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¿Qué dijo?
En este domingo podemos leer en el evangelio de San Lucas, en el capítulo 3, el momento en el que el Señor Jesús fue bautizado en el rio Jordán
En este domingo podemos leer en el evangelio de San Lucas, en el capítulo 3, el momento en el que el Señor Jesús fue bautizado en el rio Jordán, poco antes de comenzar su ministerio terrenal. De acuerdo al relato del evangelista, sucedió algo extraordinario cuando Jesús oraba momentos después de haberse bautizado: se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo que dijo “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.
Estas tres manifestaciones fueron sobrenaturales, ya que desde tiempos antiguos y aún en los tiempos de Jesús, los cielos se abrían pocas veces, es decir, que en contadas ocasiones los hombres fueron testigos de momentos en los cuales tuvieran acceso a la atmósfera celestial mientras estaban aún en la tierra. Otro asunto sorprendente fue el hecho de que el Espíritu Santo se manifestara de forma visible, y descendiera sobre Jesús tomando la forma de una paloma, ya que esto no se había visto en el pasado, y en contadas ocasiones el Espíritu Santo descendía sobre alguna persona, pero nunca en la forma de una paloma.
La tercera manifestación es mi favorita, porque refieren los testigos que todos ellos (incluido Jesús) escucharon una voz del cielo que no podía ser otra que la de Dios el Padre, dando un mensaje de afirmación a su Hijo, diciéndole “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.
Esta parte llama mi atención, porque sin duda Jesús sabía quién era, de dónde había venido y cuál era su misión; dicho en otras palabras, Jesús no tenía conflictos de identidad, ni problemas de autoestima, ni fallas en la relación con su Padre; con todo, es muy interesante evidenciar que fue el Padre quien tomó la iniciativa para afirmar a su Hijo, diciéndole públicamente que era amado, el preferido, y que en él tenía un grande contentamiento. Si Jesús, siendo el mismo Hijo de Dios, recibió tales palabras de afirmación, con mayor razón los seres humanos falibles las necesitamos.
Este pasaje siempre me recuerda mi responsabilidad como padre, ya que por el acto mismo de la paternidad, tengo la responsabilidad de formar la autoimagen de mis hijos a través de mi aprobación y mi amor. Entre más pequeños son los hijos, mayor necesitan ser afirmados, aceptados y amados por sus padres, a través de las palabras y los actos.
Cuando no cumplimos con esta hermosa responsabilidad de atender las necesidades emocionales de nuestros hijos, los estamos exponiendo a relaciones ajenas que pueden ser peligrosas para ellos, tales como un noviazgo prematuro o una amistad indeseable; por eso Dios nos dio como padres el acceso al corazón de nuestro hijos, para que podamos formar dentro de ellos concepto propio que sea saludable.
Hay diversas formas para afirmar a nuestros hijos, y la mayoría de ellas no cuestan nada, aunque paradójicamente podemos decir que no tienen precio. Podemos hacerlo a través de las palabras que les decimos, incluyendo el lenguaje no verbal y el timbre de nuestra voz, así como un buen contacto visual; también tenemos el recurso del contacto físico a través de besos, abrazos, cariños, y finalmente, tenemos la posibilidad de afirmarlos a través de detalles tales como una nota, un regalo, disponer para ellos un tiempo especial, llevarlos a un lugar que sea deseable para ellos, etc. No hay límite a las posibilidades.
Me parece que este puede ser uno de nuestros mejores propósitos de año nuevo. Que así sea. Felicidades.
Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com
Estas tres manifestaciones fueron sobrenaturales, ya que desde tiempos antiguos y aún en los tiempos de Jesús, los cielos se abrían pocas veces, es decir, que en contadas ocasiones los hombres fueron testigos de momentos en los cuales tuvieran acceso a la atmósfera celestial mientras estaban aún en la tierra. Otro asunto sorprendente fue el hecho de que el Espíritu Santo se manifestara de forma visible, y descendiera sobre Jesús tomando la forma de una paloma, ya que esto no se había visto en el pasado, y en contadas ocasiones el Espíritu Santo descendía sobre alguna persona, pero nunca en la forma de una paloma.
La tercera manifestación es mi favorita, porque refieren los testigos que todos ellos (incluido Jesús) escucharon una voz del cielo que no podía ser otra que la de Dios el Padre, dando un mensaje de afirmación a su Hijo, diciéndole “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.
Esta parte llama mi atención, porque sin duda Jesús sabía quién era, de dónde había venido y cuál era su misión; dicho en otras palabras, Jesús no tenía conflictos de identidad, ni problemas de autoestima, ni fallas en la relación con su Padre; con todo, es muy interesante evidenciar que fue el Padre quien tomó la iniciativa para afirmar a su Hijo, diciéndole públicamente que era amado, el preferido, y que en él tenía un grande contentamiento. Si Jesús, siendo el mismo Hijo de Dios, recibió tales palabras de afirmación, con mayor razón los seres humanos falibles las necesitamos.
Este pasaje siempre me recuerda mi responsabilidad como padre, ya que por el acto mismo de la paternidad, tengo la responsabilidad de formar la autoimagen de mis hijos a través de mi aprobación y mi amor. Entre más pequeños son los hijos, mayor necesitan ser afirmados, aceptados y amados por sus padres, a través de las palabras y los actos.
Cuando no cumplimos con esta hermosa responsabilidad de atender las necesidades emocionales de nuestros hijos, los estamos exponiendo a relaciones ajenas que pueden ser peligrosas para ellos, tales como un noviazgo prematuro o una amistad indeseable; por eso Dios nos dio como padres el acceso al corazón de nuestro hijos, para que podamos formar dentro de ellos concepto propio que sea saludable.
Hay diversas formas para afirmar a nuestros hijos, y la mayoría de ellas no cuestan nada, aunque paradójicamente podemos decir que no tienen precio. Podemos hacerlo a través de las palabras que les decimos, incluyendo el lenguaje no verbal y el timbre de nuestra voz, así como un buen contacto visual; también tenemos el recurso del contacto físico a través de besos, abrazos, cariños, y finalmente, tenemos la posibilidad de afirmarlos a través de detalles tales como una nota, un regalo, disponer para ellos un tiempo especial, llevarlos a un lugar que sea deseable para ellos, etc. No hay límite a las posibilidades.
Me parece que este puede ser uno de nuestros mejores propósitos de año nuevo. Que así sea. Felicidades.
Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com