La elección popular y familiar es la jarra con agua fresca, pregunta por el sabor del día (jamaica, piña, limón, papaya, pepino y coco). Por la mañana también puedes pedir el infaltable chocomilk.
Ahora bien, ir a Mazatlán es entrar en zona de buena cerveza. La carta tiene entre sus opciones más populares la Pacífico, Negra Modelo y Modelo Especial, entre otras. ¡Pregunta por el maridaje adecuado!
LOS POSTRES
Con todo y las enormes porciones y la variedad de opciones que ofrece Quelite Mío, el menú tiene espacio también para los postres. ¡Y vaya postres! Hay uno que me parece vale la pena que pruebes: La Conserva de papaya. Es un dulce tradicional de la región, que le da de paso una nueva dimensión a esta fruta. Hay otras opciones, como pan dulce y el dulce de leche, que también son deliciosos.
LAS INSTALACIONES
Si visitas Quelite Mío, vale la pena que comas en el patio. Y es que es allí donde se aprecia en toda su gloria la cantidad de detalles con los que cuenta la antigua Hacienda. Terminados en madera, una decoración mexicana, espacios amplios y coloridos, el sonido de los animales de la granja y el clima que es una delicia en esta zona del país. Es una de esas experiencias que debes de vivir para sacarle jugo a la experiencia.
EL AMBIENTE
El restaurante no niega “la cruz” de su parroquia. La música del recinto oscila entre el ranchero y la banda, además de que hay espectáculos ecuestres (incluso te podrás subir en alguno de los hermosos caballos o pony s con los que cuenta el lugar).
La apuesta de Quelite mío es familiar, por lo que el menú incluye un apartado especial para los reyes del hogar.
LA HISTORIA DETRÁS
La finca de Quelite Mío fue construida bajo las expensas de Camilo Osuna Lizárraga, aunque fue concluida en 1899, ya bajo la supervisión de su esposa, Petra Arámburo Lizárraga. Los dos fueron gestores de la legalización de los terrenos de El Amole, en cuyas tierras se habría de edificar El Quelite. La gesión de Camilo Osuna lo llevó incluso a entrevistarse con el entonces presidente Porfirio Díaz, en 1886.
Sabores para disfrutar a todas horas
Quelite Mío se ha convertido en uno de los lugares más populares entre los mazatlecos para disfrutar de un buen desayuno. La oferta en este caso va de lo ligero (plato de frutas, panqueques y pan dulce) hasta lo sustancial. De ley tienes qué pedir el café de la casa, que tiene chocolate, canela, jugo de naranja y clavo de olor.
La hora de la comida es el momento en el que Quelite Mío despliega en toda su gloria la diversa gastronomía de la zona. El menú es una invitación para que disfrutes de lo mejor de cielo, mar y tierra. Eso sí, estamos en zona marina, por lo que la mano siempre la lleva la comida salida de las profundidades del océano.
Las opciones de arranque van desde el tradicional coctel de camarón y camarón con pulpo, hasta la campechana de mariscos.
Quien escribe estas palabras no se pudo resistir a probar los cortes y la carne asada. ¡Qué maravilla! El aroma y la cocción son perfectos, y las porciones son más que generosas (vale la pena que vayas en grupo). El borrego tatemado es un paraíso a los sentidos (tradicional de la zona) y no se diga el menudo de res.