Suplementos
La tuya en bicicleta
Los dos ciclistas de Ankara
GUADALAJARA, JALISCO (29/JUL/2012).- Las autopistas eran amplias, bien señaladas y de concreto. Eran más de cuatro carriles con salidas bien planeadas hacia las calles principales de Ankara, la capital de Turquía. La verdad es que para los automóviles, la vía que rodeaba la ciudad era ejemplar. Sin embargo para los ciclistas era todo un reto y, probablemente, la razón principal por la cual no había muchos de ellos en el camino. La preocupación más grande que Annika y yo sentíamos al entrar a la ciudad, concebida y creada en su totalidad por el héroe nacional de este país, Ata Türk, era quedar atrapados entre dos carriles, consecuencia de las salidas planeadas a la “Highway estadounidense”.
El panorama no era alentador, pero teníamos que cruzar la ciudad para poder llegar con nuestro amigo Mahir, quien nos esperaba con té y baclava turko. La única ventaja que teníamos era nuestro llamativo equipaje, el cual siempre logra sorprender a más de un automovilista que nos ve pasar, ya sea por la carretera o por la ciudad. En este caso nuestro equipaje también nos ayudó para llamar la atención de aquellas personas que nos ayudarían a alcanzar a nuestro destino final.
Casi llegando al corazón de la ciudad, observé cómo un auto hizo un tremendo esfuerzo para adelantarse a nosotros. A lo lejos vi como logró orillarse para finalmente detenerse a un lado de la parada de autobús. En seguida un muchacho joven, sonriente y un poco calvo corrió hacia nosotros. Nos saludó con tal efusividad y alegría que nos quito los nervios de pedalear entre carros y camiones. Nos acercamos hacia él y se presentó. “Antes que nada, felicitaciones por su viaje, ¿de dónde son?”, preguntó con la voz agitada. “México y Alemania”, respondí y con esas palabras inició una de las más preciadas amistades que hemos hecho a lo largo de nuestro viaje.
Resulta que este muchacho, Gürkan Genç, también es ciclista de largo alcance. En el año 2007 realizó un viaje desde Turquía hasta Japón, cruzando el desierto de Gobi en las condiciones más extremas que se pueda uno imaginar. Tanto le gustó que actualmente está por realizar un viaje épico de siete años en el cual intentará cruzar en bici todos los desiertos más importantes del mundo. Ese mismo día nos invitó a una fiesta que se celebraría por la noche en casa de uno de sus mejores amigos y nos dio instrucciones precisas, desde el punto de vista “ciclista”, para llegar sin peligro alguno a nuestro destino. Emocionados por haber sido asistido por otro ciclista de largo alcance como nosotros, seguimos nuestro camino. A los pocos metros de andar, la suerte nos volvió a sonreír, pues nos topamos con otro ciclista solitario llamado Hakan que pedaleaba con su bici de ruta en la misma dirección que nosotros. Nos ofreció ayuda, la cual aceptamos sin pensarlo dos veces. Al final, no sólo nos guió el resto del camino hasta con Mahir, sino que nos invitó un helado y nos ayudó a cargar la bici de Annika por la empinada cuesta que había hasta la casa.
Si bien es cierto que ciertas ciudades no están diseñadas recórrela en bicicleta, esto no quiere decir que no existan y cuando las encuentras te pueden llegar a sorprender gratamente. Así que si algún día ven a un ciclista entrar un poco desorientados por el Periférico de nuestra Perla Tapatía, no duden en mostrarle el proverbial y caluroso apoyo por el que somos bien reconocidos. No importa si andas en dos o en cuatro llantas, porque al final eso no hace ninguna diferencia para un ciclista asustado, tal y como nosotros lo estábamos aquél día en Turquía.
Entre ruedas
Autopistas y ferrocarriles
La capital de Turquía, Ankara, es la segunda ciudad más poblada de ese país con poco más de cuatro millones de habitantes, apenas por detrás de Estambul.
Es una ciudad comercial e industrial, por lo que las vías de comunicación terrestre tienen suma importancia, está en el centro de las redes turcas de autopistas y ferrocarriles.
El panorama no era alentador, pero teníamos que cruzar la ciudad para poder llegar con nuestro amigo Mahir, quien nos esperaba con té y baclava turko. La única ventaja que teníamos era nuestro llamativo equipaje, el cual siempre logra sorprender a más de un automovilista que nos ve pasar, ya sea por la carretera o por la ciudad. En este caso nuestro equipaje también nos ayudó para llamar la atención de aquellas personas que nos ayudarían a alcanzar a nuestro destino final.
Casi llegando al corazón de la ciudad, observé cómo un auto hizo un tremendo esfuerzo para adelantarse a nosotros. A lo lejos vi como logró orillarse para finalmente detenerse a un lado de la parada de autobús. En seguida un muchacho joven, sonriente y un poco calvo corrió hacia nosotros. Nos saludó con tal efusividad y alegría que nos quito los nervios de pedalear entre carros y camiones. Nos acercamos hacia él y se presentó. “Antes que nada, felicitaciones por su viaje, ¿de dónde son?”, preguntó con la voz agitada. “México y Alemania”, respondí y con esas palabras inició una de las más preciadas amistades que hemos hecho a lo largo de nuestro viaje.
Resulta que este muchacho, Gürkan Genç, también es ciclista de largo alcance. En el año 2007 realizó un viaje desde Turquía hasta Japón, cruzando el desierto de Gobi en las condiciones más extremas que se pueda uno imaginar. Tanto le gustó que actualmente está por realizar un viaje épico de siete años en el cual intentará cruzar en bici todos los desiertos más importantes del mundo. Ese mismo día nos invitó a una fiesta que se celebraría por la noche en casa de uno de sus mejores amigos y nos dio instrucciones precisas, desde el punto de vista “ciclista”, para llegar sin peligro alguno a nuestro destino. Emocionados por haber sido asistido por otro ciclista de largo alcance como nosotros, seguimos nuestro camino. A los pocos metros de andar, la suerte nos volvió a sonreír, pues nos topamos con otro ciclista solitario llamado Hakan que pedaleaba con su bici de ruta en la misma dirección que nosotros. Nos ofreció ayuda, la cual aceptamos sin pensarlo dos veces. Al final, no sólo nos guió el resto del camino hasta con Mahir, sino que nos invitó un helado y nos ayudó a cargar la bici de Annika por la empinada cuesta que había hasta la casa.
Si bien es cierto que ciertas ciudades no están diseñadas recórrela en bicicleta, esto no quiere decir que no existan y cuando las encuentras te pueden llegar a sorprender gratamente. Así que si algún día ven a un ciclista entrar un poco desorientados por el Periférico de nuestra Perla Tapatía, no duden en mostrarle el proverbial y caluroso apoyo por el que somos bien reconocidos. No importa si andas en dos o en cuatro llantas, porque al final eso no hace ninguna diferencia para un ciclista asustado, tal y como nosotros lo estábamos aquél día en Turquía.
Entre ruedas
Autopistas y ferrocarriles
La capital de Turquía, Ankara, es la segunda ciudad más poblada de ese país con poco más de cuatro millones de habitantes, apenas por detrás de Estambul.
Es una ciudad comercial e industrial, por lo que las vías de comunicación terrestre tienen suma importancia, está en el centro de las redes turcas de autopistas y ferrocarriles.