Suplementos
Los siete panes de Dios
Así podríamos continuar con la honradez, la lealtad, la laboriosidad, la solidaridad
Hablamos de los panes de Dios que simbólicamente repartió Jesús a las multitudes que lo seguían, y nos estamos refiriendo concretamente a los elementos vitales que toda persona necesita para lograr una realización plena, sana y feliz de sí mismo en este mundo en el cual tiene la oportunidad única de preparar y construir lo que será eternidad.
Desde luego nadie pensará que es suficiente el pan material, el que llena el estómago, porque el ser humano tiene otros niveles que le hacen superior a los seres vivos con quienes comparte este mundo.
Es innegable que nuestra misma condición de seres humanos nos hace interdependientes, y que necesitamos unos de otros para poder vivir, para crecer, para realizarnos y para ser felices.
Decíamos que también es necesaria una dosis de protección mientras se es joven y se alcanza la edad de la autosuficiencia, y una buena ración de cariño para poder mirarlo todo con optimismo y con esperanza.
¿Qué pueden decir aquellos muchachos o muchachas que no han sentido vivo y presente el cariño de sus padres?, ¿y aquellos que se sienten solos y desprotegidos?
¿A qué se exponen los que andan por allí, merodeando a altas horas de la noche? Es tal vez porque no tienen entre sus mayores quien les ponga límites que les protejan de los peligros que inevitablemente existen.
Otro elemento que es pan para la mente y alimento de la inteligencia es la Sabiduría, que aprendemos tempranamente desde que vamos a la escuela. También lo recibimos de padres, maestros y personas que han aprendido ya el legado que dejaron otros. Sin este compartir conocimientos no habría progreso, estaríamos siempre al inicio y con la necesidad de inventarlo todo de nuevo.
Pero tenemos el privilegio de recibir y compartir lo que otros descubrieron y experimentaron a través del estudio.
El quinto “pan” son los valores, sobre todo los que se nos trasmitan en familia a través del ejemplo y de la convivencia diaria. ¿Qué pueden aprender de respeto los muchachos que sólo oyen gritos y pleitos en su casa? ¿Qué se les inculca de veracidad cuando escuchan a diario que los grandes prometen y mienten?
Así podríamos continuar con la honradez, la lealtad, la laboriosidad, la solidaridad, etc.
¿Dónde aprenderán los hijos a ser cumplidos y responsables, si no lo ven en su casa?
¿En dónde podremos encontrar la fidelidad que nos haga descubrir que vale la pena luchar y amar?
Los panes espirituales son una realidad muy concreta, porque según las palabras de Cristo Jesús nuestro Señor, “no sólo de pan material vive el hombre”, sino también de aquello que le hace grande, que le eleva y le abre camino para llegar a Dios. El aspecto inmaterial de la persona necesita también su alimento, es decir, cultivarse, progresar, mejorar en calidad.
Religiosidad. Que muchos desdeñan y se quedan a mitad del camino, o es decir con una personalidad deficiente, porque este elemento es lo que da una dimensión de plenitud, ya que al acercarse a Dios, la gracia supera lo humano.
No es posible buscar la plena alegría y la felicidad en otros ámbitos, porque si nuestro cuerpo necesita alimento material, nuestra mente necesita alimento intelectual, nuestro corazón requiere alimento afectivo y nuestro espíritu necesita de Dios, de su gracia, de su ayuda y de su amor.
Una oración para hoy.
Inútilmente voy buscando,
Señor, en lo que me rodea,
aquello que me da felicidad,
y tristemente constato
que tan sólo encuentro
aridez y amargura,
mientras Tú, mi Dios,
tienes las manos abiertas
para ofrecerme todo lo bueno,
lo bello de este mundo
para engalanar mi vida.
Enséñame a comprender
que darte la espalda
no es lo mejor para mí.
María Belén Sánchez,fsp
Desde luego nadie pensará que es suficiente el pan material, el que llena el estómago, porque el ser humano tiene otros niveles que le hacen superior a los seres vivos con quienes comparte este mundo.
Es innegable que nuestra misma condición de seres humanos nos hace interdependientes, y que necesitamos unos de otros para poder vivir, para crecer, para realizarnos y para ser felices.
Decíamos que también es necesaria una dosis de protección mientras se es joven y se alcanza la edad de la autosuficiencia, y una buena ración de cariño para poder mirarlo todo con optimismo y con esperanza.
¿Qué pueden decir aquellos muchachos o muchachas que no han sentido vivo y presente el cariño de sus padres?, ¿y aquellos que se sienten solos y desprotegidos?
¿A qué se exponen los que andan por allí, merodeando a altas horas de la noche? Es tal vez porque no tienen entre sus mayores quien les ponga límites que les protejan de los peligros que inevitablemente existen.
Otro elemento que es pan para la mente y alimento de la inteligencia es la Sabiduría, que aprendemos tempranamente desde que vamos a la escuela. También lo recibimos de padres, maestros y personas que han aprendido ya el legado que dejaron otros. Sin este compartir conocimientos no habría progreso, estaríamos siempre al inicio y con la necesidad de inventarlo todo de nuevo.
Pero tenemos el privilegio de recibir y compartir lo que otros descubrieron y experimentaron a través del estudio.
El quinto “pan” son los valores, sobre todo los que se nos trasmitan en familia a través del ejemplo y de la convivencia diaria. ¿Qué pueden aprender de respeto los muchachos que sólo oyen gritos y pleitos en su casa? ¿Qué se les inculca de veracidad cuando escuchan a diario que los grandes prometen y mienten?
Así podríamos continuar con la honradez, la lealtad, la laboriosidad, la solidaridad, etc.
¿Dónde aprenderán los hijos a ser cumplidos y responsables, si no lo ven en su casa?
¿En dónde podremos encontrar la fidelidad que nos haga descubrir que vale la pena luchar y amar?
Los panes espirituales son una realidad muy concreta, porque según las palabras de Cristo Jesús nuestro Señor, “no sólo de pan material vive el hombre”, sino también de aquello que le hace grande, que le eleva y le abre camino para llegar a Dios. El aspecto inmaterial de la persona necesita también su alimento, es decir, cultivarse, progresar, mejorar en calidad.
Religiosidad. Que muchos desdeñan y se quedan a mitad del camino, o es decir con una personalidad deficiente, porque este elemento es lo que da una dimensión de plenitud, ya que al acercarse a Dios, la gracia supera lo humano.
No es posible buscar la plena alegría y la felicidad en otros ámbitos, porque si nuestro cuerpo necesita alimento material, nuestra mente necesita alimento intelectual, nuestro corazón requiere alimento afectivo y nuestro espíritu necesita de Dios, de su gracia, de su ayuda y de su amor.
Una oración para hoy.
Inútilmente voy buscando,
Señor, en lo que me rodea,
aquello que me da felicidad,
y tristemente constato
que tan sólo encuentro
aridez y amargura,
mientras Tú, mi Dios,
tienes las manos abiertas
para ofrecerme todo lo bueno,
lo bello de este mundo
para engalanar mi vida.
Enséñame a comprender
que darte la espalda
no es lo mejor para mí.
María Belén Sánchez,fsp