Suplementos
¿Privilegio o compromiso?
Hay invitaciones que terminan siendo una carga, donde más bien nos sentimos incómodos
Hay de invitaciones, a invitaciones. Es decir, que hay una clase de invitaciones que recibimos con mucho gusto, donde nos sentimos altamente honrados y motivados para aceptarlas; esta clase de invitaciones vienen a nuestros pensamientos de una manera recurrente, no hay forma de que se nos olviden, y nos preparamos de la mejor manera posible para estar ahí.
Hay otro tipo de invitaciones que terminan siendo una carga, donde más bien nos sentimos incómodos, o poco interesados, pero no podemos o no queremos declinarlas, y entonces decimos que “vamos por compromiso”. De manera que en algunos casos la invitación es un privilegio, y en otros casos, un compromiso que no se pudo eludir.
Increíblemente, esto también le sucede a Dios, quien extiende invitaciones por todo el mundo, y hay quienes le aceptan la invitación como un privilegio, otros como un compromiso y otros de plano le rechazan la invitación. ¿Cómo sabemos esto? Por la parábola que Jesús contó en Mateo 22, 1-14.
El Maestro dijo; “el Reino de los Cielos se parece a...”; es decir, que la historia que iba a relatar reflejaba lo que sucedía entre Dios y la gente bajo su autoridad. La parábola básicamente se refiere a un rey que hizo una gran fiesta para la boda de su hijo, pero ninguno de sus invitados quiso venir, por lo que la invitación se abrió para todas las demás personas, incluyendo a aquellos que jamás habían estado en una mesa real.
Cuando el rey se acercó a los invitados que comían en su mesa, descubrió a un hombre que no estaba vestido adecuadamente, por lo que ordenó que lo sacaran, para que corriera la misma suerte de los que habían despreciado su invitación. La historia termina con una breve, pero directa afirmación: “Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos”.
Entonces vemos el día de hoy, que hay personas que de plano le dicen a Dios “no”, cada vez que Dios les ofrece algo. Son personas que ven a Dios como un estorbo a su felicidad, o no piensan que Él sea relevante para su vida diaria. Pasan de largo ante las invitaciones de Dios para que le conozcan o tengan comunión con Él.
Hay otros que aceptan acercarse, pero lo hacen “por compromiso”, es decir, presionados por algún motivo externo, y entonces le dicen “sí” a Dios, pero de dientes para afuera. El problema es que esto no funciona con Dios, porque los hombres miran lo que tienen por delante, pero Dios ve los corazones, de manera que acercarse a Él por compromiso es lo mismo que si le dijéramos que no.
Finalmente está el grupo de los que reconocen que no eran dignos de ser invitados para acercarse a Dios y tener comunión con Él, pero responden con fe y participan del bien que les ofrece, lo cual llena de alegría el corazón de aquel que reparó un gran banquete para que compartieran su gozo.
La parábola sigue vigente, los actores van cambiando a través de los años, pero los parlamentos son los mismos: los que dicen “no”, los que dicen “sí” por compromiso y los que dicen “sí” con agradecimiento. ¿De cuáles es usted el día de hoy?.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
Hay otro tipo de invitaciones que terminan siendo una carga, donde más bien nos sentimos incómodos, o poco interesados, pero no podemos o no queremos declinarlas, y entonces decimos que “vamos por compromiso”. De manera que en algunos casos la invitación es un privilegio, y en otros casos, un compromiso que no se pudo eludir.
Increíblemente, esto también le sucede a Dios, quien extiende invitaciones por todo el mundo, y hay quienes le aceptan la invitación como un privilegio, otros como un compromiso y otros de plano le rechazan la invitación. ¿Cómo sabemos esto? Por la parábola que Jesús contó en Mateo 22, 1-14.
El Maestro dijo; “el Reino de los Cielos se parece a...”; es decir, que la historia que iba a relatar reflejaba lo que sucedía entre Dios y la gente bajo su autoridad. La parábola básicamente se refiere a un rey que hizo una gran fiesta para la boda de su hijo, pero ninguno de sus invitados quiso venir, por lo que la invitación se abrió para todas las demás personas, incluyendo a aquellos que jamás habían estado en una mesa real.
Cuando el rey se acercó a los invitados que comían en su mesa, descubrió a un hombre que no estaba vestido adecuadamente, por lo que ordenó que lo sacaran, para que corriera la misma suerte de los que habían despreciado su invitación. La historia termina con una breve, pero directa afirmación: “Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos”.
Entonces vemos el día de hoy, que hay personas que de plano le dicen a Dios “no”, cada vez que Dios les ofrece algo. Son personas que ven a Dios como un estorbo a su felicidad, o no piensan que Él sea relevante para su vida diaria. Pasan de largo ante las invitaciones de Dios para que le conozcan o tengan comunión con Él.
Hay otros que aceptan acercarse, pero lo hacen “por compromiso”, es decir, presionados por algún motivo externo, y entonces le dicen “sí” a Dios, pero de dientes para afuera. El problema es que esto no funciona con Dios, porque los hombres miran lo que tienen por delante, pero Dios ve los corazones, de manera que acercarse a Él por compromiso es lo mismo que si le dijéramos que no.
Finalmente está el grupo de los que reconocen que no eran dignos de ser invitados para acercarse a Dios y tener comunión con Él, pero responden con fe y participan del bien que les ofrece, lo cual llena de alegría el corazón de aquel que reparó un gran banquete para que compartieran su gozo.
La parábola sigue vigente, los actores van cambiando a través de los años, pero los parlamentos son los mismos: los que dicen “no”, los que dicen “sí” por compromiso y los que dicen “sí” con agradecimiento. ¿De cuáles es usted el día de hoy?.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com