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Las condiciones del amor sin condiciones

Nosotros juzgamos a las personas por sus apariencias, las catalogamos según sus títulos y les creemos según su forma más o menos elocuente de hablar

     Frecuente o habitualmente oímos hablar del amor de Dios, que es sin condiciones, que ama a todos indistintamente sin ver raza estatus, edad, raza, estatura, profesión, categoría, nivel económico o grado de estudios títulos académicos... ningún otro aspecto de la persona humana.

     Y sin embargo, pide también un amor incondicional a su persona a su Palabra, a sus indicaciones.

     Jesús vino a este mundo a darnos ejemplo y a enseñarnos de qué calidad, dimensión y estructura debe ser el amor a nuestro Padre Dios. Y no se limitó a hablar o a decirnos con palabras cómo debemos comportarnos y expresar el amor a nuestro Dios, sino que Él mismo vivió primero y luego dijo: “Síganme”.

     Quien diga que seguir a Jesús es cosa fácil, está en el error más grande, y no porque Jesús nos quiera poner trabas y condiciones difíciles o absurdas, sino porque miremos a donde miremos, y por cualquier lado que queramos llegarle a la vida, no vamos a encontrar una cosa fácil.

     Todo tiene su grado dedificultad, que requiere dedicación y empeño, y cuanto más grande o más importante es lo que perseguimos, más se eleva el grado de dificultad.

     En efecto, hasta la sabiduría popular suele decirnos: “Lo que poco cuesta, poco se aprecia...”.

     Eso lo podemos constatar muy frecuentemente en la actualidad, cuando a niños y a jóvenes se les da todo como suele decirse, “en bandeja de plata”, no valoran lo que reciben y le tienen poco aprecio, además de que se vuelven cada vez más exigentes y quieren que todo les llegue como por arte de magia.

Las palabras de Jesús

     Al leer en el Evangelio de este domingo escuchamos palabras desconcertantes: “entren por la puerta angosta”, porque no basta con buenas intenciones o con hacernos fantasías de que somos los que estuvimos siempre en la primera fila en la misa, o bien que nos creíamos mejores que los demás: Y sin embargo, nos exponemos a recibir el reproche: “No les conozco”.

     Es que la lógica de Dios y sus criterios son muchas veces totalmente ajenos a cuanto como human os nos forjamos en la fantasía.

     Nosotros juzgamos a las personas por sus apariencias, las catalogamos según sus títulos y les creemos según su forma más o menos elocuente de hablar. El que grita más o dice las cosas con más argumentación, nos convence con mayor facilidad, y no porque sus razones sean más verídicas, sino porque nos encandila su discurso.

     Claro, Dios ve los corazones y nosotros nunca tenemos esa oportunidad. Siempre nos quedamos en lo superficial y en lo que aparece evidente ante nuestros ojos.

     Por eso el Señor añade: “Vendrán muchos de lejos y les aventajarán en el Reino de Dios”. Y los que creyeron que tenían todo a su favor, se quedarán rezagados porque no supieron escuchar con el corazón las palabras de vida que el Señor Jesús enseñó.

     Ser cristiano es ser seguidor de Cristo Jesús nuestro Señor, y esto no es fácil. Es necesario adherirse al amor incondicional, y no tan sólo hacernos una religión o un cristianismo a la medida de nuestro gusto, a la facilidad de nuestras conveniencias y poniendo nosotros las condiciones, en vez de aceptar las condiciones que el Señor nos señala en cada página de su Evangelio. En resumidas cuentas, en el último día será el examen.

María Belén Sánchez fsp

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