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Nuestra Corona de Adviento

Tercer domingo

     Si de veras queremos darle un sentido a nuestro Adviento, al encender la tercera vela de nuestra Corona, hacemos una oración y pedimos a Cristo Jesús nuestro Señor que venga a nuestra vida, a nuestra casa, para que nos libere de tantas cosas que nos atan y de tantos mil y un detalles que no nos dejan ser verdaderamente libres.
     Jesús es el que libera: Él es el Camino de la verdadera libertad.
     Una persona libre en el sentido pleno, con la libertad que Jesús nos otorga, puede ir por donde su corazón le dicta y llegar a cimas muy altas, a realizaciones muy concretas.
     La liberación interior es mucho más que una carencia de ataduras y cadenas externas o materiales. Se ubica en el centro del ser, los estratos más íntimos de la persona, allí en lo más íntimo del ser, donde cada uno se comunica con Dios.
     Cuando encendemos la Tercera vela de la Corona de Adviento, ya tenemos suficiente luminosidad para saber lo que queremos y hacia dónde vamos.
Ir sin rumbo, es ir directamente al fracaso, donde no hay nada que dé satisfacción, ni alegría y mucho menos felicidad. Quien va en pos de puras cosas materiales, sin tomar en cuenta que también hay un aspecto espiritual en su ser, significa perder la mitad de las oportunidades, y sin lugar a dudas las más importantes.
     Seguir un camino desconocido y solos, apoyándose en las propias fuerzas, puede ser riesgoso, siempre falta la ayuda superior que viene desde el cielo y que es la que da fuerza e impulso…
     Si el Señor Jesús mismo se hace nuestro camino y meta, tenemos una garantía más segura para poder fiarnos de que llegaremos sin tropiezo y con éxito.
     Es importante caminar, no quedarse parado viendo cómo pasa la vida; no quedarse sentado a la vera del sendero viendo cómo avanzan los que quieren llegar a buen término, ni permanecer anclados en un sitio por demás conocido.
     Dios quiere gente que progresa, que vive, que está siempre en sana tensión hacia nobles ideales…
     La Navidad se presenta cada año como el momento propicio para encontrarnos con Jesús, y lo consideramos como un niño lleno de ternura al cual podemos  acercarnos sin temor, con la más ilimitada confianza, a sabiendas de que con él sí vamos a llegar a buen término.
     Hoy es una buena oportunidad para preguntarnos por dónde va nuestra vida y hacia dónde conducen nuestros caminos; una ocasión óptima para pedir a Jesús que venga a nacer en nuestro corazón, y para decirle con amor que nos acompañe y que nunca nos deje solos.
     Podemos en estos días repetir desde lo más íntimo del corazón y con toda la sinceridad de nuestro ser:
Ven, Señor,
camina a nuestro lado
para que nos liberes de todo mal.

María Belén Sánchez fsp

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