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La Palabra del Domingo: “Tus pecados te son perdonados”

Amiga, amigo: Jesús está vivo en la Eucaristía. Pidámosle que nos dé salud y otros bienes materiales, pero sobre todo que nos perdone y nos conceda su gracia para trabajar por el Reino de Dios y su justicia

Domingo 22 de Febrero 2009
7o. Domingo  Ordinario Ciclo B


       El Evangelio de hoy nos habla de un enfermo paralítico tirado en una camilla, incapaz de valerse por sí mismo. Pero tiene amigos que lo estiman, y lo colocan en una camilla para llevarlo al lugar donde Jesús se encuentra. Sin embargo, no pueden llegar hasta el Señor porque una gran multitud rodea la piscina de Siloe donde Jesús está enseñando su doctrina y atendiendo a los enfermos. Pero los amigos, llenos de fe en la misericordia de Jesús, suben al paralítico hasta el techo, quitan una parte de éste y bajan al enfermo en su camilla hasta dejarlo delante del Señor.
      Jesús ve al enfermo, y su mirada penetra hasta el alma de aquel hombre que no sólo tenía una parálisis física, sino también la más trágica de las enfermedades: el pecado.
      Esto fue lo que vio Jesús y no supieron ver los escribas que estaban allí sentados. Jesús retardó por momentos el milagro físico que se le pedía y dijo al paralítico: “Hijo mío, tus pecados te son perdonados”. Cristo quiso darle, antes que todo, la paz de la conciencia, el sentido de la vida, la alegría de vivir, y le perdonó los pecados.
     Los escribas se escandalizaron: “¿Por qué habla éste así? Esto es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?”. Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘tus pecados te son perdonados’, o decirle: ‘levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene poder para perdonar los pecados, le dijo al paralítico: ‘Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’”.
     Jesús vino a borrar los pecados del mundo con su propia muerte en la cruz. El paralítico es símbolo de la humanidad doliente, pecadora y enferma, que espera de Cristo la curación. El pecador puede ser rehabilitado, reanimado por la gracia de Dios. La curación física es un milagro, pero la curación moral es un milagro mayor que sólo puede realizar Dios.
     Cristo, Dios y hombre verdadero, es el que perdona y ha transmitido ese poder a su Iglesia. Si ésta perdona, es en nombre de Cristo, en el sacramento de la Reconciliación que Cristo instituyó en favor de todos los miembros de su Iglesia que por el pecado grave hayan perdido la gracia.
     El paralítico sanó de alma y cuerpo. Y sus amigos que lo ayudaron llenos de fe, son un ejemplo para nosotros. Debemos prestar nuestra ayuda no sólo para el bien espiritual de las almas, sino también para remediar las necesidades materiales y culturales de nuestro prójimo.
     Amiga, amigo: Jesús está vivo en la Eucaristía. Pidámosle que nos dé salud y otros bienes materiales, pero sobre todo que nos perdone y nos conceda su gracia para trabajar por el Reino de Dios y su justicia.

    

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