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¿Green Go or Go Green?
Muchos todavía creen en el cuento de que el origen de la expresión “gringo” viene de una batalla entre mexicanos y estadounidenses, en la que los mexicanos gritaron a los invasores vestidos de verde: “green go”, lo que sería más o menos como verdes, váyanse”. El optimista cuento, que supone que los mexicanos hablaron a sus enemigos en inglés, se deshace cuando vemos que la palabra gringo es parte de idioma español por lo menos des hace unos 500 años. Cervantes, por ejemplo, ya la usaba, refiriéndose a su verdadero significado de foráneo en general. Sin embargo y tomándose en cuenta que los idiomas son vivos y cambiantes, hoy la expresión sí define a los estadounidenses, al menos en México. Curiosamente, estar en Estados Unidos a principios de esta nueva década, significa tropezarse una y otra vez con una expresión inversa: “Go green”.
Se trata de un esfuerzo que conquista a cada vez más adeptos, por lo menos teóricamente, ya que en la práctica, las cosas son muy distintas. Go Green es algo así como “sé verde”. Intenta generar en la población de la Unión Americana, la consciencia de que es necesario un esfuerzo para salvar el planeta de la excesiva contaminación que generamos los humanos.
El detalle es que los estadounidenses son probablemente el pueblo más contaminante de todos. Su cultura adora el consumismo, el desperdicio, el exceso. Esto se percibe en todos lados y se refleja en la excesiva masa corporal de su población; en la cantidad de desperdicio que generan para comer, comunicarse, divertirse y, por supuesto, transportarse, que el tema que nos toca, obviamente, en un suplemento de autos.
Parte de esa cultura de excesos radica en sus automóviles. Sus vías están saturadas de autos conducidos por una sola persona, mientras que los autobuses, casi siempre circulan con muy pocos en su interior. Peor aún, todavía andan en inmensas camionetas, verdaderos monumentos a la abundancia, montañas de acero, hule y cristal, que se mueven gracias a grandes cantidades de gasolina. Pero esto no es todo.
Cuando no hay el culto al espacio, lo que termina comprendiéndose debido a la cantidad de tiempo que pasan en sus vehículos por los congestionamientos y también gracias a la circunferencia corporal de muchos, hay la pasión por los autos rápidos que, claro, necesitan también mucho combustible.
En esta semana que tuve la oportunidad de estar unos cuantos días en Los Ángeles, con el privilegio de conducir un Nissan GT-R, esto me quedó aún más claro.
El GT-R me transformó en una especie de celebridad instantánea. Lo mínimo que lograba era hacer que todos voltearan las cabezas a su paso. Claro que la mayoría eran hombres. Muchos de ellos conducían también autos deportivos, como los dos que, en un Mustang convertible en la gasolinera, se acercaron a preguntar cuánto costaba, qué tan rápido aceleraba de cero a 100, cuántos caballos tenía. Mientras se daba esa plática, otro señor en una Ford F-150 se acercó con dudas similares. Pero también a ellas les llamaba mucho la atención. Una señora en un Impala, en el estacionamiento de un supermercado, de plano se detuvo para preguntar: “¿Qué coche es ese que nunca lo había visto?”. Por su expresión, quedaba claro que le gustaba lo que veía. Y mucho. En plena Sunset Boulevard, en su zona más agitada, un hombre rubio, que seguro olía a dólares dentro de su flamante Rolls Royce Phantom, no se resistió a echar una mirada de reojo, a pesar de que seguía hablando por teléfono. Saliendo de una tienda de moda femenina, una muchacha rubia volteó a ver el coche y sin contenerse soltó la expresión, claramente legible en sus labios: “What a hell is that?”, lo que sería algo así como “¿Qué diablos es eso?”.
Todo esto, y otros ejemplos más que sería aburrido listarlos todos, muestran que a los “gringos”, al menos con relación a los automóviles, les va a costar mucho trabajo conseguir esto de “Go Green”. Porque cuando se trata de cambiar su forma de vida, no me parece que estén realmente dispuestos a hacerlo. Un coche como el GT-R, con 485 caballos de fuerza y capaz de llegar a los 100 km/h en 3.5 segundos, les llega directo al corazón sin importar que su consumo sea de 4.4 kilómetros por litro.
¿Go Green? Bueno, que el vecino lo haga. Yo, mejor, conduzco mi Corvette, mi Mustang, mi Challenger o mi GT-R, parecen pensar.
Se trata de un esfuerzo que conquista a cada vez más adeptos, por lo menos teóricamente, ya que en la práctica, las cosas son muy distintas. Go Green es algo así como “sé verde”. Intenta generar en la población de la Unión Americana, la consciencia de que es necesario un esfuerzo para salvar el planeta de la excesiva contaminación que generamos los humanos.
El detalle es que los estadounidenses son probablemente el pueblo más contaminante de todos. Su cultura adora el consumismo, el desperdicio, el exceso. Esto se percibe en todos lados y se refleja en la excesiva masa corporal de su población; en la cantidad de desperdicio que generan para comer, comunicarse, divertirse y, por supuesto, transportarse, que el tema que nos toca, obviamente, en un suplemento de autos.
Parte de esa cultura de excesos radica en sus automóviles. Sus vías están saturadas de autos conducidos por una sola persona, mientras que los autobuses, casi siempre circulan con muy pocos en su interior. Peor aún, todavía andan en inmensas camionetas, verdaderos monumentos a la abundancia, montañas de acero, hule y cristal, que se mueven gracias a grandes cantidades de gasolina. Pero esto no es todo.
Cuando no hay el culto al espacio, lo que termina comprendiéndose debido a la cantidad de tiempo que pasan en sus vehículos por los congestionamientos y también gracias a la circunferencia corporal de muchos, hay la pasión por los autos rápidos que, claro, necesitan también mucho combustible.
En esta semana que tuve la oportunidad de estar unos cuantos días en Los Ángeles, con el privilegio de conducir un Nissan GT-R, esto me quedó aún más claro.
El GT-R me transformó en una especie de celebridad instantánea. Lo mínimo que lograba era hacer que todos voltearan las cabezas a su paso. Claro que la mayoría eran hombres. Muchos de ellos conducían también autos deportivos, como los dos que, en un Mustang convertible en la gasolinera, se acercaron a preguntar cuánto costaba, qué tan rápido aceleraba de cero a 100, cuántos caballos tenía. Mientras se daba esa plática, otro señor en una Ford F-150 se acercó con dudas similares. Pero también a ellas les llamaba mucho la atención. Una señora en un Impala, en el estacionamiento de un supermercado, de plano se detuvo para preguntar: “¿Qué coche es ese que nunca lo había visto?”. Por su expresión, quedaba claro que le gustaba lo que veía. Y mucho. En plena Sunset Boulevard, en su zona más agitada, un hombre rubio, que seguro olía a dólares dentro de su flamante Rolls Royce Phantom, no se resistió a echar una mirada de reojo, a pesar de que seguía hablando por teléfono. Saliendo de una tienda de moda femenina, una muchacha rubia volteó a ver el coche y sin contenerse soltó la expresión, claramente legible en sus labios: “What a hell is that?”, lo que sería algo así como “¿Qué diablos es eso?”.
Todo esto, y otros ejemplos más que sería aburrido listarlos todos, muestran que a los “gringos”, al menos con relación a los automóviles, les va a costar mucho trabajo conseguir esto de “Go Green”. Porque cuando se trata de cambiar su forma de vida, no me parece que estén realmente dispuestos a hacerlo. Un coche como el GT-R, con 485 caballos de fuerza y capaz de llegar a los 100 km/h en 3.5 segundos, les llega directo al corazón sin importar que su consumo sea de 4.4 kilómetros por litro.
¿Go Green? Bueno, que el vecino lo haga. Yo, mejor, conduzco mi Corvette, mi Mustang, mi Challenger o mi GT-R, parecen pensar.