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Lo que deteriora la verdadera religiosidad
Ídolo es todo aquello que se instala en el corazón, en el lugar de Dios.
Al hablar de ídolos no nos referimos precisamente a esas figuras de barro o de piedra, que encontramos frecuentemente a nuestro alcance en diversos mercados.
Bien claro queda que ídolo es cualquier “persona, animal, cosa, idea, proyecto o pensamiento que permitimos que ocupe el lugar que debe ocupar Dios en nuestra vida, en la casa, en la familia y sobre todo en nuestra persona y en el corazón”.
Si leemos atentamente la Biblia, nos vamos a encontrar cómo hubo ocasiones en que el Señor se mostró como un “Dios celoso” que no admite a nadie a su lado, compartiendo o participan de lo que a Él se le debe,
Para Dios debe ser la Admiración, la Confianza, la Veneración y sobre todo el Amor.
Admirar o “adorar” es una actitud muy propia de los seres humanos. que sale desde lo más profundo de su ser y de la cual no puede prescindir… pero que en su máxima expresión tan sólo se le debe a Dios.
Muchas veces admiramos e imitamos al –o a la– artista en turno, cantante, o deportista, músico o comediante… pero hay que tener muy claro y bien delimitado, si esto no le resta la debida “adoración” a Dios.
La confianza que ponemos en ciertos medios tanto para nuestra salud, desarrollo o progreso, deben ser reconocidos como “medios” y siempre propiciados por la bondad de Dios que pone en manos humanas lo que otros van necesitando.
Pero confiar más en las magias o en la “limpia” o en “mi yo”, es deteriorar la auténtica confianza en Aquel que tiene las manos llenas de unos dones que desdeñamos para recoger las migajas que no siempre nos dan respuesta a cada legítima inquietud.
En el Amor hay cierta diferencia. No tanto en esperarlo o en recibirlo, sino en la disposición y actitud de darlo.
Este es un mandamiento expreso del Señor Jesús: amar universal e incondicionalmente a todos y a cada uno de los humanos y de los seres creados, es lo que lleva a cultivar y desarrollar el amor en el corazón y a hacerlo crecer en el mundo y a fomentar la vida.
Desde el momento en que generamos amor, para ofrecerlo, se hace presente Dios y Él mismo recibe la ofrenda antes de que llegue al destinatario visible.
A nuestro Dios no podremos verlo, por eso es más delicada la tarea y más empeñativa la situación al prodigar el amor tendrá que ser por y en nombre de Dios. De ello va a depender que desarrollemos una sana actitud religiosa, que puede dar dimensión a la persona y calidad a todo el conjunto.
Es por eso que muchas personas rechazan la religiosidad, porque ven en otras una imagen deformada de un dios que no es precisamente Dios.
El día que nos encontremos con una persona, un grupo, un pueblo que esté libre de ídolos, que ponga su fe, su confianza y su amor en el Verdadero Dios, entonces nos encontraremos con gentes que sabrán formar Iglesia y que podrán construir una Patria grande, libre y gloriosa, sin que nada la empañe, sin arrugas que la afean, porque llevan su religión bien impostada en el corazón y su Dios no es un ídolo…
Para comprender plenamente estas cosas, podemos acercarnos a san Pablo y leer sus escritos, así podremos interpretar bien el mensaje de Cristo Jesús y su Evangelio.
María Belén Sánchez fsp
Bien claro queda que ídolo es cualquier “persona, animal, cosa, idea, proyecto o pensamiento que permitimos que ocupe el lugar que debe ocupar Dios en nuestra vida, en la casa, en la familia y sobre todo en nuestra persona y en el corazón”.
Si leemos atentamente la Biblia, nos vamos a encontrar cómo hubo ocasiones en que el Señor se mostró como un “Dios celoso” que no admite a nadie a su lado, compartiendo o participan de lo que a Él se le debe,
Para Dios debe ser la Admiración, la Confianza, la Veneración y sobre todo el Amor.
Admirar o “adorar” es una actitud muy propia de los seres humanos. que sale desde lo más profundo de su ser y de la cual no puede prescindir… pero que en su máxima expresión tan sólo se le debe a Dios.
Muchas veces admiramos e imitamos al –o a la– artista en turno, cantante, o deportista, músico o comediante… pero hay que tener muy claro y bien delimitado, si esto no le resta la debida “adoración” a Dios.
La confianza que ponemos en ciertos medios tanto para nuestra salud, desarrollo o progreso, deben ser reconocidos como “medios” y siempre propiciados por la bondad de Dios que pone en manos humanas lo que otros van necesitando.
Pero confiar más en las magias o en la “limpia” o en “mi yo”, es deteriorar la auténtica confianza en Aquel que tiene las manos llenas de unos dones que desdeñamos para recoger las migajas que no siempre nos dan respuesta a cada legítima inquietud.
En el Amor hay cierta diferencia. No tanto en esperarlo o en recibirlo, sino en la disposición y actitud de darlo.
Este es un mandamiento expreso del Señor Jesús: amar universal e incondicionalmente a todos y a cada uno de los humanos y de los seres creados, es lo que lleva a cultivar y desarrollar el amor en el corazón y a hacerlo crecer en el mundo y a fomentar la vida.
Desde el momento en que generamos amor, para ofrecerlo, se hace presente Dios y Él mismo recibe la ofrenda antes de que llegue al destinatario visible.
A nuestro Dios no podremos verlo, por eso es más delicada la tarea y más empeñativa la situación al prodigar el amor tendrá que ser por y en nombre de Dios. De ello va a depender que desarrollemos una sana actitud religiosa, que puede dar dimensión a la persona y calidad a todo el conjunto.
Es por eso que muchas personas rechazan la religiosidad, porque ven en otras una imagen deformada de un dios que no es precisamente Dios.
El día que nos encontremos con una persona, un grupo, un pueblo que esté libre de ídolos, que ponga su fe, su confianza y su amor en el Verdadero Dios, entonces nos encontraremos con gentes que sabrán formar Iglesia y que podrán construir una Patria grande, libre y gloriosa, sin que nada la empañe, sin arrugas que la afean, porque llevan su religión bien impostada en el corazón y su Dios no es un ídolo…
Para comprender plenamente estas cosas, podemos acercarnos a san Pablo y leer sus escritos, así podremos interpretar bien el mensaje de Cristo Jesús y su Evangelio.
María Belén Sánchez fsp