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La gente importante

La multitud era como de unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños, y todos habían caminado a un lugar despoblado para poder escuchar a Jesús...

    La multitud era como de unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños, y todos habían caminado a un lugar despoblado para poder escuchar a Jesús; unos habían ido por curiosidad y otros por necesidad, pero al paso de las horas ninguno de ellos hizo por irse: todos estaban maravillados de las palabras del Maestro, y su hambre y su sed por seguir escuchándolo eran más fuertes que el hambre y la sed naturales que estaban experimentando.
    Pronto la situación se hizo preocupante, porque el día estaba muy avanzado y la mayoría de las personas no tenían provisión alguna para comer. Fue el propio Jesús quien llamó la atención hacia la necesidad de la gente, y aprovechó para preguntar a sus discípulos sobre un plan de acción, pero ninguno tenía una idea que fuera posible de llevarse a cabo.
    Según nos relata el evangelio, fue Andrés, el hermano de Simón Pedro, quien le dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?”. Este hecho, por sí mismo, es tan destacable como el milagro mismo de la alimentación de los cinco mil hombres.
    Lo primero que llama la atención es preguntarnos la razón de que Andrés hubiera tenido el tiempo y el deseo de acercarse a un muchacho, cuando se encontraba en una reunión con cinco mil hombres. Seguramente mucha gente importante estaba presente en ese lugar, y cualquiera de los discípulos de Jesús se hubiera sentido muy honrado de poder platicar con ellos, o apartarles un buen lugar para escuchar mejor, o quizá hasta arreglar un encuentro privado con el Señor. Sin embargo, Andrés tuvo el tino de entrar en contacto con un adolescente.
    Lo segundo es descubrir que el muchacho estuvo dispuesto a compartir su comida con las demás personas. La adolescencia es una etapa de la vida que no necesariamente se caracteriza por la generosidad y el altruismo, y dada la cantidad de comida que llevaba (cinco panes y dos peces), seguramente se trataba de su ración personal; compartir su alimento con otros seguramente lo dejaría con hambre, y eso sin tomar en cuenta que de todas formas miles se quedarían sin probar aunque fuera un poco.
    Lo tercero es comprobar que se trataba de un joven de clase humilde, lo que podemos saber por el tipo de pan que llevaba, el pan de cebada, el cual era de uso común entre la gente de escasos recursos. Seguramente se trataba de un joven acostumbrado a llevar una vida de limitaciones, y en ese caso es todavía más difícil que se practique la generosidad.
    ¿Cómo entonces un joven de extracción humilde, con una ración limitada de alimento, estuvo dispuesto a compartirlo con Jesús? La clave está en Andrés, el hermano de Simón Pedro. Andrés demuestra a la clase de personas que son capaces de vivir “a la sombra de otro” (en este caso, de su hermano el superestrella), sin perder su valor propio, y que por lo mismo son capaces de asociarse con los humildes, creando una relación cordial con los demás. Si se hubiera tratado de un adulto extraño, seguramente el joven no se hubiera animado a compartir de su comida, pero en este caso se trataba de un discípulo de Jesús, quien había mostrado un genuino interés en él. A esa clase de personas difícilmente se les negará un favor… aunque sea partiendo la poca comida disponible.
 
  Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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