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Los caminos llegan a Cortazar

El pueblo guanajuatense guarda de forma celosa sus tradiciones, al tiempo que maravilla a los visitantes con su colorido


  GUADALAJARA, JALISCO (13/SEP/2015).- Situada en el centro del Estado de Guanajuato, Cortazar es una pequeña ciudad cuyos orígenes se remontan a la época prehispánica pero que, hoy día, se fortalece como punto de atracción para viajeros y turistas no sólo por su historia sino, también, por sus tradiciones y zonas donde la naturaleza puede ser apreciada y disfrutada.

En la actualidad, Cortazar (sin acento, según el sitio del municipio) ha conseguido desarrollar su vocación industrial, pero cuenta además con una infraestructura agroindustrial cuyo buen posicionamiento se debe en buena medida a las obras de riego derivadas del curso alto del río Laja, cercano a la población; gracias a esto la producción agrícola es mixta y las pequeñas propiedades particulares sostienen casi en un 50% la economía del lugar.

De acuerdo con los vestigios históricos, los primeros habitantes de Cortazar son de origen otomí y mexica, y se establecieron en las faldas de los cerros aledaños —así lo indican las ruinas arqueológicas halladas en la Cañada de Caracheo— en lo que se considera que fue una fortaleza pero, también, un centro ceremonial en el que se adoraba al Sol.

Lo que hoy es la ciudad fue antes una aldea otomí que se llamaba Degno Amole y Jali-Hui, más tarde los mexicas le llamaron Amilli (que significa “raíz que se talla y hace espuma”), pero con la llegada de los españoles fue denominada “Degno-Yahhiu”, situación que cambió en 1721, cuando los religiosos franciscanos fundan “legalmente” el pueblo al que llamaron San José de los Amoles y que, más de un siglo después (en 1857), recibiría el nombre oficial de “Villa de Cortazar”, en honor de don Luis Cortazar y Rábago.

Visitas obligadas

Para quien visita el lugar, lo primero es acudir a la Capilla del Señor de la Clemencia, donde se cree que se fundó Cortazar y que conserva, tras el altar, la fachada de la pequeña capilla que se erigió en el Siglo XVII (esto, por las constantes adecuaciones que ha sufrido el templo en los últimos 40 años y que le dan, hoy día, un aspecto moderno).

Otro punto a destacar de la zona es la Parroquia de San José, que hospeda las fiestas del lugar y que, aunque fue en el principio una vicaría (desde 1719), no fue hasta 1987 que se consagró como parroquia (aunque el templo actual se concluyó en 1962); además, en el centro de la ciudad se halla el kiosco del jardín principal, construcción de estilo típico de la provincia mexicana que se caracteriza por su estructura de hierro.

El cerro del Culiacán

Por supuesto, si algo da fama a esta comunidad de Guanajuato es el famoso Cerro del Culiacán, al Sur de Cortazar con rumbo a Salvatierra, una elevación de tierra de forma piramidal que tiene una altura de casi 3 mil metros y es uno de los puntos de mayor altura en la entidad; ahora, dado que fue sitio de peregrinación para los antiguos pobladores, se le considera una montaña sagrada (el antiguo Teoculhuacan Chicomoztoc) y hoy se conoce como “Puerta de Mesoamérica”.

Para quien viaja al cerro, es imperativo visitar en sus faldas la famosa Cañada de Caracheo, de donde se puede subir caminando por una atractiva vereda que permite disfrutar de la vegetación y el paisaje, lo que hace a este sitio perfecto para la práctica del senderismo o el ciclismo de montaña.

Por supuesto, el lugar no carece de leyendas y, de ese modo, se cuenta que en tiempos de la colonia vivía en la villa una familia de nobles, con una hija muy bella que fue cortejada por un arrogante hijo de “plebeyos”; para impedir esa unión, ella fue llevada lejos y el frustrado novio se impuso como penitencia llevar una cruz a lo alto del cerro, donde perdió la vida. Al volver la muchacha, subió la cumbre para danzar alrededor de la cruz, lo que hizo cada año por el resto de su vida y, con el tiempo, se volvió una tradición.

Otro punto que no debe faltar a quien visita Cortazar es su famoso puente colgante; esta obra fue autorizada en 1921 para construirse sobre el Río Laja, en las inmediaciones de la ciudad, y se proyectó como una estructura con armadura metálica, tirantes de acero y cimentación; después de un año, fue inaugurado por el entonces presidente de la república, Gral. Álvaro Obregón, en un evento al que asistió el pueblo entero.

Con todo, hubo un incidente que hizo al puente sufrir una inclinación por el lado oriente, cuando las junturas que sostenían los cables presentaron una torsión, debido a movimientos bruscos y al peso a que se sometía la obra antes de ser inaugurada; después de todo, el siniestro se corrigió con piezas de la fundidora de Irapuato y el puente se puso en servicio de nueva cuenta.

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