Suplementos
Líbranos, Señor, del mal y de todos los males
Reconocer y saber distinguir el bien y el mal
Cuando pedimos a Dios que nos libre del mal y de los males que asechan a nuestro paso o que nos aquejan, estamos diciendo algo de excesiva importancia: El mal es una realidad, aunque a veces no reconocemos con mucha objetividad lo que es bueno para cada uno y lo que es malo.
Reconocer y saber distinguir el bien y el mal
Esta es una gran sabiduría que a unos se les concede gratuitamente, y otros tenemos que pedirla con insistencia a Dios.
El mal no está en las cosas, el mal germina en lo más íntimo de mi ser cuando me opongo a tu divina ley y me rebelo contra Ti.
El mal está en la vida, está en la mente y está en el corazón de los seres humanos cuando alguien se aparta del bien y hace el mal.
Un ejemplo muy elocuente
El verdadero mal es renunciar a la condición de “hijos de Dios” y dejar su casa por otras cosas que dan tan sólo un rato de satisfacción.
Cuando el Padre Santiago Alberione fundaba la Familia Paulina, a principios del siglo pasado, empezaba su obra, iba adelante con mucha fe, aunque también con muchas dificultades, y para colmo un día se le incendió la imprenta.
A quienes se lamentaban por tan aciago suceso les dijo: “más grave que todo esto es un pecado mortal.”
Los males que propiciamos
Muchas veces no sabemos lo que de veras nos hace bien y lo que realmente nos perjudica.
Ejemplos muy simples pueden ilustrarnos esos males, que proceden de aquello que creíamos que era un bien.
Una persona que comiendo en exceso piensa que eso es lo bueno… luego que se enferma se va a dar cuenta de que aquello era precisamente un mal.
La oración nos libra del mal
Pedir a Dios que nos libre del mal, que aleje de nosotros los males, es una gran cosa y muy importante, pero es también importante que nosotros no los vayamos buscando a cada paso.
Si nos ponemos en la ocasión, es inútil que Dios haga su parte, si nosotros no ponemos empeño en librarnos de lo malo.
ORACION
Señor Jesús, Tú has querido ser
nuestro amigo y compañero
en el camino de la vida,
por eso te has quedado entre nosotros
como alimento de vida.
Perdona si no sabemos reconocerte
en el Pan Eucarístico en que te escondes…
pero sobre todo perdónanos
cuando damos más importancia a comidas
que nutren el cuerpo, y olvidamos
que Tú eres alimento que da vida integral
a nuestro ser hecho de cuerpo y alma,
de espíritu y de luz, que busca siempre
algo más grande para llegar contigo a lo divino.
Reconocer y saber distinguir el bien y el mal
Esta es una gran sabiduría que a unos se les concede gratuitamente, y otros tenemos que pedirla con insistencia a Dios.
El mal no está en las cosas, el mal germina en lo más íntimo de mi ser cuando me opongo a tu divina ley y me rebelo contra Ti.
El mal está en la vida, está en la mente y está en el corazón de los seres humanos cuando alguien se aparta del bien y hace el mal.
Un ejemplo muy elocuente
El verdadero mal es renunciar a la condición de “hijos de Dios” y dejar su casa por otras cosas que dan tan sólo un rato de satisfacción.
Cuando el Padre Santiago Alberione fundaba la Familia Paulina, a principios del siglo pasado, empezaba su obra, iba adelante con mucha fe, aunque también con muchas dificultades, y para colmo un día se le incendió la imprenta.
A quienes se lamentaban por tan aciago suceso les dijo: “más grave que todo esto es un pecado mortal.”
Los males que propiciamos
Muchas veces no sabemos lo que de veras nos hace bien y lo que realmente nos perjudica.
Ejemplos muy simples pueden ilustrarnos esos males, que proceden de aquello que creíamos que era un bien.
Una persona que comiendo en exceso piensa que eso es lo bueno… luego que se enferma se va a dar cuenta de que aquello era precisamente un mal.
La oración nos libra del mal
Pedir a Dios que nos libre del mal, que aleje de nosotros los males, es una gran cosa y muy importante, pero es también importante que nosotros no los vayamos buscando a cada paso.
Si nos ponemos en la ocasión, es inútil que Dios haga su parte, si nosotros no ponemos empeño en librarnos de lo malo.
ORACION
Señor Jesús, Tú has querido ser
nuestro amigo y compañero
en el camino de la vida,
por eso te has quedado entre nosotros
como alimento de vida.
Perdona si no sabemos reconocerte
en el Pan Eucarístico en que te escondes…
pero sobre todo perdónanos
cuando damos más importancia a comidas
que nutren el cuerpo, y olvidamos
que Tú eres alimento que da vida integral
a nuestro ser hecho de cuerpo y alma,
de espíritu y de luz, que busca siempre
algo más grande para llegar contigo a lo divino.