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La acción divina en el mundo
Dios está decididamente involucrado en el desarrollo y la evolución del universo y, sobre todo, en la historia de la humanidad
El concepto cristiano de Dios incluye la creencia de que actúa providencialmente en el universo (v.g. Rom 8, 28). Dentro del credo de las grandes religiones monoteístas, Dios está decididamente involucrado en el desarrollo y la evolución del universo y, sobre todo, en la historia de la humanidad. Sin embargo, explicar la manera en que esto acontece parecería restringir la autonomía de la naturaleza y socavar los fundamentos de las ciencias naturales, y sin embargo, es evidente que la naturaleza no necesita de nada externo a ella para que ocurran los eventos naturales. Para muchos, la ciencia contemporánea es evidencia clara y suficiente de que el mundo actual se comporta de una manera absolutamente determinista. Cada acontecimiento en el universo es efecto de un acontecimiento precedente y, a su vez, causa de un acontecimiento posterior. Nada es dejado al azar o a la casualidad. Desde esta postura, que tiene su origen en el científico del siglo XVIII Pedro Simón Laplace, es prácticamente cierto que Dios no podría actuar providentemente de ninguna manera en tal naturaleza dado que las acciones providentes de Dios (o acciones especiales, como son llamadas en el debate contemporáneo) son aquellas que acontecen en un lugar y tiempo particulares del universo creado. Así entendida, ninguna acción divina puede admitirse dentro de la concepción determinista del universo. De acuerdo con esto, Robert Russell, investigador del Centro para Teología y las Ciencias Naturales de la Universidad de California en Berkeley, afirma que desde el siglo XVII en el que se vio el surgimiento de la ciencia moderna, la teología cristiana ha estado buscando la forma de describir a un Dios providente a la par de la descripción científica del mundo.
Ante esta situación una solución plausible fue propuesta por David Hume (1711-1776), reconocidísimo filósofo ateo, en términos de que para obrar directa y providencialmente en el universo, Dios simplemente rompería las leyes de la naturaleza descritas por las ciencias naturales. Sin embargo, este concepto, de gran influencia hasta nuestros días, acarrea graves consecuencias, dado que los fundamentos de la ciencia natural, en tanto que describe las relaciones causales entre eventos naturales, no tendrían ningún valor real, ya que las regularidades que las ciencias descubrían podrían ser cambiadas en cualquier momento por la acción directa del Creador. Además, un dios que necesita corregir el curso del universo de su creación podría ser visto como un dios caprichoso que se equivoca, en franca oposición a como se conceptúa tradicionalmente a Dios.
De acuerdo con esto, en los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI, algunos teólogos, trabajando hombro con hombro con científicos, comenzaron diversos proyectos de investigación en los que se buscaban teorías científicas que pudiesen aceptar una interpretación no-determinista con la idea de que la naturaleza descrita por tales teorías implicaría eventos o procesos en los que habría una falta de causas naturales suficientes. De esta manera, en tales procesos sería Dios quien ofrecería lo que le falta a la naturaleza para causar tales eventos azarosos.
La llegada de la mecánica cuántica al inicio del siglo XX trajo consigo la visión no determinista del mundo, para el que la probabilidad es la esencia de las leyes de la naturaleza. El universo, según la descripción cuántica, no es un sistema causal totalmente cerrado: las leyes naturales, descubiertas y descritas por la ciencia, sugieren que no podemos predecir de manera absoluta la ocurrencia de un fenómeno, sino solamente la probabilidad de que éste ocurra. Por supuesto que al nivel en que nos movemos y vivimos, nos parece evidente que todos los fenómenos naturales tienen una causa y, en efecto, los fenómenos cotidianos no son gobernados por las leyes cuánticas. Afirmar lo contrario ha conducido a charlatanerías como la llamada Psicología Cuántica y a abusos de lenguaje que nada tienen que ver con lo que es la física cuántica.
Así, el dilema entre aceptar un Dios providente o aceptar la visión determinista del mundo se disuelve en la concepción interdeterminista: Dios podría actuar en los procesos naturales sin romper o suspender las leyes naturales. La ciencia contemporánea proporciona el escenario en el que Dios obra directa y objetivamente en el universo creado y que al hacerlo no rompe ni viola ninguna ley natural, ya que su intervención providente se ajusta a tales leyes. Continuaremos con el tema. Que el Señor nos bendiga y nos aguarde.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx
Ante esta situación una solución plausible fue propuesta por David Hume (1711-1776), reconocidísimo filósofo ateo, en términos de que para obrar directa y providencialmente en el universo, Dios simplemente rompería las leyes de la naturaleza descritas por las ciencias naturales. Sin embargo, este concepto, de gran influencia hasta nuestros días, acarrea graves consecuencias, dado que los fundamentos de la ciencia natural, en tanto que describe las relaciones causales entre eventos naturales, no tendrían ningún valor real, ya que las regularidades que las ciencias descubrían podrían ser cambiadas en cualquier momento por la acción directa del Creador. Además, un dios que necesita corregir el curso del universo de su creación podría ser visto como un dios caprichoso que se equivoca, en franca oposición a como se conceptúa tradicionalmente a Dios.
De acuerdo con esto, en los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI, algunos teólogos, trabajando hombro con hombro con científicos, comenzaron diversos proyectos de investigación en los que se buscaban teorías científicas que pudiesen aceptar una interpretación no-determinista con la idea de que la naturaleza descrita por tales teorías implicaría eventos o procesos en los que habría una falta de causas naturales suficientes. De esta manera, en tales procesos sería Dios quien ofrecería lo que le falta a la naturaleza para causar tales eventos azarosos.
La llegada de la mecánica cuántica al inicio del siglo XX trajo consigo la visión no determinista del mundo, para el que la probabilidad es la esencia de las leyes de la naturaleza. El universo, según la descripción cuántica, no es un sistema causal totalmente cerrado: las leyes naturales, descubiertas y descritas por la ciencia, sugieren que no podemos predecir de manera absoluta la ocurrencia de un fenómeno, sino solamente la probabilidad de que éste ocurra. Por supuesto que al nivel en que nos movemos y vivimos, nos parece evidente que todos los fenómenos naturales tienen una causa y, en efecto, los fenómenos cotidianos no son gobernados por las leyes cuánticas. Afirmar lo contrario ha conducido a charlatanerías como la llamada Psicología Cuántica y a abusos de lenguaje que nada tienen que ver con lo que es la física cuántica.
Así, el dilema entre aceptar un Dios providente o aceptar la visión determinista del mundo se disuelve en la concepción interdeterminista: Dios podría actuar en los procesos naturales sin romper o suspender las leyes naturales. La ciencia contemporánea proporciona el escenario en el que Dios obra directa y objetivamente en el universo creado y que al hacerlo no rompe ni viola ninguna ley natural, ya que su intervención providente se ajusta a tales leyes. Continuaremos con el tema. Que el Señor nos bendiga y nos aguarde.
Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx