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La Tercera Persona

La primera confirmación de la promesa hecha en el discurso de despedida se confirma el día de Pentecostés

     La promesa del Espíritu Santo hecha a los apóstoles por N.S. Jesucristo  revela otro aspecto fundamental de la doctrina: el Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad. Esto se entiende de varios textos sagrados de entre los que destacan dos versículos del Evangelio según San Juan. En el primero de ellos, Jesús dice que enviará, de parte del Padre, “el Espíritu de la verdad que procede del Padre” (Jn 15, 26) y en el segundo asegura que “cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa” (Jn 16. 13). Es entonces que nos damos cuenta de que permanecer, vivir y actuar en la verdad es el problema esencial de los Apóstoles y de todos los discípulos de Cristo a través de todos los siglos. En particular parte de lo que significa que el Espíritu de la verdad ha de guiar a los Apóstoles y a todos nosotros hacia la verdad completa, es que la misión de Jesucristo fue demasiado corta como para descubrir por completo a sus discípulos el contenido de la Palabra de Dios. Pero había otro problema aparte del corto tiempo de Jesús en el mundo, la escasa preparación y el consecuente bajo poder de captación de sus discípulos. Se puede leer que, en más de una ocasión, los Apóstoles no entendían las acciones milagrosas de Jesús (Mc 6, 52), por lo que Jesús les preguntaba “¿todavía no entendéis? (Mc 8, 21), o entendían erróneamente las palabras y acciones de Jesús (Cfr. Mt 16, 5-12). Es por este tipo de cosas que se explica que el Espíritu Santo nos habrá de guiar a la verdad completa.

     La primera confirmación de la promesa hecha en el discurso de despedida se confirma el día de Pentecostés y en los días sucesivos de acuerdo con la narración que se lee en los Hechos de los Apóstoles (2, 1-4). Y aquí es importante entender que esta promesa no fue hecha solamente a los once, sino que por medio de ellos se extiende a todas las futuras generaciones de apóstoles, discípulos y seguidores de Cristo. El Evangelio está destinado a todas las naciones y a todas las personas de todos los tiempos, y para las generaciones futuras que se desarrollarán en el contexto de la diversidad cultural en medio del progreso de la raza humana.

     La forma de hablar de N.S. Jesucristo en su promesa resalta otro aspecto importante: “pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho” (Jn, 14-26). Recordar es función de la memoria, por lo que se vuelve a lo que se ha dicho y se ha realizado, con lo que en la conciencia se renuevan las cosas pasadas dándoles nueva vida. En el caso del Espíritu Santo el recordatorio no sólo recuerda la verdad, sino que la hace presente y actual en la comunidad eclesial de Cristo. Lo que el Espíritu de la Verdad hará recordar y comprender es lo que Cristo, el Verbo, ya ha dicho, pues como dice san Pablo “a nosotros nos lo manifestó Dios por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo penetra todo, hasta las cosas más profundas de Dios” (1 Cor 2, 10). Sólo el Espíritu Santo puede abrir las mentes y los corazones humanos para hacerlos capaces de aceptar el inescrutable misterio de Dios y de su Hijo. Y sólo la fe puede acercarnos al Padre para hacernos merecedores del don del Espíritu por el que comprendemos el mensaje divino, nos convertiremos en fieles seguidores e incansables defensores de la Palabra, proclamando sin temor a los cuatro vientos que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre (Flp 2, 11).

   Así, también sabremos quiénes son hijos de la luz y de la verdad, aquellos quienes piden misericordia para los falsos profetas de nuestro tiempo, pues éstos hablan de las cosas del mundo “pero nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; y el que no es de Dios no nos escucha. En esto distinguimos el  Espíritu de la verdad y el espíritu de error” (Jn 4, 6). Pidamos pues a Dios que nos llene de Su Espíritu para llegar a la verdad completa, vivirla en plenitud y alcanzar la gloria de la vida eterna. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx

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