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La doctrina social de la Iglesia

El 15 de mayo de 1891 fue promulgada la carta encíclica Rerum Novarum por el Papa León XIII, la cual es el primer documento de la Iglesia Católica que trata las cuestiones sociales en su tiempo

 Primera parte: Rerum Novarum

     El 15 de mayo de 1891 fue promulgada la carta encíclica Rerum Novarum por el Papa León XIII, la cual es el primer documento de la Iglesia Católica que trata las cuestiones sociales en su tiempo. El título en latín significa “De las Cosas Nuevas”, y en ella se afronta la cuestión obrera en una forma que, de acuerdo con Juan Pablo II, se ha vuelto una forma permanente de ver las cosas.
      Por su parte, Pio XI expresa, en una carta de 1931, que “La Rerum Novarum se ha convertido en el documento inspirador y de referencia de la actividad cristiana en el campo social”, cuyo tema central es la instauración de un orden social justo.
     La doctrina social de la Iglesia Católica no solamente se refiere a cuestiones obrero-patronales, sino que barca numerosos temas, de entre los que destacan la familia, el matrimonio, la economía y la política, la ecología y la promoción de la paz. Sobre cada uno de estos aspectos iremos abundando en artículos posteriores.
     El primer postulado de la encíclica Rerum Novarum aboga por el derecho a la asociación laboral; esto es, a la creación de sindicatos y todo tipo de asociaciones profesionales. En su época fue una intervención visionaria, pues a fines del siglo XIX la situación de los trabajadores era precaria.
      En la citada encíclica leemos, en el apartado 1: “Disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores”.
     Recordemos que esto fue dicho en 1891 por la Iglesia Católica. Y aún hay más. El documento pontificio pide por el descanso dominical, que no existía; por la limitación al trabajo diario, poniendo el camino a las jornadas actuales de ocho horas por día; la prohibición del trabajo infantil y la protección a la mujer trabajadora, temas por cuya actualidad no deja de asombrar que se hayan tratado desde hace 118 años. Otro aspecto que considera la encíclica es el reconocimiento del justo salario, que no nada más debe ser acorde a las labores y responsabilidades del trabajador, sino también a las necesidades de su familia. Para rematar esta serie de pronunciamientos, está la necesidad de la previsión social.
     El Papa León XIII trató, además de esos aspectos, algunos otros en los ámbitos político sociales. Se pronuncia contrario a la lucha de clases, y frente al socialismo y al capitalismo extremo, propone que se adoptase un principio de colaboración entre clases sociales, al tiempo que reconoce que la propiedad privada es un derecho natural dentro de los límites de la justicia. Con respecto al capitalismo extremo, sus ideas eran que éste es la causa  de la pobreza y la degradación de muchos de trabajadores, cuyas raíces son el divorcio entre la economía y la moral, y la acumulación de riqueza como aspiración única y máxima.
     Los llamados del Papa a la justicia en las relaciones obrero-patronales abundan: en el apartado 15 leemos que los deberes de los ricos y patronos son: “no considerar a los obreros como esclavos; respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama el carácter cristiano. Que los trabajos remunerados no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro, y no estimarlos en más que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí.”
     Y también ha de recordarse que los derechos generan deberes. El trabajador ha de realizar sus labores de la mejor manera posible, sin murmuraciones; ser puntual y no dejarse llevar por la pereza; exigir dentro de los límites de la justicia y considerar el trabajo como una bendición. La frase que a veces oímos: “gracias a Dios es viernes”, debe extenderse a toda la semana y no con la connotación de que acabó una maldición, sino porque cada día tenemos la oportunidad de manifestar nuestro agradecimiento al Padre por sus beneficios y de dignificar nuestra existencia con nuestro trabajo. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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