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El Maestro no tenía ni siquiera un lugar fijo para dormir, dando a entender que quienes desearan seguirle no deberían esperar riquezas, reconocimientos y comodidades
La lectura del evangelio del día de hoy tiene tantas y tan variadas enseñanzas, que podría considerarse un buffet, del que podemos tomar un poco de cada cosa, para disfrutar de una buena comida espiritual.
El primer platillo espiritual lo encontramos cuando leemos que los samaritanos no quisieron hospedar a Jesús, lo que desató la ira de Santiago y Juan, quienes pidieron permiso a Jesús para hacer descender fuego sobre ellos; evidentemente no habían comprendido la misión de Jesús, quien vino a morir por los pecadores, y no a condenarlos y mucho menos a rostizarlos. Si cada lugar donde Jesús ha sido rechazado sufriera una lluvia de fuego, tiempo hace que nuestro planeta hubiera desaparecido. La enseñanza en esta porción es que Dios no quiere condenar a los pecadores, y por eso les da oportunidades para que se arrepientan, sabiendo que, a pesar del amor de Dios, un día cada persona dará cuentas a Dios por su vida.
Luego tenemos otra parte del pasaje, en donde leemos que una persona pidió a Jesús que le dejara seguirle, y de alguna manera pudiera llegar a ser su discípulo. La respuesta de Jesús fue que el Maestro no tenía ni siquiera un lugar fijo para dormir, dando a entender que quienes desearan seguirle no deberían esperar riquezas, reconocimientos y comodidades. El pasaje no nos dice lo que sucedió con esta persona, pero con frecuencia el Señor mencionaba a las personas aquellas cosas que revelaban las intenciones de su corazón, así que probablemente se trataba de alguien que quería aprovechar la popularidad de Jesús para resolver sus necesidades. Aquí podemos darnos cuenta de que la razón principal por la que Jesús vino a la tierra fue para salvarnos, y no para resolver nuestros deseos, o darnos una vida feliz en la tierra.
El tercer platillo espiritual nos llega cuando leemos que Jesús invitó a otro para que le siguiera. Esto era un gran honor, porque en otras ocasiones muchos quisieron seguir a Jesús como discípulos y el Maestro no se los permitió. Lo interesante es que ese candidato le pidió a Jesús que antes le permitiera enterrar a su padre. El pasaje no nos aclara si se trataba de organizar un funeral por la muerte reciente del padre, o la intención del hijo era esperar hasta que su padre muriera y entonces después seguir a Jesús. En cualquiera de los casos, Jesús no favoreció el hecho de que la persona demorara su decisión aún por este tipo de asuntos. Con ello, Jesús no está enseñando que abandonemos a nuestros padres, y menos aún en su lecho de muerte, sino que nunca habrá algo más importante que seguirle a Él, y proclamar su Reino.
Nuestro postre en este banquete espiritual nos llega con el último caso de la lectura, en donde una persona decide seguir a Jesús, pero le pide la oportunidad de despedirse de los suyos. A simple vista esto parecería una cosa buena, ya que se trataba de ser cortés con la familia, pero llama la atención que Jesús le contestó que no era posible poner la mano en el arado y luego mirar atrás. La gente de campo ha referido en ocasiones que una persona que quiere arar correctamente debe poner su vista en un punto fijo adelante, y dirigir hacia allá sus pasos, para que el surco quede derecho, ya que si tiende a volver la vista para revisar lo que ha hecho, con frecuencia pierde la referencia y el surco queda desviado.
Creo que el Maestro no estaba enseñando que no debemos tomar en cuenta a nuestra familia cuando vamos a seguir a Jesús, sino que no debemos permitir que situaciones familiares (de cualquier índole) nos distraigan continuamente, de manera que perdamos de vista nuestra vocación de seguir a Jesús.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
El primer platillo espiritual lo encontramos cuando leemos que los samaritanos no quisieron hospedar a Jesús, lo que desató la ira de Santiago y Juan, quienes pidieron permiso a Jesús para hacer descender fuego sobre ellos; evidentemente no habían comprendido la misión de Jesús, quien vino a morir por los pecadores, y no a condenarlos y mucho menos a rostizarlos. Si cada lugar donde Jesús ha sido rechazado sufriera una lluvia de fuego, tiempo hace que nuestro planeta hubiera desaparecido. La enseñanza en esta porción es que Dios no quiere condenar a los pecadores, y por eso les da oportunidades para que se arrepientan, sabiendo que, a pesar del amor de Dios, un día cada persona dará cuentas a Dios por su vida.
Luego tenemos otra parte del pasaje, en donde leemos que una persona pidió a Jesús que le dejara seguirle, y de alguna manera pudiera llegar a ser su discípulo. La respuesta de Jesús fue que el Maestro no tenía ni siquiera un lugar fijo para dormir, dando a entender que quienes desearan seguirle no deberían esperar riquezas, reconocimientos y comodidades. El pasaje no nos dice lo que sucedió con esta persona, pero con frecuencia el Señor mencionaba a las personas aquellas cosas que revelaban las intenciones de su corazón, así que probablemente se trataba de alguien que quería aprovechar la popularidad de Jesús para resolver sus necesidades. Aquí podemos darnos cuenta de que la razón principal por la que Jesús vino a la tierra fue para salvarnos, y no para resolver nuestros deseos, o darnos una vida feliz en la tierra.
El tercer platillo espiritual nos llega cuando leemos que Jesús invitó a otro para que le siguiera. Esto era un gran honor, porque en otras ocasiones muchos quisieron seguir a Jesús como discípulos y el Maestro no se los permitió. Lo interesante es que ese candidato le pidió a Jesús que antes le permitiera enterrar a su padre. El pasaje no nos aclara si se trataba de organizar un funeral por la muerte reciente del padre, o la intención del hijo era esperar hasta que su padre muriera y entonces después seguir a Jesús. En cualquiera de los casos, Jesús no favoreció el hecho de que la persona demorara su decisión aún por este tipo de asuntos. Con ello, Jesús no está enseñando que abandonemos a nuestros padres, y menos aún en su lecho de muerte, sino que nunca habrá algo más importante que seguirle a Él, y proclamar su Reino.
Nuestro postre en este banquete espiritual nos llega con el último caso de la lectura, en donde una persona decide seguir a Jesús, pero le pide la oportunidad de despedirse de los suyos. A simple vista esto parecería una cosa buena, ya que se trataba de ser cortés con la familia, pero llama la atención que Jesús le contestó que no era posible poner la mano en el arado y luego mirar atrás. La gente de campo ha referido en ocasiones que una persona que quiere arar correctamente debe poner su vista en un punto fijo adelante, y dirigir hacia allá sus pasos, para que el surco quede derecho, ya que si tiende a volver la vista para revisar lo que ha hecho, con frecuencia pierde la referencia y el surco queda desviado.
Creo que el Maestro no estaba enseñando que no debemos tomar en cuenta a nuestra familia cuando vamos a seguir a Jesús, sino que no debemos permitir que situaciones familiares (de cualquier índole) nos distraigan continuamente, de manera que perdamos de vista nuestra vocación de seguir a Jesús.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com