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Kirguistán y los últimos nómadas del aire

Hombres valientes y con un corazón de hierro le dan rostro a un país de bellezas naturales

GUADALAJARA, JALISCO (03/ABR/2016).- Vivir en Kirguistán parecería una misión imposible. Porque sus montañas son intransitables. Porque no hay valle que no se rompa con una profunda cañada o se deforme con un gigantesco montículo. Porque el clima no permite la vida. Porque el viento es demasiado cruel todo el año. Pero al final sus habitantes han demostrado que “imposible” es una cuestión de perspectiva.

Los habitantes de esta nación, en pleno corazón de Asia, son conocidos por su recio carácter y dureza ante un clima que haría emigrar a casi cualquier persona. El 94% del territorio del país se encuentra por encima de los mil metros. Uno de los guías de la región incluso bromea con esa idea: “Aquí los pastores no se desplazan horizontalmente por las estepas, sino verticalmente”.

En Kirguistán verás montañas tras  montañas en el horizonte. Pero no es un escenario despoblado. Está repleto de caballos salvajes y unos bovinos peludos llamados yaks (que aquí cumplen la función de las vacas). A ellos se les unen los nómadas. Hombres y mujeres de mirada penetrante y temple de acero. De etnias tan diversas que van de los kirguises a los uigures, uzbekos, kazakos, tayikos y un etcétera que no termina.

Y es que Kirguistán está lleno de sorpresas. ¿Quieres conocerlas?

Festival del viento

En un país donde cada aldea parece ser de una etnia diferente, hay un encuentro que las hermana a todas: El Festival de Caza en Salburun, que se celebra en una pequeña villa llamada Alysh.

El festival consiste en medir la habilidad de los participantes en diferentes disciplinas, todas, íntimamente ligadas con la vida nómada que ha caracterizado a la gente de esta nación por siglos: Caza y carrera de taigan (raza de perro asiática), habilidades de arquería montadas y caza con águilas doradas, sin lugar a dudas, la más espectacular de todas.

La cetrería (caza usando aves rapaces) se practica en diferentes países, pero nada se parece a lo que hacen los kirguises con las majestuosas águilas doradas, que son capaces de cazar a mamíferos medianos, gracias al enorme poder de sus garras y su fina vista. La relación entre el cazador y el ave dura toda la vida, con una lealtad que suele estar siempre a prueba.

Los cazadores se preparan todo el año para mostrar su habilidad controlando a esta enorme ave, y el ganador se lleva un prestigio que le da una cierta aura de “héroe” a nivel nacional. Y es que la competencia recoge todas aquellas habilidades que necesita un nómada para sobrevivir en las duras condiciones que ofrece el país.

El poder de los elementos

Kirguistán es un país repleto de escenarios que parecen sacados de una película. Aunque es montañoso y extremo, también guarda para los visitantes postales de ensueño.

Uno de sus mayores atractivos naturales es el lago Issyk Kul, el segundo mayor lago de montaña del mundo -tan sólo después del Titicaca-, y es uno de los principales centros turísticos del país. El Issyk Kul tiene 180 kilómetros de longitud y 60 de anchura. ¿Quieres saber una curiosidad? Aunque en invierno sus aguas pueden llegar a tener una temperatura de -40ºC, jamás se congela, por efecto de la altura. Al Sur de Bishkek, la capital, se encuentra el Parque Nacional Ala Archa, que cuenta con 20 glaciares, rodeados por montañas y escarpados picos.

Otro parque nacional que vale la pena conocer es el de Arslanbob, con más de 130 especies de árboles únicos, desfiladeros espectaculares y cascadas maravillosas. Se dice que por aquí pasó Alejandro Magno en la antigüedad, y se llevó las nueces que se convertirían en los primeros nogales de Europa. Claro, esto es parte de las muchas leyendas que tiene el país.

La riqueza de la Seda

La Ruta de la Seda, aquel camino que llevaba riquezas del Lejano Oriente a la Europa Occidental, tenía en Kirguistán su punto central. Símbolo de aquella época son los bazares y mercados que todavía sobreviven, donde las mercancías de diferentes latitudes se ofrecen a los visitantes.

La ciudad de Osh es una de las mejores conservadas en ese sentido. Su mercado de fundó en pleno auge de la Ruta de la Seda, y a eso se suma la magnífica mezquita que se encuentra en la cima de la Montaña Sulaiman. Fue construida en el Siglo XV y hoy en día además de ser un centro religioso, es Patrimonio de la Humanidad.

La nueva Cara de Estambul


La maquinaria de obras se acerca al Gran Bazar de Estambul, uno de los lugares del planeta con más visitas turísticas. Probablemente la restauración más profunda y más cuidadosa que este monumento ha visto en sus cinco siglos de vida.

La necesidad de hacer obras es obvia, explica Mustafa Demir, alcalde del distrito de Fatih en el que se encuentra esta antigua “zona franca”, fundada en 1461 para fomentar el comercio y que hoy recibe unos 90 millones de visitantes por año.

Un paseo por las callejuelas cubiertas de este inmenso mercado no muestra nada extraordinario que haga pensar que tenga que ser renovado, pero “el problema se ve desde los tejados”, subraya Demir.

Y efectivamente, una visita a los tejados del Bazar -normalmente inaccesibles a los visitantes- desvela un paisaje lleno de cables eléctricos, antenas parabólicas y aparatos de aire acondicionado, con intrincados senderos de hormigón, pasarelas y escaleras construidos encima de las bóvedas.

Es justo allí por donde Daniel Craig conducía su moto en ‘Skyfall’, la aventura de James Bond. “Las tejas ya no están en su sitio. Así, la lluvia causa daños en arcos, columnas y paredes y corroe las estructuras de hierro”, advierte el alcalde.

Antiguamente, un sofisticado sistema de desagüe subterráneo canalizaba las lluvias pero muchos conductos están ahora obstruidos, lamenta Demir. “Hemos identificado unos 900 locales que han intervenido en el edificio para ampliar sus negocios. El Bazar originalmente no tiene sótanos, pero algunos propietarios han excavado bodegas, estropeando los canales subterráneos”.

Frente a la urgencia

El Gran Bazar es “como una pequeña ciudad”, en palabras del alcalde de la antigua Constantinopla: en 110 mil 868 metros cuadrados, divididos en 166 terrenos y 2 mil 776 parcelas con un total de 3,155 negocios, acoge cada día a unos 25 mil trabajadores.

Conocido por vender artesanía turca, desde lámparas a alfombras o cerámica, el Bazar también ofrece ‘souvenirs’ de todo tipo, ropa moderna e imitaciones de marcas internacionales. Los clientes no son sólo turistas de todo el mundo sino también muchos locales se pasan por el Gran Bazar.

Es que quienes acuden a una boda suelen llevar una pieza de oro como regalo, comprada en unas de las históricas joyerías del Bazar, muchas de ellas hasta hoy en manos de antiguas familias griegas, armenias, caldeas o judías de Estambul.

Dos toneladas del noble metal cambian aquí cada día, desde la materia prima a la creación de joyas y la venta final, en un circuito alejado de registros oficiales y transacciones bancarias. Este mismo negocio, columna vertebral del Bazar, ha afectado las infraestructuras, porque los químicos utilizados para procesar el oro han corroído también la canalización, remata Mustafa Demir.

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