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La crisis es de fe
Es una crisis de fe, que el mundo, nuestra sociedad y el país vienen padeciendo desde hace varios lustros, y ha venido aumentando hasta llegar a niveles verdaderamente preocupantes
Los tiempos que estamos viviendo, sí se pueden denominar como tiempos de crisis; sin embargo, en la base de la crisis no están la recesión económica, la revolución social y los movimientos anarquistas; la violencia desatada; el crimen organizado; ni siquiera la pérdida de los valores trascendentes o el subjetivismo, el relativismo, y otros “ismos” que invaden las mentes y conciencias de las personas.
Es una crisis de fe, que el mundo, nuestra sociedad y el país vienen padeciendo desde hace varios lustros, y ha venido aumentando hasta llegar a niveles verdaderamente preocupantes. Ésta surge desde aquello que creemos tiene como fuente y principio de la vida misma: la creación del ser humano y por quién fue creado; la razón y las metas que tiene su presencia en este mundo, obviamente establecidas por quien lo creó.Son muchas las teorías acerca de la creación del mundo y del ser humano; todas respetables, pero al fin teorías, aun las científicas más desarrolladas.
Para nosotros los bautizados, los que creemos en Dios Padre y en su Hijo Jesucristo, el tema de la Creación y todo lo que la rodea es una revelación de Dios hecha a unos seres humanos, los cuales, por y con la inspiración del Espíritu de ese mismo Dios, la plasmaron a través de los siglos en unos escritos que vinieron a ser, por así decirlo, el acopio de todas las verdades reveladas, a través de la Historia de la Salvación, y hasta el último de los apóstoles, que es la Sagrada Escritura o Santa Biblia.
Algunos me dirán aquí: “¡Uy, eso no se puede creer! Son cuentos de niños”, y otras cosas. Y nosotros les diríamos: “Tienen razón, hasta cierto punto: No se puede creer, si no se tiene el don de la fe”.
Pues bien, esa misma fe nos hace creer en lo que dic e el libro del Génesis: que Dios creó al ser humano a su imagen, hombre y mujer, y los colocó en un Edén donde tenían todo a su disposición para ser felices, primordialmente la amistad con Dios. Sin embargo, al ejercer su libertad, desobedecieron a Dios y traicionaron y perdieron esa amistad, y con ella, todas las maravillas que Él les había entregado para esa felicidad, y fueron expulsados del paraíso y destinados a luchar con dolor, esfuerzo, penalidades y penurias por la propia subsistencia.
Aún así, en ese mismo momento, Dios ya les estaba prometiendo un Salvador, que vendría al mundo no para restaurar ese Edén, ese paraíso terrenal, sino para algo mucho más sublime e inmenso: para hacernos hijos en su Hijo Jesús, y con ello herederos del Paraíso Eterno y Celestial. Para ello sería preciso que recibiéramos en nuestro corazón a Jesús, lo escucháramos y pusiéramos en práctica sus mandamientos.
Por su lado, Jesús en infinidad de veces nos exhorta y nos exige que creamos en Él; por ejemplo, en el Evangelio de san Juan encontramos esta consigna: “En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.”(Jn 14, 12).
Esa fe que, insistimos, es un don gratuito de Dios, que se lo da a quien lo pide y al mismo tiempo lo obedece, se suscita precisamente a partir de un encuentro personal con Jesucristo; de un conocimiento experiencial de Él, y no sólo con la razón, sino con un conocimiento intelectual; un encuentro que nos lleve a exclamar de esa manera alegre, festiva, entusiasta y contagiosa, es decir, desde el corazón.
Así lo hizo Andrés, quien vendría a ser uno de los discípulos y apóstoles del círculo íntimo de Jesús, según nos lo relata el Evangelio de este domingo, al afirmar: “Hemos encontrado al Mesías”.
Si tú, estimado lector, no has tenido la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, hoy es el día en que has de pedirle tener uno; hazlo con fe, aunque “no la sientas”; con decisión, aunque llegues a dudar, y cuando menos lo esperes Jesús se te hará el “encontradizo”, porque hemos de ser conscientes que es Él quien sale a nuestro encuentro y no nosotros al de Él, pues nosotros por nuestras propias fuerzas y recursos no podemos llegar a Jesús.
Anímate y hazlo, y comprobarás cómo surgirá en ti una fe que te capacitará para hacer cualquier cosa, para enfrentar cualquier cosa, y no digamos la crisis actual. Si todos los seres humanos hiciéramos esta experiencia, nuestro mundo sería muy diferente y las crisis “nos vendrían a ver y se irían de paso”.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx
Es una crisis de fe, que el mundo, nuestra sociedad y el país vienen padeciendo desde hace varios lustros, y ha venido aumentando hasta llegar a niveles verdaderamente preocupantes. Ésta surge desde aquello que creemos tiene como fuente y principio de la vida misma: la creación del ser humano y por quién fue creado; la razón y las metas que tiene su presencia en este mundo, obviamente establecidas por quien lo creó.Son muchas las teorías acerca de la creación del mundo y del ser humano; todas respetables, pero al fin teorías, aun las científicas más desarrolladas.
Para nosotros los bautizados, los que creemos en Dios Padre y en su Hijo Jesucristo, el tema de la Creación y todo lo que la rodea es una revelación de Dios hecha a unos seres humanos, los cuales, por y con la inspiración del Espíritu de ese mismo Dios, la plasmaron a través de los siglos en unos escritos que vinieron a ser, por así decirlo, el acopio de todas las verdades reveladas, a través de la Historia de la Salvación, y hasta el último de los apóstoles, que es la Sagrada Escritura o Santa Biblia.
Algunos me dirán aquí: “¡Uy, eso no se puede creer! Son cuentos de niños”, y otras cosas. Y nosotros les diríamos: “Tienen razón, hasta cierto punto: No se puede creer, si no se tiene el don de la fe”.
Pues bien, esa misma fe nos hace creer en lo que dic e el libro del Génesis: que Dios creó al ser humano a su imagen, hombre y mujer, y los colocó en un Edén donde tenían todo a su disposición para ser felices, primordialmente la amistad con Dios. Sin embargo, al ejercer su libertad, desobedecieron a Dios y traicionaron y perdieron esa amistad, y con ella, todas las maravillas que Él les había entregado para esa felicidad, y fueron expulsados del paraíso y destinados a luchar con dolor, esfuerzo, penalidades y penurias por la propia subsistencia.
Aún así, en ese mismo momento, Dios ya les estaba prometiendo un Salvador, que vendría al mundo no para restaurar ese Edén, ese paraíso terrenal, sino para algo mucho más sublime e inmenso: para hacernos hijos en su Hijo Jesús, y con ello herederos del Paraíso Eterno y Celestial. Para ello sería preciso que recibiéramos en nuestro corazón a Jesús, lo escucháramos y pusiéramos en práctica sus mandamientos.
Por su lado, Jesús en infinidad de veces nos exhorta y nos exige que creamos en Él; por ejemplo, en el Evangelio de san Juan encontramos esta consigna: “En verdad, en verdad les digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.”(Jn 14, 12).
Esa fe que, insistimos, es un don gratuito de Dios, que se lo da a quien lo pide y al mismo tiempo lo obedece, se suscita precisamente a partir de un encuentro personal con Jesucristo; de un conocimiento experiencial de Él, y no sólo con la razón, sino con un conocimiento intelectual; un encuentro que nos lleve a exclamar de esa manera alegre, festiva, entusiasta y contagiosa, es decir, desde el corazón.
Así lo hizo Andrés, quien vendría a ser uno de los discípulos y apóstoles del círculo íntimo de Jesús, según nos lo relata el Evangelio de este domingo, al afirmar: “Hemos encontrado al Mesías”.
Si tú, estimado lector, no has tenido la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, hoy es el día en que has de pedirle tener uno; hazlo con fe, aunque “no la sientas”; con decisión, aunque llegues a dudar, y cuando menos lo esperes Jesús se te hará el “encontradizo”, porque hemos de ser conscientes que es Él quien sale a nuestro encuentro y no nosotros al de Él, pues nosotros por nuestras propias fuerzas y recursos no podemos llegar a Jesús.
Anímate y hazlo, y comprobarás cómo surgirá en ti una fe que te capacitará para hacer cualquier cosa, para enfrentar cualquier cosa, y no digamos la crisis actual. Si todos los seres humanos hiciéramos esta experiencia, nuestro mundo sería muy diferente y las crisis “nos vendrían a ver y se irían de paso”.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx