Suplementos
La caravana del corazón
La ruta del Peregrino, con sus 92 kilómetros, desde Ameca hasta Talpa, es una de las experiencias más vibrantes que ofrece nuestro Estado a los viajeros
GUADALAJARA, JALISCO (27/MAR/2016).- Es cierto. Habrá un momento en que el cuerpo del peregrino diga “no más”. Ese instante en el que sus músculos alcancen un grado de agotamiento tal, que no habrá forma de flexionarlos para dar otro paso. Cuando los ojos al cerrarse se nieguen a abrirse de nueva cuenta, ante la avalancha de cansancio y sueño. En el que el camino que lucía largo, de repente parezca eterno. Pero también es cierto que la fuerza llega. Que un envión misterioso le va a dar el empujón que hace falta. Que la sombra en el camino nocturno se va a disipar con el brillo de las estrellas. Llega el instante en el que el peregrino, movido por la fe y nada más que por la fe, dé siempre un paso más que el marcado por sus límites terrenales. Y dará los que sean necesarios hasta llegar a su destino.
Lo confieso: es difícil poner en palabras todo lo que se ve en la Ruta del Peregrino, la que durante décadas ha sido recorrida desde Ameca hasta Talpa. Lo es porque las historias que allí se observan son intensas, de principio a fin. Marché por cortos trayectos al lado de hombres y mujeres cuya única arma ante el agotamiento era una sonrisa y las ganas de postrarse ante la Virgen de Talpa. Los observé sentarse los unos al lado de otros, casi siempre extraños que se conocieron durante el viaje, y conversar como si se conocieran de toda la vida.
Pero lo que más me impactó fue que en la larga fila de peregrinos no había ni ricos, ni pobres. No importaba el acento al hablar o el pasaporte. Era intrascendente. Hombres y mujeres eran iguales. Una caravana humana que marchaba al ritmo de su corazón.
La primer parada
No hay un tiempo específico para recorrer la Ruta del Peregrino. Los veteranos dicen que lo normal eran tres días y dos noches, de Ameca a Talpa. Pero también escuché la historia de un atleta que lo hacía en dos días, y estaban los otros, que sin ningún tipo de prisa, se toman hasta siete días en acabar la ruta. No son carreritas, a final de cuentas.
Ameca es la ciudad donde se suelen encontrar los peregrinos. Con su Palacio del Ayuntamiento en color blanco impoluto. Los primeros viajeros suelen llegar al templo de Santiago Apóstol para pedirle al Señor Grande (una imagen de Cristo), que su viaje esté libre de peligros. También aprovechan para comprar los víveres necesarios.
Esta ciudad promueve actualmente que los peregrinos marchen por uno de los tramos de “Las vías verdes”, proyecto cultural y turístico que se pretende rescatar y poner al día. La ventaja de esta nueva ruta es que está mejor acondicionada para el paso de caminantes, además de que es más segura y ofrece vistas espectaculares.
De Ameca se marcha a Lagunillas. Es un punto de encuentro para los peregrinos, antes de ascender el Cerro del Obispo. Aquí se encuentra uno de los monumentos que en años recientes se han construido en la ruta: El de la gratitud.
Por los cielos
El cerro del Obispo no será una cumbre demasiado alta. Pero conquistarlo para los peregrinos es el equivalente a subirse al Himalaya. Con sus mil 940 metros sobre el nivel del mar, es un desafío importante. El serpenteante ascenso, lleno de piedras, rocas sueltas y polvo es sorteado en esta temporada por miles de viajeros, que cómo único apoyo suelen llevar su burrito (bastón de madera), sombrero para combatir el Sol y el tradicional paliacate para secarse el sudor.
La cima tiene su monumento. Una suerte de cilindro gigantesco en color blanco. Entrar en él y ver el cielo es una experiencia sobrecogedora.
El juego de luces y sombras con el celeste ofrece al paseante la sensación de estar viendo la silueta de una gigantesca paloma.
Aunque puede dar esa sensación, el Cerro del Obispo no es la cumbre más alta que se toparán los peregrinos en su viaje. El Espinazo del Diablo, por ejemplo, tiene mil 950 metros, aunque se comienza el ascenso desde la estación de Los Guayabos, que está a mil 600 metros.
El camino es largo, y en cada parada, si el peregrino no llevó suficiente comida, hay gente que vende platillos por precios económicos, e incluso están aquellos que pagando alguna manda o como un simple acto de amor, regalan los alimentos.
La llegada
Por estos días, Talpa es un hervidero. Buena parte de la pequeña ciudad se vuelve peatonal ante la cantidad de peregrinos que todos los días llegan (sirva esto como advertencia de quienes lleven vehículo, porque la manera más sencilla de llegar a algún lado de la urbe es a pie).
También es un hervidero porque no duerme. Tras el largo viaje, los peregrinos que van arribando lo hacen felices. El agotamiento y las penurias se olvidan, si es que alguna vez existieron. La sonrisa brilla más, mucho más que el polvo y el sudor acumulados.
El atrio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, donde se resguarda la imagen de la Virgen de Talpa, luce lleno desde la tarde y bien entrada la noche. Y por la mañana. Y al mediodía. Lleno de músicos, de jóvenes, de ancianos, de hombres solitarios y de grupos de personas. La palabra silencio se extingue durante Semana Santa.
Hay quienes llegan ante la Virgen cantando o tocando un instrumento. Que se postran a sus pies con el talento musical. Pero también están los que entran bailando, movidos por el furor del momento. Están los que llegan caminando, en silencio y conmovidos. Y finalmente los que lo hacen de rodillas. Agradecidos y arrojados ante la manda cumplida. El fervor y las emociones convierten el interior de la basílica en un espacio donde el espíritu y la carne se tocan. Una experiencia para la que se podrían usar mil palabras, y aún así, yo recomendaría mil veces experimentarla. Y es que en un momento u otro de nuestra vida, todos seremos peregrinos tras estar agradecidos por un milagro.
Lo básico
Las estaciones
Ameca.
Lagunillas: Aquí se encuentra el monumento a la gratitud.
Mirador del Cerro del Obispo.
Ermita en la falda del Cerro del Obispo.
La Estanzuela: Albergues.
Cerro de las comadres.
Majadas.
Atenguillo.
Mirador de Los Guayabos.
Mirador del Espinazo del Diablo.
Las cruces.
Jacal.
Gallineros.
Cruz de Romero.
Talpa.
Descansa
El hospedaje
Hotel Playa del Río
López Cotilla #24, Talpa de Allende, Jalisco.
Teléfonos: (388) 385 0380 y (388) 385 0096.
Hotel Plaza
Independencia #20
Teléfono: 01 (388) 385-0086.
Lo confieso: es difícil poner en palabras todo lo que se ve en la Ruta del Peregrino, la que durante décadas ha sido recorrida desde Ameca hasta Talpa. Lo es porque las historias que allí se observan son intensas, de principio a fin. Marché por cortos trayectos al lado de hombres y mujeres cuya única arma ante el agotamiento era una sonrisa y las ganas de postrarse ante la Virgen de Talpa. Los observé sentarse los unos al lado de otros, casi siempre extraños que se conocieron durante el viaje, y conversar como si se conocieran de toda la vida.
Pero lo que más me impactó fue que en la larga fila de peregrinos no había ni ricos, ni pobres. No importaba el acento al hablar o el pasaporte. Era intrascendente. Hombres y mujeres eran iguales. Una caravana humana que marchaba al ritmo de su corazón.
La primer parada
No hay un tiempo específico para recorrer la Ruta del Peregrino. Los veteranos dicen que lo normal eran tres días y dos noches, de Ameca a Talpa. Pero también escuché la historia de un atleta que lo hacía en dos días, y estaban los otros, que sin ningún tipo de prisa, se toman hasta siete días en acabar la ruta. No son carreritas, a final de cuentas.
Ameca es la ciudad donde se suelen encontrar los peregrinos. Con su Palacio del Ayuntamiento en color blanco impoluto. Los primeros viajeros suelen llegar al templo de Santiago Apóstol para pedirle al Señor Grande (una imagen de Cristo), que su viaje esté libre de peligros. También aprovechan para comprar los víveres necesarios.
Esta ciudad promueve actualmente que los peregrinos marchen por uno de los tramos de “Las vías verdes”, proyecto cultural y turístico que se pretende rescatar y poner al día. La ventaja de esta nueva ruta es que está mejor acondicionada para el paso de caminantes, además de que es más segura y ofrece vistas espectaculares.
De Ameca se marcha a Lagunillas. Es un punto de encuentro para los peregrinos, antes de ascender el Cerro del Obispo. Aquí se encuentra uno de los monumentos que en años recientes se han construido en la ruta: El de la gratitud.
Por los cielos
El cerro del Obispo no será una cumbre demasiado alta. Pero conquistarlo para los peregrinos es el equivalente a subirse al Himalaya. Con sus mil 940 metros sobre el nivel del mar, es un desafío importante. El serpenteante ascenso, lleno de piedras, rocas sueltas y polvo es sorteado en esta temporada por miles de viajeros, que cómo único apoyo suelen llevar su burrito (bastón de madera), sombrero para combatir el Sol y el tradicional paliacate para secarse el sudor.
La cima tiene su monumento. Una suerte de cilindro gigantesco en color blanco. Entrar en él y ver el cielo es una experiencia sobrecogedora.
El juego de luces y sombras con el celeste ofrece al paseante la sensación de estar viendo la silueta de una gigantesca paloma.
Aunque puede dar esa sensación, el Cerro del Obispo no es la cumbre más alta que se toparán los peregrinos en su viaje. El Espinazo del Diablo, por ejemplo, tiene mil 950 metros, aunque se comienza el ascenso desde la estación de Los Guayabos, que está a mil 600 metros.
El camino es largo, y en cada parada, si el peregrino no llevó suficiente comida, hay gente que vende platillos por precios económicos, e incluso están aquellos que pagando alguna manda o como un simple acto de amor, regalan los alimentos.
La llegada
Por estos días, Talpa es un hervidero. Buena parte de la pequeña ciudad se vuelve peatonal ante la cantidad de peregrinos que todos los días llegan (sirva esto como advertencia de quienes lleven vehículo, porque la manera más sencilla de llegar a algún lado de la urbe es a pie).
También es un hervidero porque no duerme. Tras el largo viaje, los peregrinos que van arribando lo hacen felices. El agotamiento y las penurias se olvidan, si es que alguna vez existieron. La sonrisa brilla más, mucho más que el polvo y el sudor acumulados.
El atrio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, donde se resguarda la imagen de la Virgen de Talpa, luce lleno desde la tarde y bien entrada la noche. Y por la mañana. Y al mediodía. Lleno de músicos, de jóvenes, de ancianos, de hombres solitarios y de grupos de personas. La palabra silencio se extingue durante Semana Santa.
Hay quienes llegan ante la Virgen cantando o tocando un instrumento. Que se postran a sus pies con el talento musical. Pero también están los que entran bailando, movidos por el furor del momento. Están los que llegan caminando, en silencio y conmovidos. Y finalmente los que lo hacen de rodillas. Agradecidos y arrojados ante la manda cumplida. El fervor y las emociones convierten el interior de la basílica en un espacio donde el espíritu y la carne se tocan. Una experiencia para la que se podrían usar mil palabras, y aún así, yo recomendaría mil veces experimentarla. Y es que en un momento u otro de nuestra vida, todos seremos peregrinos tras estar agradecidos por un milagro.
Lo básico
Las estaciones
Ameca.
Lagunillas: Aquí se encuentra el monumento a la gratitud.
Mirador del Cerro del Obispo.
Ermita en la falda del Cerro del Obispo.
La Estanzuela: Albergues.
Cerro de las comadres.
Majadas.
Atenguillo.
Mirador de Los Guayabos.
Mirador del Espinazo del Diablo.
Las cruces.
Jacal.
Gallineros.
Cruz de Romero.
Talpa.
Descansa
El hospedaje
Hotel Playa del Río
López Cotilla #24, Talpa de Allende, Jalisco.
Teléfonos: (388) 385 0380 y (388) 385 0096.
Hotel Plaza
Independencia #20
Teléfono: 01 (388) 385-0086.