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Palacios en las Borromeas

Descubre este lago con paisajes únicos del sur de Los Alpes

GUADALAJARA, JALISCO (15/MAY/2016).- Los grandes lagos italianos, en la vertiente sur de los Alpes, llevan siglos atrayendo al lujo y a visitantes ilustres, rodeados de cumbres nevadas. Los palacios de las islas Borromeas, en el lago Maggiore, parecen una flota de barcos reales anclada en el golfo, con lujosos salones, grutas cubiertas de conchas e historias de invitados tan célebres como Napoleón o la princesa Diana. Han conservado el ambiente belle époque de sus días de esplendor turístico, cuando, seducida por el clima suave y el fácil acceso mediante el ferrocarril de 1855, la alta burguesía europea se lanzó a construir villas grandiosas en sus orillas. Y agua adentro, las estrellas del paisaje: las islas Borromeas y sus palacios.

La isla Bella debe su nombre a la esposa de Carlos III, la bella Isabella. Cuando se construyó el Palazzo Borromeo, en el siglo XVII, la disposición del edificio pretendía dar a la isla la apariencia de un navío: la villa en la proa y los jardines, repartidos en diez terrazas, a popa. En su interior, la Galleria del Quadriueden, con obras de Rubens, Tizziano y El Veronés, propone un exquisito complemento a las vistas exteriores. La isla Madre, en cambio, mantiene un ambiente menos ostentoso, más romántico y familiar. En el Palazzo Madre, de los siglos XVI al XVII, hay un teatro de miedo, con un elenco de marionetas diabólicas y campesinos chinos al acecho en los jardines de estilo inglés. También cisnes, camelias, azaleas e hibiscos.

La isla Superior, también llamada isla de los pescadores, conserva parte del encanto original del pueblo. Las guías suelen contar que la Chiesa di San Vittore, ubicada en medio de un remolino de calles, tiene un ábside del siglo XI y un fresco del siglo XVI, pero la verdadera razón para visitar este islote son sus restaurantes especializados en pescados a la parrilla, como el Casabella.

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