Suplementos

Más que una simple religión

El cristianismo así vivido está lejos de ser auténtico, ya que éste es mucho, pero mucho más que una simple religión

Los cristianos --si no damos un lugar preponderante a nuestra fe, en la escala de valores de nuestra vida, y la ponemos en práctica realizando actos y obras de amor-- corremos el riesgo de que, tarde o temprano, la perdamos, o que ésta se convierta en algo superficial, sin compromiso y hasta en algo mágico o supersticioso.

Ello, especialmente si esa fe es el fruto de una tradición o herencia familiar, que se transformó en una costumbre que practicamos esporádicamente, cuando los compromisos sociales lo requieren; cuando se da una situación límite, como puede ser una enfermedad, un accidente, un fracaso, ya sea sentimental, empresarial, estudiantil, etc.; cuando se tienen necesidades que están más allá de su fuerza y de su autosuficiencia, y se recurre a Dios como un proveedor y, casi, casi como un genio de la lámpara o un mago poderoso; o simplemente cuando “nos nace” o “cuando tenemos ganas y libremente decidimos hacerla”.

El cristianismo así vivido está lejos de ser auténtico, ya que éste es mucho, pero mucho más que una simple religión, un conjunto de prácticas o ritos fríos, o tal vez sentimentales y emotivos, pero faltos del sustento del amor; el cristianismo es una forma de vida que involucra a toda persona, con todas sus relaciones con los demás, con el mundo y su entorno y, desde luego y sobre todo con Dios.

Y para que esto sea una realidad, es preciso e indispensable un primer paso, que de hecho se da en el bautismo: tener un encuentro personal con Jesús, por medio del Espíritu Santo que se nos da a plenitud en este sacramento y en el de la Confirmación, el cual viene a ser la respuesta consciente a la vocación de cristianos y la aceptación plena y voluntaria de la presencia en nuestra vida del mismo Espíritu, cosa que no es posible si la persona es bautizada cuando es pequeña --como se acostumbra en nuestra Iglesia--, o bien no recibe una preparación, sensibilización y formación doctrinal adecuadas.

Sin embargo, hay que reconocerlo, muchas veces a quienes recibimos el sacramento de la Confirmación “nos ha pasado de noche” --como se dice coloquialmente--, porque no entendíamos la trascendencia de ese paso en la vida de fe, y por ende no seguimos alimentándonos con las gracias en él recibidas, ni estrechando y acrecentando nuestra relación personal con Dios.

Es por ello que se hace indispensable tener una experiencia de encuentro personal con Jesucristo, por medio de su Espíritu, que venga a renovar, a actualizar, a revitalizar y a reactivar aquellas que se tuvieron en los sacramentos de iniciación cristiana; para, a partir de ahí, empezar a reconstruir nuestra vida bajo la inspiración de Él y a la luz de la Palabra de Dios, la cual guía nuestros pasos en nuestro caminar por la vida.

La triste realidad es que son muchos los que rechazan, rehuyen o son indiferentes a este encuentro, ya sea por temor al compromiso con Dios y a no poder cumplirlo; por estar muy “a gusto” con la vida que llevan, aunque ésta no encaje en el plan de Dios y esté envuelta en el pecado; o simplemente por no conocer lo que significa dicho encuentro y todas las consecuencias maravillosas y fecundas en gozo, paz, amor, confianza, mansedumbre, dominio de sí mismo, y muchos más frutos del Espíritu.

Y es que no hay otra forma de conocer a plenitud, que experimentarlo en carne propia, como una respuesta de amor y esperanza.

Hermano(a): Si tú no has tenido esa experiencia, Jesús te está llamando permanentemente a ese encuentro personal con Él. Hoy por hoy, el mismo

Espíritu ha suscitado un sinnúmero de posibilidades de experimentar ese encuentro, a través de diferentes tipos de retiros, encuentros, cursos, etc., los que te pueden preparar y disponer al encuentro por medio de los sacramentos, los cuales son signos sensibles de la gracia y están destinados a santificar a quien los recibe, particularmente el de la Eucaristía y el de la Reconciliación.

Es por ello que hoy es el día para tomar la decisión de, como dice el salmo 34, “probar y ver cuán bueno es el Señor”; de darte una oportunidad de dejarte encontrar por Jesús, para que inicies una verdadera vida nueva, aquélla que Él vino a traernos.

El Señor te seguirá esperando pacientemente, como Él mismo nos lo dice: “Miren que estoy a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap 3, 20), y,aunque su paciencia es infinita e ilimitada, nuestro tiempo sí es limitado y se agota cuando menos lo esperamos.

Por ello, no postergues más esa decisión de tener un encuentro personal con tu Salvador y Señor, porque, de otra forma, puede hacerse efectiva en ti la sentencia de Jesús que hoy nos recuerda el Evangelio, uniéndote a aquellos que lo hicieron: “La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular”.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

Temas

Sigue navegando