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Motor de arranque
La buena noticia viene de General Motors
Hace un par de semanas, cuando General Motors anunció su plan de lanzamientos para los próximos tres años, el Jefe Ejecutivo Fritz Handerson anunció, entre otros, el arribo para 2010 de un crossover compacto para la marca Buick. Pero la verdadera buena noticia vino una semana después, cuando la empresa declaró que ya no lo haría. ¿Cómo puede la cancelación de un proyecto ser una buena noticia? Veamos.
En la segunda mitad de los años 80, en 1986 para ser más precisos, Ford estaba trabajando en el lanzamiento de un auto que fue el último gran éxito de la marca que medía menos de un metro y setenta de altura: el Taurus.
El diseño del auto era tan atrevido e innovador, que muchos incluso dentro de Ford, temían la reacción del público ante el coche. La realidad, empero, mostró que los diseñadores tenían la razón. El éxito fue tan aplastante, que por primera vez desde los años 20 del siglo pasado, Ford tenía más utilidades que el gigante General Motors. Antes que esto sucediera, sin embargo, hubo un comercial hecho por Ford, para lanzar el vehículo, que dejaba patente una de las mayores debilidades de su rival.
Era noche y muchas parejas salían de una elegante cena, pidiendo a los maniobristas que les trajeran su automóvil. Cuando éstos llegaban, los “valet parking” gritaban el nombre del auto. El primero era: “Cadillac negro”, pero cuando una pareja estaba a punto de subirse a él, otra llegaba y decía, “perdón, pero éste es mi Buick”; desconcertados, los primeros abrían paso cuando de pronto se escuchaba otra voz: “Lo siento, pero éste es mi Oldsmobile”. En medio de la confusión, una pareja más joven, más bella y mejor vestida, pide a los muchachos: “Mi Ford Taurus, por favor”. Inmediatamente son atendidos y llega el único coche que no se parecía a los demás. El comercial provocó una burla enorme hacia General Motors. Eran, a partir de entonces, los fabricantes de “más de lo mismo”. Tan fuerte fue la reacción favorable del público —al comercial y al Taurus— que Roger Smith, entonces jefe ejecutivo de GM, tuvo que personalmente hablar a su homólogo Don Petersen, pidiendo que retiran del aire el comercial. El pedido fue atendido. Pero a todos les quedó muy claro que eran necesarios cambios en General Motors.
23 años y una dolorosa bancarrota más tarde, parece que, finalmente, esta lección se está aprendiendo en el cuartel general de GM en el Renaissance Center, en Detroit.
Cuando GM hizo “clínicas” (reuniones con clientes en potencia de un nuevo vehículo a punto de ser producido) con el futuro crossover de Buick, la reacción de la gente fue negativa. La misma respuesta se obtuvo en Internet, donde GM usó el medio social “Twitter” para medir la reacción de los usuarios. La gran mayoría opinó que se trataba de “otra versión de la Saturn Vue”. Y esto, es exactamente lo que hubiera sido el “nuevo” crossover de Buick. Hacer gemelos con parrillas distintas ha sido la táctica de la empresa durante tantos años, que hoy en día es un hábito difícil de erradicar. Prácticamente todos los vehículos de GM tienen uno o más hermanos en otra (s) marca (s). La diferencia es que ahora, GM escuchó la voz del público. Y va ahorrar mucho dinero al no lanzar en el mercado un producto que ya existe.
Hay tantos ejemplos en el pasado que muestran la sordera de GM, que sería tedioso listarlos todos, pero el más destacado probablemente sea el caso del Aztek. Cuando el concepto fue presentado en Detroit, en 1999, todas las reacciones fueron contrarias. Aún así, GM lo produjo, sólo para darse cuenta de que el mundo no lo quería. El auto, que llegó a tener cambios en su diseño en el primer año de su vida —lo que ha de haber representado un récord— nunca convenció al número mínimo de clientes para mantenerse con vida más allá del corto primer ciclo. Cuatro años y varios millones de dólares más tarde, el Aztek estaba muerto. Y GM tenía menos dinero y menor participación en el mercado.
Por esto, es tan importante la noticia de que GM dio marcha atrás en el proyecto del que hubiese sido el próximo crossover de Buick. Esto es una excelente señal de que la “nueva GM” está en la dirección correcta. Es una indicación de que la vieja y aparentemente inamovible arrogancia, es cosa del pasado. Ojalá y sea cierto, porque resulta obvio que si la marca no quiere volver a la difícil situación que la llevó al Capítulo 11, necesita cambiar sus estrategias. Urgentemente.
En la segunda mitad de los años 80, en 1986 para ser más precisos, Ford estaba trabajando en el lanzamiento de un auto que fue el último gran éxito de la marca que medía menos de un metro y setenta de altura: el Taurus.
El diseño del auto era tan atrevido e innovador, que muchos incluso dentro de Ford, temían la reacción del público ante el coche. La realidad, empero, mostró que los diseñadores tenían la razón. El éxito fue tan aplastante, que por primera vez desde los años 20 del siglo pasado, Ford tenía más utilidades que el gigante General Motors. Antes que esto sucediera, sin embargo, hubo un comercial hecho por Ford, para lanzar el vehículo, que dejaba patente una de las mayores debilidades de su rival.
Era noche y muchas parejas salían de una elegante cena, pidiendo a los maniobristas que les trajeran su automóvil. Cuando éstos llegaban, los “valet parking” gritaban el nombre del auto. El primero era: “Cadillac negro”, pero cuando una pareja estaba a punto de subirse a él, otra llegaba y decía, “perdón, pero éste es mi Buick”; desconcertados, los primeros abrían paso cuando de pronto se escuchaba otra voz: “Lo siento, pero éste es mi Oldsmobile”. En medio de la confusión, una pareja más joven, más bella y mejor vestida, pide a los muchachos: “Mi Ford Taurus, por favor”. Inmediatamente son atendidos y llega el único coche que no se parecía a los demás. El comercial provocó una burla enorme hacia General Motors. Eran, a partir de entonces, los fabricantes de “más de lo mismo”. Tan fuerte fue la reacción favorable del público —al comercial y al Taurus— que Roger Smith, entonces jefe ejecutivo de GM, tuvo que personalmente hablar a su homólogo Don Petersen, pidiendo que retiran del aire el comercial. El pedido fue atendido. Pero a todos les quedó muy claro que eran necesarios cambios en General Motors.
23 años y una dolorosa bancarrota más tarde, parece que, finalmente, esta lección se está aprendiendo en el cuartel general de GM en el Renaissance Center, en Detroit.
Cuando GM hizo “clínicas” (reuniones con clientes en potencia de un nuevo vehículo a punto de ser producido) con el futuro crossover de Buick, la reacción de la gente fue negativa. La misma respuesta se obtuvo en Internet, donde GM usó el medio social “Twitter” para medir la reacción de los usuarios. La gran mayoría opinó que se trataba de “otra versión de la Saturn Vue”. Y esto, es exactamente lo que hubiera sido el “nuevo” crossover de Buick. Hacer gemelos con parrillas distintas ha sido la táctica de la empresa durante tantos años, que hoy en día es un hábito difícil de erradicar. Prácticamente todos los vehículos de GM tienen uno o más hermanos en otra (s) marca (s). La diferencia es que ahora, GM escuchó la voz del público. Y va ahorrar mucho dinero al no lanzar en el mercado un producto que ya existe.
Hay tantos ejemplos en el pasado que muestran la sordera de GM, que sería tedioso listarlos todos, pero el más destacado probablemente sea el caso del Aztek. Cuando el concepto fue presentado en Detroit, en 1999, todas las reacciones fueron contrarias. Aún así, GM lo produjo, sólo para darse cuenta de que el mundo no lo quería. El auto, que llegó a tener cambios en su diseño en el primer año de su vida —lo que ha de haber representado un récord— nunca convenció al número mínimo de clientes para mantenerse con vida más allá del corto primer ciclo. Cuatro años y varios millones de dólares más tarde, el Aztek estaba muerto. Y GM tenía menos dinero y menor participación en el mercado.
Por esto, es tan importante la noticia de que GM dio marcha atrás en el proyecto del que hubiese sido el próximo crossover de Buick. Esto es una excelente señal de que la “nueva GM” está en la dirección correcta. Es una indicación de que la vieja y aparentemente inamovible arrogancia, es cosa del pasado. Ojalá y sea cierto, porque resulta obvio que si la marca no quiere volver a la difícil situación que la llevó al Capítulo 11, necesita cambiar sus estrategias. Urgentemente.