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Hugo Chávez continúa su batalla contra el cáncer, al mismo tiempo que lucha por mantenerse en el Palacio de Miraflores

GUADALAJARA, JALISCO (04/MAR/2012).- Hugo Chávez Frías es un caudillo propio de la historia latinoamericana, un personaje construido a base de discursos y exaltaciones. Chávez es una mezcla contradictoria entre un líder marxista, un guerrillero militarista latinoamericano y un nacionalista. Como señala Enrique Krauze en uno de los análisis biográficos mejor logrados de la formación política e ideológica de Hugo Chávez, el caudillo “disoció rápidamente la revolución de la democracia”. Chávez puede ser muchas cosas, pero las reivindicaciones demócratas no forman parte de su identidad política.

Hugo Chávez asciende al poder en un contexto bastante propicio para el caudillismo y el ejercicio gubernamental de corte populista. Tras más de dos décadas de presidencias marcadas por el entreguismo neoliberal y un sistema de partidos roto, el ascenso de Chávez significó la vuelta del nacionalismo político. Detrás del presidente venezolano nunca se ofreció un proyecto democrático que buscara consolidar las estructuras ciudadanas o las instituciones políticas surgidas en Venezuela, sino que su plataforma se basa en lo que los teóricos han llamado un proyecto centralmente planificado, esa idea arraigada en algunos sistemas políticos, que concibe al tiempo como un flujo de episodios que pueden ser controlados por las instituciones políticas y obtener, a partir de regulaciones e intervenciones estatales, los resultados deseados desde el Gobierno.

Programas sociales, nacionalizaciones, inversión en el sector petrolero y combate contra el analfabetismo, han sido ejes del Gobierno chavista durante más de una década. Sin embargo, no es posible explicar el fenómeno Chávez sin hacer alusión al golpe de Estado que comenzó a pavimentar su camino hacia el Palacio de Miraflores.

En 1992, Hugo Chávez encabezó una revuelta militar con el objetivo, al final fallido, de derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. El propio Chávez dirigió la rebelión, que se terminó apagando justamente en su frente de Caracas. Una década después, y tras haber conquistado la presidencia con un discurso donde aludía a la necesidad de recuperar un proyecto soberano, Chávez acusaría a la oligarquía nacional y a Estados Unidos de apoyar un golpe de Estado que buscó derrocarlo en su tercer año de Gobierno. Tanto George Walker Bush como José María Aznar, presidentes de Estados Unidos y España en aquel 2002, reconocieron al gobierno golpista en contra del consenso condenatorio de la comunidad internacional. Por algunas horas, el proyecto chavista parecía presa de las inestabilidad propia de los gobiernos latinoamericanos en la segunda parte del siglo XX.

La retórica antiamericana de Chávez y su guerra contra la oligarquía venezolana, tomó otra dimensión a partir de ese hecho en particular. El fantasma del golpe de Estado ha sido un común denominador durante su mandato: sirvió como piedra de atracción que facilitó su ascenso a la silla presidencia y, por otro lado, también se convirtió en esa justificación que lo llevó a narrativas sumamente agresivas contra el imperio y las naciones centrales.

El nombre de Chávez ha vuelto a la palestra. Informaciones liberadas por Wikileaks señalan que el militar retirado de 57 años está luchando cara a cara contra un cáncer que lentamente lo consume. Apenas la pasada fue operado en Cuba para extraerle una lesión en el mismo sitio donde se le detectó un tumor canceroso en junio de 2011. Sabíamos de sus males físicos, aunque la gravedad sigue siendo una incógnita. En consonancia con estas divulgaciones, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) se ha enfrascado en una batalla interna para renovar su liderazgo, en caso de que Chávez no logré salir de la enfermedad que le tratan médicos cubanos en La Habana. Asimismo, la controversia sobre la salud de Chávez no sería tan grande, si el pueblo venezolano no estuviera envuelto en un clima electoral de cara al proceso de renovación presidencial de octubre de este año. Así, la coyuntura ofrece un panorama donde el chavismo, en toda la extensión de la palabra, se juega la supervivencia.

Como describe el propio Krauze, Chávez es un hombre multifacético. Voraz lector de ídolos; interprete militar y marxista de la historia; latinoamericanista, corrección: bolivariano; empedernido, e incansable constructor de poder. Hombre nacido para y por el poder. Su admiración a las biografías de los grandes ídolos, marca la ruta de un personaje negado a lo efímero de la democracia, esa forma de entender la transmisión periódica del poder. Por el contrario, desde los ojos de Chávez, los “hombres en la historia” (tomando aquél titulo del libro constitutivo del pensamiento soviético por excelencia,  del intelectual Georgi Pléjanov) están destinado a trascender los tiempos, a quebrar las épocas y a vulnerar las ataduras del sistema representativo. El líder verdaderamente político emana del pueblo y, por lo tanto, conoce de antemano sus verdaderos anhelos y necesidades. Chávez sin su narrativa popular, es simplemente inexplicable.

Chávez es una figura polarizante. Su sola mención trae a la conversación una serie de antónimos.: Nacionalista y dictador; líder y autoritario; popular y antidemocrático.  De la misma manera, Chávez alienta la subjetividad ideológica: para la izquierda, el mandatario se ha convertido en el faro económico de la izquierda, la prueba de que la economía planificada da resultados en reducción de pobreza y disminución de la desigualdad. Para la derecha, por el contrario, representa una regresión democrática, un líder que ha pulverizado institucionalmente a Venezuela.

Así, tal parece, que Hugo Chávez es uno de esos líderes, que ni siquiera la historia podrá juzgar a cabalidad.

WikiLeaks
La enfermedad

“El tumor creció cerca de la próstata, se expandió al colón, lo que lleva a una confusión sobre el tratamiento”. “Una fuente médica confiable explicó que se expandió a los ganglios linfáticos y a la médula a través de la columna, es decir, ya es bastante serio”, develó Wikileaks.

FRASE

"Dios les pague tanta solidaridad, tanto amor, mis amados y amadas compatriotas ¡viviré! ¡viviremos! ¡venceremos! Hasta la Victoria Siempre. Mis queridos compatriotas ¡Aquí voy, levantando vuelo como el Cóndor! Les mando todo mi amor supremo "
Hugo Chávez,
presidente de Venezuela

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