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Las alianzas detrás del poder

La periodista y analista financiera habla sobre las relaciones entre los banqueros y los presidentes de Estados Unidos

GUADALAJARA, JALISCO (21/FEB/2016).- Intrigada por el tipo de relación que han establecido los presidentes de Estados Unidos con la banca, la periodista estadounidense Nomi Prins se sumergió en este mundo para entender cómo unos mueven los hilos de los otros. De esta investigación —con base en sus conocimientos matemáticos y del sistema financiero— surgió “All the Presidents’ Bankers, the hidden Alliance behind the american power” (“Todos los banqueros del presidente: las alianzas secretas que impulsan el poder estadounidense”), una narración que da luces sobre el estado actual de la economía en su país, echando un vistazo a lo que ocurrió hace más de un siglo.

“En mi más reciente libro estudio la relación de los presidentes y los banqueros, comenzando por Teddy Roosevelt, hace poco más de 100 años, hasta Barack Obama. También ahí examino a las seis grandes familias de banqueros, porque me di cuenta que no es accidental que los seis grandes bancos de hoy son el resultado de la combinación de las mismas seis familias de hace 100 años, en parte por la relaciones entre ellas, pero fundamentalmente por las relaciones que han tenido con los presidentes”, advierte en entrevista la periodista, de vista en tierra jalisciense.

—¿De dónde viene y cómo se desarrolla este vínculo?

—En cuanto a las buenas relaciones, hay que retroceder 100 años. Teddy Roosevelt era presidente en medio de una época de pánico financiero, en 1907. Estaba realmente preocupado por las inversiones de su amigos. Así que llamó a JP Morgan, quien tenía el banco de inversión con más prestigio. Lo que hizo fue prestarle dinero del tesoro estadounidense para que éste a su vez decidiera a quién salvar y a quién no en medio de la crisis. Morgan por supuesto salvó a sus amigos. Esto no fue sino un avance de lo que sería la crisis financiera de 2008.

Otro presidente que tuvo un relación interesante y cercana fue Franklin D. Roosevelt, durante la Gran Depresión de 1929. Entre lo banqueros tiene fama de haber sido el traidor, pues él generó las regulaciones del sistema bancario, pero en realidad lo que encontré en mis investigaciones es que era muy amigable con muchos banqueros, entre ellos con Jack Morgan, hijo de JP Morgan, y con el número dos de este mismo banco, a quien rentaba una casa en Nueva York. Era también amigo el CEO de Chase y de muchos otros banqueros.

John F. Kennedy es otro presidente muy cercano a los banqueros. Digamos que tenía el mismo pedigrí: estudió en Harvard, provenía de una familia acomodada, era parte de la misma sociedad. Fue muy amigo, entre otros, de David Rockefeller, quien en ese momento cabeza del Chase Manhattan Bank.

—¿Qué hay de Ronald Reagan?

—Ese es un caso interesante, pues fue el primero en contratar un CEO de Wall Street como Secretario del Tesoro, Don Regan, que venía de dirigir Merrill Lynch, que es ahora parte de Bank of America. Pero de hecho, la relación venía más por la familia Bush. George Bush, entonces vicepresidente, fue quien lo recomendó; era él quién realmente tenía vínculos con los banqueros, pues su padre fue dueño de un banco que a la postre fue absorbido por Merrill Lynch. Los Bush siempre tuvieron un pie en las finanzas y otro en la política. Ahora es sólo política.

—¿Los Clinton y Obama?

—Bill Clinton también ha tenido una relación cercana con la nueva generación de banqueros. Escogió a un ex directivo de Goldman Sacks, Robert Rubin, como Secretario del Tesoro. La presencia de Rubin explica por qué el Tesoro estadounidense le presta dinero a México durante la crisis de 1994; no estaban salvando a México, estaban salvando a los bancos: Goldman Sacks tenía mucho riesgo por sus prestamos a México, así que aseguró que México pudiera pagarle a los banqueros de Estados Unidos. Obama en realidad se benefició de las relaciones de los Clinton. Él en lo personal no tenía contactos con el mundo bancario hasta que claramente era un candidato a ocupar la presidencia. El principal donador a su campaña fue nada menos que Goldman Sacks.

—¿Y los candidatos actuales, demócratas y republicanos, qué tipo de la relación tienen con los banqueros?

—Hillary Clinton se ha beneficiado de una relación de más de 25 años con la comunidad bancaria. Cuando dejó el Departamento de Estado, la Fundación Clinton tuvo enormes donativos de parte de los seis grandes bancos: más de cinco millones de dólares. Rubin fue y sigue siendo el contacto más importante de los Clinton con la comunidad financiera. Simplemente lo que han ganado los dos Clinton como conferencistas para firmas de Wall Street suman más de tres millones de dólares en dos años. Entre los candidatos, Hillary es sin duda quien tiene las mayores conexiones con el mundo de los bancos.

Marco Rubio es cercano a algunos de los que generaron la crisis de los bonos. Lo apoya principalmente Paul Singer, uno de los metió la mano para salvar la crisis de los bonos de Argentina. Entre los republicanos, Jeff Bush es sin duda quien más apoyo tiene de los banqueros. Ted Cruz es quizá ya el segundo en cuanto a apoyos de Wall Street, porque ha subido en las encuestas. Su esposa trabajó para Goldman Sacks en Texas, así que tiene también una buena relación. En lo que llevamos de campaña los Republicanos han recibido más dinero de los bancos, pero eso puede cambiar si Hillary logra la nominación.

—¿Y cómo es la relación de los banqueros con Donald Trump?

—Tanto él como su padre han tenido una relación muy importante con los bancos. Aunque él quiera hacer creer que no hay nadie detrás de su campaña, más allá de su propia fortuna, el hecho es que él es parte del sistema financiero. Él es tan rico como es gracias a los arreglos con los bancos. En la crisis de los setenta en la ciudad de Nueva York, el presidente Gerald Ford se negó a la emisión de bonos para renegociar deudas de grandes inversionistas inmobiliarios, pero Trump padre logró un arreglo con City Bank y Chase, que permitió salvar su imperio. Aunque él dice que eso no tienen nada que ver con su campaña actual, el hecho es que él es parte del mismo sistema social y financiero.

Dejo al final a Bernie Sanders porque, al menos en apariencia, él no es parte de estas relaciones con el sistema financiero. Efectivamente él no es parte del sistema. Su campaña está siendo financiada por pequeños donantes. No hay ningún banco entre quienes apoyan la campaña ni tampoco ningún billonario, como es el caso de Singer con Rubio o George Soros apoyando a Clinton.

Estados Unidos parece estar cada día más polarizado entre los extremos, más aún, los candidatos llamados tradicionales pierden fuerza frente a las propuestas de los que están fuera del sistema, como Trump o Sanders. ¿Qué está pasando? Ninguno de los dos es lo que podríamos llamar un candidato tradicional. Trump viene del stablishment, pero se presenta como un candidato que enfrenta las cosas como son, al menos como las ven sus seguidores, no parece político y no habla como político. Incluso tiene algunos de los que llamaríamos seguidores azules, esos que normalmente votarán por el Partido Demócrata, como los vimos en New Hamshire, porque sienten que Trump efectivamente luchará por ellos. Lo ven como un tío fuerte que no los va a dejar abajo.

Berni Sanders ha estado como representante en Washington por muchos años, pero él no dice ahora nada que no haya dicho a lo largo de toda su carrera. No ha cambiado sus planteamientos; ni lo que dice ni cómo lo dice. Su seguidores lo consideran como alguien de fuera del stablisment, que lo que habla lo habla desde el corazón y no desde los intereses. Tiene más de tres millones de personas que han contribuido económicamente a su campaña con un promedio de 27 dólares por cabeza, lo que la hace la campaña más horizontal de la historia de Estados Unidos.

—¿Dirías que está en crisis la política tradicional?

—Los votantes creen que la política tradicional significa mentira, y pareciera haber un gran consenso entre los americanos que no quieren que se les mienta más, por eso están buscando candidatos —en ambos lados— con una perspectiva distinta, a los que ellos creen que dicen la verdad.

Por Diego Petersen Farah

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