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La Resurrección de Jesucristo es preludio del cielo
Muchas veces me pregunto por qué la gente de mi tiempo se niega a creer en el cielo
Muchas veces me pregunto por qué la gente de mi tiempo se niega a creer en el cielo, y luego no tiene el menor inconveniente en creer las más extraordinarias tonterías.
No tiene prejuicios en comprar billetes de lotería, cree que va a ganar el premio mayor, aun sabiendo que esto para uno sólo, y se resiste a creer en las promesas de Cristo Jesús que son tan ciertas como que hemos de morir.
El cielo es una nueva manera de vivir y enraiza muy fundadamente en la esperanza. Y es precisamente la esperanza la que da una nueva dimensión a la existencia humana. Sin ella, nuestra vida sería semejante al día que ha perdido la luz.
Por esto en esta Pascua de Resurrección es bueno acercarnos al Señor para pedirle que nos comunique la gracia de la Vida, ya que El mismo afirmó que vino al mundo para que pudiéramos vivir verdaderamente.
Y la Vida que El nos comunica será para nosotros verdaderamente "Pascua", si nos decidimos a dar el PASO, al cual continua y constantemente nos llama Dios.
Entonces, en el culmen de la experiencia de esta pascua, podremos reconocer que esa felicidad no procede de nosotros mismos ni de ningunos de nuestros presupuestos humanos; es tan superior porque únicamente procede de Dios.
Porque la alegría que proviene de nosotros mismos es pequeña, limitada, quebradiza. En cambio la que recibimos de Dios es tan pura y tan inmensa que se reconoce como "gracia", esto es, como regalo gratuito que Dios otorga a todo aquel que está dispuesto a recibir sus dones.
Entonces constataremos que la realidad de la Pascua y la experiencia de la Vida eterna, no se da después de la muerte, sino que es algo que podemos experimentar y empezar a vivir desde ahora, mientras caminamos en esos altibajos de lo temporal, mundano y perecedero.
En una persona que ha encontrado la conexión entre su vida mortal y la Vida nueva que el Señor promete, no tiene cabida la tristeza ni el desaliento, y mucho menos la frustración, porque sabe interpretar los acontecimientos con mayor objetividad, a la luz de la fe y apoyada firmemente en la esperanza; aún los momentos más dolorosos los vive integrados al supremo dolor de Cristo donde todo se transforma y adquiere nueva Vida.
Para una persona que ha injertado su vida en Cristo, el mundo no es un pozo, ni un callejón sin salida, sabe que no depende de un destino fatal; y que hasta la misma muerte tiene visos de victoria, de triunfo y de gloria.
Esto es precisamente lo que Cristo nos ha merecido con su paso por esta vida hacia la Vida definitiva.
Bajo esta luz y desde esta perspectiva todas las otras cosas se nos presentan en forma totalmente nueva y diferente.
Ahora podemos levantar la frente y salir por el mundo entonando a voz en cuello una canción nueva que no termine nunca.
Ahora podemos dejar de lado nuestras frustraciones y economizarnos los remedios o evasiones con las que nos queremos inútilmente defender.
Ahora podemos hacer frente a la vida por muy difícil o dura que nos parezca, porque sabemos que Cristo nos precede, nos guía, y nos acompaña hasta la meta final.
Esta es nuestra Pascua, esta es nuestra fe, esta es la esperanza que nos anima y nos colma de alegría, de plenitud y de felicidad... Por eso hoy queremos repetir una y mil veces: ¡¡¡ALELUYA!!!
Señor Jesús,
en este día en que recordamos tu Resurrección.
Se siente tu presencia
palpitar en el aire, en la flor,
en la luz, en la sonrisa,
en la vida y el amor.
En este día sabemos ya, Señor,
que no estás lejos, que tan sólo te escondes:
Estás a nuestro lado,
te podemos hablar y nos respondes.
Este día es más hermoso, por la certeza de la fe;
que tu presencia nos da a través de las cosas,
a través de la historiay a través de la vida.
En el cielo brilla hoy el azul más luminoso.
Por Ti, el ayer se ha transformado
en un hoy más lúcido y feliz.
Contigo, desde ahora, la vida ha empezado otra vez a vivir.
María Belén Sánchez fsp
No tiene prejuicios en comprar billetes de lotería, cree que va a ganar el premio mayor, aun sabiendo que esto para uno sólo, y se resiste a creer en las promesas de Cristo Jesús que son tan ciertas como que hemos de morir.
El cielo es una nueva manera de vivir y enraiza muy fundadamente en la esperanza. Y es precisamente la esperanza la que da una nueva dimensión a la existencia humana. Sin ella, nuestra vida sería semejante al día que ha perdido la luz.
Por esto en esta Pascua de Resurrección es bueno acercarnos al Señor para pedirle que nos comunique la gracia de la Vida, ya que El mismo afirmó que vino al mundo para que pudiéramos vivir verdaderamente.
Y la Vida que El nos comunica será para nosotros verdaderamente "Pascua", si nos decidimos a dar el PASO, al cual continua y constantemente nos llama Dios.
Entonces, en el culmen de la experiencia de esta pascua, podremos reconocer que esa felicidad no procede de nosotros mismos ni de ningunos de nuestros presupuestos humanos; es tan superior porque únicamente procede de Dios.
Porque la alegría que proviene de nosotros mismos es pequeña, limitada, quebradiza. En cambio la que recibimos de Dios es tan pura y tan inmensa que se reconoce como "gracia", esto es, como regalo gratuito que Dios otorga a todo aquel que está dispuesto a recibir sus dones.
Entonces constataremos que la realidad de la Pascua y la experiencia de la Vida eterna, no se da después de la muerte, sino que es algo que podemos experimentar y empezar a vivir desde ahora, mientras caminamos en esos altibajos de lo temporal, mundano y perecedero.
En una persona que ha encontrado la conexión entre su vida mortal y la Vida nueva que el Señor promete, no tiene cabida la tristeza ni el desaliento, y mucho menos la frustración, porque sabe interpretar los acontecimientos con mayor objetividad, a la luz de la fe y apoyada firmemente en la esperanza; aún los momentos más dolorosos los vive integrados al supremo dolor de Cristo donde todo se transforma y adquiere nueva Vida.
Para una persona que ha injertado su vida en Cristo, el mundo no es un pozo, ni un callejón sin salida, sabe que no depende de un destino fatal; y que hasta la misma muerte tiene visos de victoria, de triunfo y de gloria.
Esto es precisamente lo que Cristo nos ha merecido con su paso por esta vida hacia la Vida definitiva.
Bajo esta luz y desde esta perspectiva todas las otras cosas se nos presentan en forma totalmente nueva y diferente.
Ahora podemos levantar la frente y salir por el mundo entonando a voz en cuello una canción nueva que no termine nunca.
Ahora podemos dejar de lado nuestras frustraciones y economizarnos los remedios o evasiones con las que nos queremos inútilmente defender.
Ahora podemos hacer frente a la vida por muy difícil o dura que nos parezca, porque sabemos que Cristo nos precede, nos guía, y nos acompaña hasta la meta final.
Esta es nuestra Pascua, esta es nuestra fe, esta es la esperanza que nos anima y nos colma de alegría, de plenitud y de felicidad... Por eso hoy queremos repetir una y mil veces: ¡¡¡ALELUYA!!!
Señor Jesús,
en este día en que recordamos tu Resurrección.
Se siente tu presencia
palpitar en el aire, en la flor,
en la luz, en la sonrisa,
en la vida y el amor.
En este día sabemos ya, Señor,
que no estás lejos, que tan sólo te escondes:
Estás a nuestro lado,
te podemos hablar y nos respondes.
Este día es más hermoso, por la certeza de la fe;
que tu presencia nos da a través de las cosas,
a través de la historiay a través de la vida.
En el cielo brilla hoy el azul más luminoso.
Por Ti, el ayer se ha transformado
en un hoy más lúcido y feliz.
Contigo, desde ahora, la vida ha empezado otra vez a vivir.
María Belén Sánchez fsp